Análisis de Shadow of the Colossus (PS2)

Una solitaria aventura contra los colosos.
·
Actualizado: 21:31 17/8/2020
GRÁFICOS
9.2
SONIDO
9.8
NOTA
9.6
DIVERSIÓN
9.6
JUGABILIDAD
9.6
Análisis de versión PS2.

Después de muchos años de rumores, la continuación espiritual del juego de culto Ico (que ha sido reeditadp con motivo del lanzamiento del título que nos ocupa) fue anunciada oficialmente a finales de 2004. Sin embargo, es innegable que Ico ha sido un juego que ha logrado calar hondo en aquellos que lo han disfrutado, y los primeros rumores bien fundados y fotos más o menos sustraídas de la compañía se remontan a principios de 2003, como podemos ver en esta vieja noticia. Muchas cosas han cambiado desde entonces, y aunque poca duda cabe ahora que vemos esas fotos ya tan antiguas (para el veloz mundo en el que nos movemos) percibimos cuántas cosas han cambiado, y cómo el juego, Shadow of the Colossus se ha ido alejando de la estela de la continuación de Ico, creando su propia entidad, ha quedado en él impregnada la huella de su creador, Fumito Ueda, y del que fue su primer trabajo, el susodicho Ico, en 2001.

Shadow of the Colossus es una aventura solitaria en un mundo enorme al que se le ha negado la vida. El protagonista, acompañado de su montura, el fiel Agro, llega hasta las áridas tierras que preside la monumental construcción en forma de castillo desde la que se iniciará la aventura, llevando con él el cuerpo inerte de una doncella. En ese lugar de gran poder le es encomendada la misión de destruir a unos ídolos, impíos, los colosos. Y es que en esa tierra solitaria y maldita reside un gran poder capaz incluso de volver a dar la vida. Así pues, con la inabarcable tarea de destruir a los dieciséis colosos, sin saber siquiera si obtendrá la ansiada recompensa por ello, el protagonista se lanza a las vastas tierras en busca de sus enemigos.

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De este modo, la soledad se convierte en un elemento más dentro del juego, dejándonos ante un entorno de proporciones descomunales, con grandes montañas, laderas, y una muy bien diseñada naturaleza en la que no hay apenas lugar para más seres que nosotros. Eso, unido a los amplísimos escenarios, ayuda a crear en el jugador la sensación de estar ante una tarea titánica en una suerte de naturaleza muerta, así como empequeñecerlo más si cabe ante este mundo y sus enemigos. Es, después de todo, el reducto de los colosos, las descomunales criaturas que lo habitan, y parece que poco podría sobrevivir a su paso, pero es, también, una apuesta estética arriesgada, pues el hecho de que no haya los habituales entornos ni unos escenarios repletos de enemigos (pues tan sólo estarán los mencionados dieciséis colosos) puede echar atrás a ciertos jugadores. Y es que, como ya sucedió en Ico, estamos ante un juego que parece destinado a un público algo más concreto que una producción media de la industria del videojuego.

Los largos desplazamientos desde un coloso hasta el siguiente, así como su sistema de juego, hacen de Shadow of the Colossus un título que puede ser tan amado como repudiado, por toda una serie de factores que iremos viendo. Desde un primer momento nos enfrentaremos a un recorrido largo e intrincado, que nos hará las veces de tutorial para aprender a desplazarnos por el escenario sobre nuestro caballo y a pie, así como el resto de recursos que estarán a nuestra disposición. La espada será esencial, pues nos guiará hacia los colosos y es la única arma que puede matar a nuestros enemigos; una buena ayuda será el arco, pues servirá para llamar la atención de los colosos y atraerlos, así, hacia nosotros. Ése será todo nuestro equipamiento.

La espada, mágica, emitirá al sostenerla en alto un haz de luz que nos guiará hacia el coloso y cuando estemos cerca de éste, nos señalará sus puntos débiles, los únicos lugares donde podremos atacarle. El haz de luz, sin embargo, sólo funciona bajo el sol, por lo que si el cielo se nubla no podremos usar este poder, muy necesario para poder llegar hasta nuestros enemigos a través de los intrincados escenarios del juego. Cuando ya estemos lo suficientemente cerca del gigante al que tendremos que destruir, será esencial localizar su punto débil, volviendo a usar esta cualidad especial de nuestra espada. Una vez sepamos dónde está, empezará lo difícil: llegar hasta ese punto.

El descomunal tamaño de los enemigos, y su nula intención de dejarse matar, lo que hace que nos ataquen y se intenten zafar de nosotros, no facilitarán la tarea. Para acercarnos hasta su punto débil no nos quedará más remedio que trepar sobre estas criaturas con toda nuestra habilidad y fuerza, escalando por su cuerpo poco a poco, buscando las zonas seguras en las que descansar para recuperar las fuerzas y resolviendo, también, los puzles que los diseñadores han planteado para seguir avanzando. Una vez hayamos llegado a su punto débil, reconocible de múltiples formas según el coloso, pero siempre detectable por su reacción ante nuestra espada, será el momento de darle muerte clavando nuestra espada en su cuerpo, con toda la fuerza que podamos, las veces que sea necesario.

Cada coloso cuenta con un diseño completamente diferente del anterior, planteando nuevos retos, puzles y planteamientos más complejos que tendremos que ir superando. Su elaborado diseño, no sólo en cuanto a la estética, siempre sorprendente, sino muy especialmente a nivel de desarrollo y concepción de los colosos como enemigos-niveles logrará sorprendernos siempre, debido a la cuidada curva de dificultad del juego y la acertada evolución en el planteamiento de los problemas a los que el jugador deberá enfrentarse. De este modo, los primeros colosos presentan formas bastante comunes y su planteamiento es sencillo y directo, sin excesivos problemas para llegar hasta el punto débil, pero pronto los diseños se hacen más complejos, añadiendo nuevos elementos, combinándolos entre sí, y apostando por formas sorprendentes para los colosos, inspirados en varias ocasiones en animales y criaturas tanto reales como mitológicas. Incluso la forma de iniciar el abordaje al coloso puede ser sustancialmente diferente de uno a otro, por lo que aunque es cierto que el juego es minimalista en su concepción su plasmación es amplia como pocas.

Poca duda cabe que el dar al jugador todas las herramientas de las que dispondrá desde un primer momento, y construir todo el diseño de enemigos-niveles dota al juego de una esencia sencilla, incluso simple quizá a ojos de algunos. Pero es precisamente su regreso a lo básico lo que ha hecho que el diseño de los colosos y todo su planteamiento jugable encaje a la perfección en la concepción del videojuego, en un muy acertado engranaje que, pese a su planteamiento estético y de desarrollo, aporta en cierto modo un sabor añejo que cuaja sorprendentemente bien con la atmósfera que transmite mientras se disfruta. Y es que la única mejora de nuestro personaje será su creciente resistencia para mantenerse agarrado ya sea en riscos o al pelaje de los colosos, pero sus saltos, sus armas, sus recursos, en definitiva, estarán predefinidos desde un primer momento, y con sólo lo que se nos da al empezar será como acabemos el juego.

Shadow of the Colossus es un título que sorprende por su concepción artística. Quizá los gráficos no sean los más impactantes en cuanto a fuerza fruta (número de polígonos, calidad de texturas, etc.) que se haya visto en PlayStation 2, pero su elaboración sí lo es. Los artistas gráficos han llevado a cabo un trabajo encomiable en todo el juego, haciendo de éste un juego que da gusto observar por sus paisajes (áridos, muertos, pero en los que, sin embargo, reside belleza), su iluminación, el diseño de las construcciones y, sobre todo, el de los colosos, con variadas fuentes de inspiración y una acertadísima imaginería. Es éste uno de esos juegos en los que la dirección artística devora los límites técnicos para imponerse sobre ellos. Y sí, es cierto que presenta defectos en su tasa de cuadros por segundo, y desde luego en algunos momentos se echa en falta una mayor capacidad poligonal y de texturización para hacer los diseños más redondos y acertados, pero estas limitaciones técnicas se ven compensadas con otros elementos como la implementación del pelo de los colosos en el juego, así como la soberbia animación de estos gigantes (tosca, brusca, rápida en ocasiones, llena de furia en otras...) y la no menos cuidada animación del protagonista y su caballo.

Podemos hablar en términos similares de la ambientación musical que acompaña al juego, con efectos ambientales de gran calidad tanto en las llanuras desérticas como en los densos bosques o entre los riachuelos. Todos los efectos sonoros suenan rozando la perfección, y sus composiciones musicales se adaptan a la atmósfera del juego con gran habilidad, con ritmos marcados que van dando paso a tonos sombríos en suaves transiciones, sin romper la atmósfera en ningún momento.

Shadow of the Colossus no es una aventura especialmente larga, aunque su intensidad sí es considerable. Por suerte, ofrece varios incentivos para potenciar la rejugabilidad, ya que una vez hayamos acabado el juego y hayamos disfrutado de uno de los finales más cuidados entre los videojuegos (y del que no tenemos ni intención de insinuar lo más mínimo, para que lo podáis disfrutar en todo su esplendor), podremos volver a empezarlo en un nivel de dificultad superior y disfrutar, asimismo, de un acertado modo contrarreloj, en el que habrá que enfrentarse a un coloso en un tiempo determinado, reto que si superamos satisfactoriamente nos reportará algunos objetos y mejoras. Del mismo modo, hay repartidos por el escenario una cincuentena de lagartos con la cola blanca a los que podremos cazar y devorar, mejorando también nuestras habilidades. Además, empezar el juego desde el principio después de haberlo acabado (y conservando las habilidades adquiridas hasta el final de la aventura) será el único modo de acceder a secciones del mapeado inaccesibles de otro modo.

Conclusiones
Decíamos al principio de estas líneas que éste es un juego que, por sus características en diseño y concepción, está destinado a un sector del público, resultando quizá un tanto árido para otros. Al fin y al cabo, no es un juego de aventuras, ni acción, ni plataformas al uso, pero lo cierto es que sus virtudes hacen de Shadow of the Colossus un juego que todo aquél que disfrute con los videojuegos debería probar, un clásico de los pocos que nacen en cada generación de consolas capaz de proporcionarnos una experiencia difícilmente repetible. Sí, la sencillez de su planteamiento –el principal hándicap para atraer a un espectro de público más amplio- es casi extrema, pero su realización es magistral, y en un momento u otro debe ser experimentada y valorada por el jugador. Ésta es, simplemente, una gran aventura solitaria, contra unos colosos.
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Plataformas:
PS2

Ficha técnica de la versión PS2

ANÁLISIS
9.6
  • Fecha de lanzamiento: 15/2/2006
  • Desarrollo: SCEI
  • Producción: Sony
  • Distribución: Sony
  • Precio: 59.95 €
  • Jugadores: 1
  • Formato: 1 DVD
  • Textos: Español
  • Voces: Inventado
COMUNIDAD
9.29

PUNTÚA
Shadow of the Colossus para PlayStation 2

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