La tercera temporada de Fallout vuelve a jugar con una idea que, a estas alturas, ya es casi una marca de la adaptación: cuando por fin parece que el trío protagonista podría funcionar como “equipo”, la serie decide separar caminos. La confirmación ha llegado en una entrevista en Collider, donde la showrunner Geneva Robertson-Dworet deja claro que la temporada 3 no arranca con los tres avanzando juntos hacia el siguiente gran destino.
En concreto, el personaje del Ghoul sí seguirá la pista que el final de la temporada 2 puso sobre la mesa (spoilers del final de la temporada 2 de Fallout): Colorado como dirección probable, pero todavía con niebla sobre el “dónde exacto” y el “qué se va a encontrar”. Robertson-Dworet lo formula con cautela: hay una ruta sugerida, pero no un plano cerrado; el personaje tiene que “averiguar” hacia qué punto se mueve, y la serie no quiere convertirlo aún en una respuesta definitiva.
Un destino para uno, rutas para dos
La otra parte de la bomba es la que más va a doler a quienes querían ver por fin a los tres compartiendo kilómetros de desierto: Lucy MacLean y Maximus no van a Colorado. La showrunner lo confirma sin rodeos y lo plantea casi como un anzuelo narrativo: si no van allí, la pregunta importante es adónde van —y por qué. Medios como TheGamer han subrayado justo eso: el reparto de dinámicas vuelve a resetearse, y la serie apuesta otra vez por líneas paralelas más que por el “grupo unido”.
A nivel de guion, tiene lógica: el cierre de la temporada 2 dejó demasiados frentes abiertos como para que todo pase por un solo viaje. Entre el conflicto por el control del Mojave, los movimientos de facciones y la sombra persistente de Vault-Tec, juntar a todos en una única carretera puede resultar cómodo para el espectador, pero poco práctico para avanzar varias tramas a la vez sin convertir cada episodio en un embudo. En esa lectura, la separación no es un capricho: es una forma de repartir peso dramático y de mantener tensión en dos tableros distintos.
Dos tableros y una guerra mayor
Además, el propio universo que ha construido la serie favorece ese tipo de estructura: un personaje persigue una verdad íntima (familia, pasado, identidad), mientras otro queda atrapado en una guerra de facciones que escala. Eso permite que Colorado funcione como un nuevo territorio —promesa de respuestas sobre el origen del desastre y los secretos de la élite—, mientras el otro hilo se queda en el barro político y militar que define a Fallout cuando el poder cambia de manos.















