Lo que empezó como un anuncio de producto terminó convertido en una señal de alarma para mercados y trabajadores: Anthropic lanzó una batería de “plug-ins” para su agente Claude Cowork (orientado a tareas de oficina y flujos corporativos) y, en cuestión de horas, el miedo a una automatización más directa —y más barata— se trasladó a la cotización de empresas que viven de vender software “vertical” o de facturar horas humanas. En India, donde el modelo de negocio del sector TI depende especialmente de grandes plantillas, el golpe fue inmediato.
El episodio quedó fotografiado en un dato: el índice NIFTY IT cayó en torno a un 6% en una sola sesión (Reuters lo cifró en un 6,3%), con descensos pronunciados en gigantes como Infosys, Tata Consultancy Services y Wipro. El trasfondo no era un “bug” ni una crisis puntual de demanda: era la sensación de que ciertos trabajos repetibles (documentación, revisión, soporte, análisis, redacción de informes) pueden comprimirse en menos personas cuando un agente hace de pegamento entre herramientas y archivos.
La narrativa que asusta al mercado
La clave, según varias lecturas del mercado, no es tanto que el modelo “sepa más”, sino que Anthropic estaría bajando el listón de entrada: los plug-ins se presentan como piezas reutilizables —en algunos casos, descritas como configuraciones y prompts empaquetados en un flujo— para tareas de sectores como legal, marketing o datos. Eso convierte el “valor” en algo incómodamente simple: si el flujo funciona con un asistente generalista, ¿para qué pagar varias licencias especializadas… o subcontratar equipos enteros para ejecutar rutinas?
De ahí el pánico colateral. Medios como The Times of India popularizaron la etiqueta de “SaaSpocalypse”, la idea de que un agente general (más un puñado de extensiones) puede comerse una parte del negocio SaaS al “controlar el flujo de trabajo” en vez de limitarse a ser una API detrás de otro producto. Y cuando el mercado compra esa narrativa, el golpe no se queda en India: afecta a cualquiera que esté posicionado como intermediario entre empresas y tareas repetibles.
El miedo laboral y la capa júnior
En el plano laboral, el miedo tiene un orden muy concreto: empieza por los puestos júnior y por la capa “operativa” que alimenta procesos (tests, QA, mantenimiento, documentación, preparación de materiales) porque son tareas con reglas, plantillas y métricas claras; justo el tipo de terreno donde un agente puede rendir bien si tiene acceso a correo, chats, carpetas y repositorios. Reuters recogió también esa lectura: menos dependencia de equipos grandes implicaría menos horas facturables y presión sobre márgenes en compañías intensivas en mano de obra.
Y, aun así, la historia no va solo de sustitución, sino de rediseño del trabajo: cuando un agente hace más barato “probar”, más gente se atreve a invadir tareas ajenas y el trabajo se reordena (y a veces se densifica) en vez de desaparecer. El mercado, sin embargo, suele reaccionar antes de que se vea la letra pequeña: no espera a comprobar qué parte del proceso se automatiza de verdad; descuenta el riesgo.















