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Watchmen 1x06: Bajo la capucha - Resumen y análisis

La historia del racismo de Estados Unidos, con un enfoque noir y a ritmo de jazz; este es el sexto episodio, esta es la historia de Justicia Encapuchada.
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Es el año 1938, y William Reeves acaba de entrar a formar parte del cuerpo de policía de Nueva York. En un viaje a través del tiempo guiado por el ritmo inconfundible del jazz, es el momento de conocer al abuelo de Angela Abar; es el momento de saber quién se esconde bajo la capucha de Justicia Encapuchada. En el episodio sexto, This Extraordinary Being, es el momento de descubrir qué le llevó a convertirse en el primer enmascarado de la ciudad neoyorquina. Sí, Justicia Encapuchada es negro. ¿Por qué no iba a serlo?

De enmascarados, racistas y Estados Unidos: el primer vigilante

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Es el año 1938 y las calles de Nueva York siguen mirando por encima del hombro a la población afroamericana. Se acaba de producir en Estados Unidos un fenómeno bautizado como La Gran Migración¸ que tuvo lugar entre el año 1916 al 1970. La población negra emigra desde los Estados del Sur, huyendo de una agricultura ponzoñosa, en busca de mejores oportunidades de trabajo y condiciones de vida. Pero el rechazo de la población estadounidense o de los europeos emigrados se leía en sus ojos y semblantes. William Reeves (Jovan Adepo) es el único cadete de policía negro. Ni siquiera el jefe de la policía le coloca la medalla correspondiente. No. Es el teniente Battle – negro también – el que tiene el honor de enganchar el distintivo en su uniforme y de pronunciar las palabras que corresponden a un acto tan solemne como es este: "Haznos sentir orgullosos. Mantente a salvo ahí afuera".

Sin embargo, esas no son las únicas palabras que le dedica Battle al policía Reeves: "Ten cuidado con los Cyclops". Tal y como los define Laurie Blake en el documento What Has One Eye and Loves Evil Plans? que podemos encontrar en la Peteypedia, "son un spin-off del Ku Klux Klan". En otras palabras: mismo racismo, diferentes rostros. Los negros no tienen lugar en las calles de Nueva York, y ni siquiera William Reeves, a pesar de hablar y actuar en el nombre de la ley, tienen autoridad. Lo descubrimos cuando sus pasos se cruzan con cierto personaje: Fred.

Es posible que este tal Fred no sea sino una referencia a Fred Trump, padre del actual presidente de los Estados Unidos, y no sería casual: la compañía inmobiliaria de Fred Trump fue acusada de discriminación racial. En el artículo de The Atlantic, se puede leer lo siguiente: "La primera cita de Donald Trump que apareció en The New York Times se produjo el 16 de octubre de 1973. Trump estaba respondiendo a los cargos presentados por el Departamento de Justicia alegando prejuicios raciales contra la compañía de bienes inmobiliarios de su familia. 'Son absolutamente ridículos', dijo Trump sobre los cargos. 'Nunca hemos discriminado, y nunca lo haríamos'".

Los Cyclops, un spin-off del Ku Klux Klan

Cuando Reeves se cruza en el camino de Fred, hemos avanzado un poco en el tiempo: las fuerzas nazis avanzan, el mundo está cambiando y eso no lo hace estar menos lleno de odio. El racismo se ceba también con otras personas: los negros no son los únicos enemigos, también los judíos. En un acto que recuerda al Kristallnacht (o Noche de los Cristales Rotos), Fred arroja un coctel molotov contra un establecimiento regentado por judíos. Fred, ese que intenta eludir sus responsabilidades como ciudadano, afirmando que se iba a casa a ver Amos’n’Andy. Después hablaremos de este programa de radio, porque Damon Lindelof tampoco se ha querido olvidar del blackface.

William, a pesar de todo, consigue detener a Fred y lo planta en comisaría. Sin embargo, cuál es su sorpresa al descubrir que ni siquiera allí sus propios compañeros se posicionan a su favor: ¿A quién creerían antes? ¿A un negro o a un estadounidense? La respuesta está clara para el buen observador. Es entonces cuando descubrimos el gesto: la seña identificativa de los Cyclops, la amenaza velada que pide al resto del mundo que se mantenga fuera de sus asuntos.

A través de una historia noir, con toques surrealistas que esbozan los mismos coloridos toques que un cuadro de Salvador Dalí, Angela Abar sigue avanzando a través de las memorias de su abuelo. Después de haber entregado a Fred, no tarda en descubrir nuestro protagonista que era cierto: mejor mantenerse alejado de los Cyclops. Son sus propios compañeros policía. Ellos mismos que tienen en el coche patrulla dos cadáveres atados en la parte de atrás, que arrastran por el asfalto para que la sangre tiña las calles de Nueva York. Porque esta ciudad es de los blancos, y de nadie más. Y tienen que enseñárselo a William Reeves a golpe de porra y puñetazos en el rostro.

Quizás estemos ante la historia de origen de un vigilante enmascarado más humana, más real, más natural y viva que se ha hecho nunca. Porque, al fin, Watchmen nos confirma la identidad de Justicia Encapuchada. Al fin, después de años desde que su verdadero rostro permaneciera oculto bajo una máscara atada con una soga de ahorcado, sabemos que William Reeves es Justicia Encapuchada. Ese es su nombre, desde que, después de que sus propios compañeros intenten ahorcarlo por meter las narices donde no le llaman, descargue toda su frustración, ira y enfado contra los matones de un callejón. Al día siguiente, los periódicos le llamarán héroe. Pero sólo porque no saben que se trata de un negro.

Si quieres que te respeten, tienes que ser uno de ellos

Es el momento de conocer a Justicia Encapuchada. La sociedad estadounidense, su racismo y sus injusticias han desatado a la bestia. El incidente con los Cyclops es la gota que colmaba el vaso. "Eres un hombre lleno de ira, William Reeves", expresa su mujer, June (Danielle Deadwyler). Un hombre furioso, cuyos latidos de su corazón resuenan como lo haría una batería de jazz que se prepara para arrancar con la melodía. William Reeves no sabe por qué se volvió a colocar la capucha para enfrentarse a aquellos vándalos, pero lo que sí sabe es que está dispuesto a hacerlo. Una, y otra vez más. Porque como decía el sheriff de Oklahoma Bass Reeves en su película Trust in the Law: "No habrá más justicia corrupta hoy".

June, que es la bebé que recoge el pequeño William Reeves después de que tenga lugar la masacre de Tulsa en 1921, es quien siembra la idea en su cabeza: "¿De qué color eran esos ciudadanos?", le pregunta mientras le aplica un maquillaje blanco en el semblante, a la altura de los ojos, lo único que resulta visible de su capucha. "Blancos", responde Reeves. "No vas a impartir justicia con una placa, Will Reeves", señala June. "Lo vas a hacer con esa capucha. Y, si quieres seguir siendo un héroe, los ciudadanos van a tener que pensar que uno de ellos está debajo de ella". Así que eso hará Justicia Encapuchada durante sus patrullas en la ciudad de Nueva York: ocultar su rostro por completo con esa capucha y permitir que los demás ciudadanos le sigan considerando un héroe. Un blanco.

La primera misión de Justicia Encapuchada será la de desarticular a los Cyclops: no tardamos en descubrir que, en efecto, es una especie de subgrupo del Ku Klux Klan. Nuestro vigilante enmascarado no tarda en repartir los puñetazos y patadas necesarios para asestar su primer golpe contra esta secta, donde figuraban incluso sus propios compañeros de trabajo. Es entonces cuando Justicia Encapuchada descubre no sólo todos los sitios donde planeaban actuar los Cyclops, sino también un libro: Mesmerism for the Masses, escrito por W.C. Florentine. El mesmerismo es una técnica de hipnosis que, en este caso, se utiliza por parte de los Cyclops para hacer que la población negra se ataque entre sí. Esta aplicación la veremos después, cuando en los cines Capitol se produzca la masacre.

Pero Justicia Encapuchada no está solo: sus actuaciones no pasan desapercibidas para los Minutemen, el grupo de vigilantes enmascarados que, tomando como ejemplo a Justicia Encapuchada, decide lanzarse también a la calle para combatir el crimen. Uno de ellos, Capitán Metrópolis - también conocido como Nelson Gardner -, será el que se disponga a contactar con William Reeves. Descubre que nuestro protagonista es Justicia Encapuchada gracias a que hace un seguimiento de sus actuaciones, muy parecidas a las que realizaría la policía. Y le ofrece a entrar a formar parte de los Minutemen, prometiendo que le ayudarán a acabar con los Cyclops. "Los Minutemen no serían nada sin el hombre que nos inspiró a todos", se atreve a decir Capitán Metrópolis.

Pero nada más lejos: los Minutemen, compuestos también por Espectro de Seda, el Comediante, Mothman, Búho Nocturno y Silhouette, no están interesados en iniciar una cruzada contra este grupo racista. De hecho, Capitán Metrópolis incluso le pide a William Reeves que oculte bien "su secreto" y no se quite la máscara en presencia de los otros Minutemen. "Los otros miembros del equipo... no son tan tolerantes como yo", señala Capitán Metrópolis. Y razón no le faltaba. A pesar de la relación que los unía a ambos, Capitán Metrópolis no acude en ayuda de Justicia Encapuchada. Aquí se confirma, además, que es cierta esa leyenda que rezaba que ambos vigilantes habían mantenido una relación a la sombra de la sociedad estadounidense, que ni aceptaba negros, pero tampoco a los homosexuales.

"Los Minutemen no serían nada sin el hombre que nos inspiró a todos"

Al final, es Justicia Encapuchada el que se encarga de seguir, solo, las pistas que han dejado tras de sí los Cyclops después de la masacre de los cines Capitol. El método de hipnosis que han seguido es el siguiente: al inicio de la proyección, con la ayuda de un fogonazo de luz que induce en un estado de trance a quien lo observa, lanzan un mensaje a las audiencias para que obedezcan sus palabras. Esas palabras pedían a los negros que se golpearan entre sí hasta matarse. Justicia Encapuchada llega justo cuando uno de los Cyclops se está llevando a cuestas el proyector manipulado que han utilizado. Consigue averiguar que los Cyclops se reúnen en un almacén. Un almacén que pertenece a Fred. Un almacén que le cuesta a Fred un tiro de bala en la frente. Cuando William irrumpe en el lugar, lo averigua todo: los Cyclops planeaban exportar esta técnica a otros lugares de Estados Unidos para repetir el mismo suceso que en Nueva York. William incluso descubre al encargado de grabar el mensaje, que también acaba perdiendo la vida.

Sin embargo... William no se va con las manos vacías. Si observáis la escena que os dejamos arriba, Justicia Encapuchada se hace con uno de estos proyectores. Se hace con la tecnología de los Cyclops. ¿Para qué? Lo descubriremos después: primero, Justicia Encapuchada descubre que su hijo, Marcus, está intentando seguir sus pasos pintándose también la cara de blanco y rodeando su cuello con una soga. Eso no le gusta nada a Reeves... pero mucho menos le gusta a June. Al final, nuestro héroe se queda solo en Nueva York mientras su mujer y su hijo se van a Tulsa. "Nunca tendrías que haber hecho esto", le echa June en cara. "Pensaba que te ayudaría a deshacerte de esa cosa que tienes... pero no sólo no ha servido para eso sino que, además, lo ha alimentado".

La siguiente escena que podemos disfrutar es la que supone el final de Judd Crawford: en efecto, fue William Reeves el que acabó con la vida del jefe de policía de Tulsa, después de descubrir que guardaba en su armario el atuendo del Ku Klux Klan. ¿Cómo lo hizo? Utilizando una linterna que parece estar hecha del mismo cristal que los Cyclops emplearon en el proyector para controlar las mentes de los negros. En el segundo episodio, William Reeves dijo la verdad: "He matado al jefe de policía utilizando la mente". No podía estar más en lo cierto.

Blackface

Blackface es como se conoce al nombre mediante el cual una persona blanca se pinta la cara de negro para para exagerar estereotipos raciales con el fin de generar burla y mofa. Hoy en día se considera una profunda ofensa contra las personas negras, pero no era así en los años 30 de This Extraordinary Being. Antes mencionamos el programa Amos'n' Andy, ese programa que tanto le gusta a Fred, donde los actores blancos Freeman Gosden y Charles Correll retrataban a dos personajes negros al pintar sus rostros. La mención de este programa no es casualidad, y parece un intento por parte de Damon Lindelof de denunciar el tipo de contenido que, en estos años, consistía el divertimento de la sociedad estadounidense blanca.

Es curioso, al mismo tiempo, que Justicia Encapuchada tenga que pintar la parte visible de su rostro de blanco para hacerse respetar: de algún modo, es como el sentido contrario del blackface. Uno se utiliza para ridiculizar, el otro para poder encajar en una sociedad de blancos. Por el contrario, Angela Abar pinta sus ojos de color negro: esto parece un símbolo de resistencia, de poder. De que un negro jamás va a tener que volver a tener que pintarse el rostro de blanco para hacerse respetar.

Los Cyclops en Tulsa: la Séptima Caballería

Durante todo el episodio, hemos podido ver a Angela encarnando físicamente a su abuelo en ciertas escenas. Eso se debe a las pastillas de Nostalgia que ingirió, que le insertaron en su memoria los recuerdos de William Reeves. Justo cuando Judd muere ahorcado, se produce el despertar de Angela, que cayó en un inevitable coma. Cuando se despierta, lo hace en las instalaciones de Lady Trieu - que, por cierto, estaba leyendo The Fountainhead de Ayn Rand -. No nos da tiempo a indagar más en cómo Angela ha llegado hasta allí desde la comisaría de policía, donde Laurie Blake le pedía que firmara su traslado al hospital... No nos da tiempo, pero no podemos acabar este análisis sin hacernos eco de dos importantes cuestiones:

El ojo de los Cyclops

En el episodio anterior, cuando Looking Glass se infiltra en las instalaciones de la Séptima Caballería, pudimos ver la pintada de un enorme ojo que, en ese momento, no nos decía nada. Sin embargo, si lo comparamos con el símbolo de los Cyclops, las semejanzas nos dan a pensar...

Si bien era de esperar que, por meras ideologías, la Séptima Caballería y los Cyclops estén en consonancia... lo cierto es que es preocupante que la Séptima Caballería pueda usar o repetir la técnica del mesmerismo en Tulsa. De hecho, hay otro detalle a mencionar, y aquí viene el segundo:

Los televisores de Lady Trieu

En el recorte de periódico que podéis leer en la Peteypedia, Lady Trieu: Fact or Fiction, se menciona que por cubrir las molestias que hayan podido causar las obras del Reloj del Milenio, Lady Trieu ha regalado a los ciudadanos afectados "televisores de alta definición". Si algo sabemos es que en esta vida nada es regalado, y si bien los Cyclops en los años 30 necesitaban usar arcaicos proyectores para llevar a cabo la hipnosis... si esa técnica la aplicamos a los tiempos modernos, bien podría valer un televisor de pantalla plana en 4K y HD.

Sin embargo, haría falta la tecnología. ¿Y quién puede proporcionarle a Lady Trieu esa herramienta de manipulación? Bueno, como dijimos antes... William Reeves no se fue con las manos vacías. Sabemos que trabaja con Lady Trieu, que utilizó la linterna de hipnosis para acabar con Judd Crawford, y que en el camión de la Séptima Caballería había un maletín de Trieu Enterprises. Así que, tal vez, ahí reside el misterioso acuerdo que Lady Trieu mantiene con William Reeves. O tal vez no. Lo que está claro es que el mesmerismo también está en Tulsa... en manos del abuelo de Angela Abar.

Una joya de la televisión

Watchmen es esa obra de orfebrería que fue la novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons; es ese intocable tesoro de la historia de las viñetas y los vigilantes enmascarados. Lo que me queda claro, después de haber visto y disfrutado a ritmo de jazz de la joya que ha supuesto This Extraordinary Being, es que no estoy segura de si quiero que HBO renueve Watchmen. Me da la impresión de que el listón está puesto muy alto, justo donde queda Marte, y que sería muy, muy difícil repetir el milagro narrativo, técnico y visual que ha supuesto la producción capitaneada por Damon Lindelof.

Sería muy, muy difícil repetir el milagro narrativo, técnico y visual de Watchmen

This Extraordinary Being, como su título indica, ha sido sin duda extraordinario: la humanidad que refleja cada escena de la vida de William Reeves, aderezado con esa profunda crítica al racismo aún latente en Estados Unidos, provoca que este sexto episodio de Watchmen se haya convertido en uno de los más loados en la historia de la televisión. De hecho, en IMDB cuenta con una puntuación de 9,3, la más alta que ha recibido la serie hasta el momento. El director Stephen Williams y el guion firmado por Lindelof y Cord Jefferson han conseguido componer en esta hora que dura el episodio toda una melodía de jazz: una historia de amor, de odio, de injusticias, de ira pero, sobre todo, de seres humanos. Al fin y al cabo, ese es el espíritu de Watchmen: hombres y mujeres, que podrían ser cualquiera de nosotros, tratando de rebelarse contra las cadenas del sistema.

Cristina M. Pérez
Colaboradora
hbo
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