Análisis Heave Ho 2: Vuelve el gracioso multijugador de plataformas, ahora con modo online (PC, Switch 2, Switch)
Jugar en multijugador, sobre todo en local, crea amistades, fortalece relaciones y une a la gente. En Heave Ho 2, la unión necesaria en la cooperación, imprescindible para completar sus fases de plataformas y de puzles, es muy literal: controlamos los brazos de un muñeco sin piernas que necesita cogerse de la mano de otros jugadores para alcanzar plataformas u objetos alejados. También puede tirarse pedos con los que impulsarse. El concepto es el mismo que en el exitoso Heave Ho, que vendió casi un millón de copias desde 2019, pero la secuela para PC, Switch 2 y Switch aprovecha esa idea de maneras sorprendentes y ahora incluye modo online.
La gracia de moverse con gracia
Como en los mejores juegos regidos por la fisicidad, ya se llamen Mario, Celeste o Crazy Taxi, el control y el movimiento son el núcleo del título desarrollado por los franceses Le Cartel. Cada uno de los hasta cuatro jugadores controlan un muñeco de apariencia diferente, pero igual condición. Son como un huevo, con dos brazos y sendas manos. Las extremidades se controlan al unísono con la palanca izquierda. Con los dos gatillos superiores hacemos que la mano izquierda o derecha se agarre a lo que tenga más cerca: al suelo que pisamos (mejor dicho, que manoseamos), a la otra mano, a la de otro jugador, a su cara, a una escalera portátil, a una llave, a un animalito que pasaba por ahí…
La manera de moverse se parece bastante, aunque con menos dosis de frustración (dependiendo de con quien se juegue, todo sea dicho), a otro juego reciente editado por Devolver Digital: Baby Steps. No hay una palanca o botón para moverse, sino que avanzamos pasito a pasito (¿manito a manito?). Por ejemplo, para trepar por una pared, nos agarramos a ella con una mano, subimos la otra mano para agarrarnos con ella más arriba, nos soltamos de la otra mano… Os hacéis una idea. Pero, ¿qué ocurre si tenemos que llevar un objeto en una de las manos o si la plataforma, techo, suelo o pared a la que debemos agarrarnos están alejados?
Eso sucede casi siempre. Heave Ho 2 solo puede jugarse en cooperativo porque prácticamente para cualquier movimiento necesitamos la ayuda de al menos un jugador más. Si la manera de avanzar descrita ya puede causar algún colapso mental en la cabeza de algunos jugadores, imaginad la concentración y coordinación necesaria para moverse así al formar una cadena humana. Con frecuencia se generan situaciones cómicas porque alguien ha confundido otra vez la izquierda con la derecha o porque en lugar de agarrarse de la mano de otro estaba enganchado a algún elemento del escenario. Habrá quien pida una mayor precisión en esto de los agarres o una respuesta visual más clara para indicar a qué se agarra cada mano, pero al final esto es un party game: las risas y anécdotas que surgen de esas imprecisiones son más valiosas que el diseño ajustadísimo.
Eso no quiere decir, ni muchísimo menos, que el diseño carezca de reflexión: está pensado y requetepensado. Moverse de manera coordinada con los otros jugadores es, si no el menor de los retos, algo que terminamos interiorizando. Las fases obligan a balancearse al unísono para impulsarnos a plataformas alejadas, a soltar a los compañeros en el momento correcto para que lleguen a un suelo en movimiento y a ser ingeniosos con las extremidades disponibles entre todos los jugadores para recoger objetos, pulsar botones y tirar de palancas.
Montones de ideas
El plataformeo es fundamental en la experiencia, pero es solo una parte de ella. Es un juego con muchísimas ideas, que da vueltas y vueltas a la colaboración y a la manera de moverse para inventarse un montón de situaciones. Está compuesto por ocho aventuras, cada una con una ambientación y una mecánica que se va desarrollando a lo largo de las fases que las componen. Esas aventuras os llevarán a trepar por picos nevados y a utilizar maquinaria de skis, a resolver puzles para conseguir llaves con las que abrir cerraduras; a preparar de la manera más caótica que os podáis imaginar los platos que requiere un chef; a pilotar una nave espacial; a avanzar rápidamente por mástiles y cabos en medio de un naufragio; a descubrir cómo funcionan portales interdimensionales; a sobrevivir a los ataques enemigos en pleno asedio a un castillo; y a cambiar el chip sobre cómo moverse en una colorida discoteca.
Alguna de esas aventuras trata de estirar el chicle (su mecánica) más de la cuenta y lo contrario ocurre en otras: una idea que tiene más potencial del que se aprovecha. Pero la mayor parte del tiempo estás no solo disfrutando del reto cooperativo de plataformas y puzles que propone, sino también expectante por la siguiente idea que se va a sacar de la manga. En poco más de cinco horas se desarrollan una variedad de conceptos frescos y divertidos que se disfrutan en un multijugador online que funciona sin problemas (ajustar el código de red no ha tenido que ser tarea fácil por la precisión que a veces se requiere), pero que realmente se goza cuando compartes sofá con otros jugadores, pues el juego propicia las carcajadas, la celebración y las miradas asesinas.
El diseño es digno de alabanza por el buen funcionamiento de las fases, del ritmo de la mayoría de las aventuras y por la variedad de situaciones. Pero, sobre todo, se merece aplausos cuando uno se da cuenta de la tarea titánica que ha debido ser dar forma a niveles que tienen que ser completados sin importar si juegan dos, tres o cuatro personas. Además, ofreciendo siempre un reto equilibrado independientemente del número de jugadores. No es un juego difícil, apenas requiere usar la palanca y tres botones, los puntos de control son benévolos y si alguien llega a la meta antes que los demás puede usar un dron para recoger a sus compañeros. A pesar de todas esas ayudas, inconscientemente se percibe que cada movimiento y cada agarre es de suma importancia.
Podría quedarse en lo descrito: una aventura cooperativa variada de unas cinco horas que disfrutar una vez y quizá volver a jugar con otras personas que puedan sorprenderse con la variedad que propone. Pero hay mucho más. En la mayoría de las fases existen coleccionables que obligan a superarlas moviéndonos de otras maneras, a observar el nivel desde otra perspectiva o a utilizar los objetos que vamos consiguiendo, como realizar grafitis con el bote de pintura. Los coleccionables son solo una parte de los muchos desafíos que desbloquean personajes como la ovejita de Cult of the Lamb o Henry de Kingdom Come Deliverance. Los desafíos con más enjundia son los contrarreloj, que en algunos casos requieren una comprensión del movimiento y una coordinación entrenadas tras muchas horas de juego.
El arte del pedo
Volvamos al pedo, que lo habíamos olvidado desde el principio de este análisis. Desde el principio podemos tirarnos pedos. Lo usaremos para avanzar un poquito más, para quitarnos de encima a un enemigo o para cabrear a nuestros amigos, pues si está agarrado a nosotros en plena flatulencia saldrán despedidos. Pero el pedo es mucho más de lo que parece al inicio. Es un arte que en las manos (¿cachetes?) adecuadas puede generar impulsos que salven plataformas y que nos eleven por los aires, rascando valiosos segundos del temporizador. El pedo también es una broma zafia y satisfactoria que hace que, al cargarlo para lanzarlo con más fuerza, el mando vibre con una intensidad cómicamente extrema. Lo más importante del pedo es que puede generar momentos graciosísimos y frases entre amigos como: "Necesito soltar este pedo. Bueno, me lo guardo hasta el final". Por cierto, los pedos se pueden personalizar: los hay normales, de confeti, artísticos…
El pedo también es una acción fundamental en el otro modo de juego: el competitivo. También para hasta cuatro jugadores, que pueden dividirse en equipos, se trata de una serie de cinco pruebas que se organizan en tres tipos: carreras, ser el último en pie y pulsar un interruptor antes que los demás. Dentro de cada categoría hay un puñado de variantes, algunas más divertidas que otras, pero todas comparten un diseño que incentiva el caos y las puyas. Imaginad un Super Smash Bros., un Duck Game o un Towerfall Ascension, pero con las particularidades del movimiento de Heave Ho. Os podréis imaginar que es una experiencia disparatada donde la victoria y la pericia son lo de menos.
Conclusiones
Heave Ho 2 es un juego cooperativo graciosísimo que basa su humor en una forma de moverse muy particular, en la colaboración y, simple y llanamente, en el buen diseño. Ofrece una serie de desafíos de plataformas y de puzles con simples controles que cualquiera puede entender, que no para de introducir y desarrollar nuevas ideas, que motiva a rejugar para conseguir coleccionables y mejorar tiempos, y que genera un montón de situaciones cómicas en el multijugador en línea para cuatro jugadores y, sobre todo, en el multi local.
Aunque algunas de esas ideas se alargan más de la cuenta y otras se quedan sin el desarrollo que merecen, ejecuta lo que propone de manera casi impecable. Además, ha tenido que ser todo un desafío de diseño conseguir que todo sea divertido y lo suficientemente desafiante sin importar el número de jugadores. Es uno de esos títulos que parte de una idea potente y le consigue dar un montón de vueltas para ofrecer una experiencia fresca, sorprendente y divertida, incluso si conoces el primer Heave Ho.
Hemos realizado este análisis gracias a un código para Steam facilitado por Cosmocover. El título se ha probado en un PC con una NVIDIA GeForce RTX 3070, un AMD Ryzen 5600X y 32 GB de RAM, además de en Steam Deck.

NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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