Lo que los satélites llevan años viendo sobre el Atlántico no es una isla nueva ni un “continente marrón” en sentido literal, pero sí uno de los cambios ecológicos más llamativos detectados desde el espacio en el océano abierto. Se trata del Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico (GASB), una acumulación recurrente de algas pardas flotantes que desde 2011 aparece en imágenes satelitales extendiéndose desde la costa occidental de África hasta el Golfo de México. NASA ya lo describía en 2019 como la mayor floración de algas del mundo, y volvió a destacar en 2023 que el cinturón alcanzaba tamaños récord para un mes de marzo.
La rareza del fenómeno está en que el sargazo pelágico no solía comportarse así. Durante siglos, su gran refugio conocido fue el mar de los Sargazos, en el Atlántico Norte, donde estas algas flotantes formaban ecosistemas relativamente estables. El cambio es que ahora esa biomasa se organiza cada año en una franja tropical mucho más extensa, persistente y desplazada hacia el sur, como si una parte del Atlántico hubiera desarrollado un nuevo paisaje biológico que antes simplemente no existía a esa escala.
Una franja inmensa que ya se ve desde el espacio
Las cifras ayudan a entender por qué se ha convertido en una señal de alarma. El equipo de FAU Harbor Branch ha documentado cuatro décadas de cambios en este sistema y, según sus datos más recientes, el cinturón alcanzó en 2024 un récord de 37,5 millones de toneladas. La longitud de esta franja ha superado los 8.000 kilómetros, una dimensión que explica por qué se aprecia con tanta claridad desde satélite y por qué la comparación con una enorme cinta marrón incrustada en el Atlántico no suena exagerada.
La gran pregunta es por qué está creciendo tanto. Durante años se ha apuntado a los nutrientes que llegan desde tierra, y hay base sólida para ello: un estudio en Nature Communications mostró que, desde los años ochenta, el contenido de nitrógeno del sargazo ha aumentado de forma notable y que su equilibrio químico ha cambiado, algo compatible con aportes humanos ligados a agricultura, aguas residuales y grandes cuencas fluviales. Otro trabajo posterior confirmó que las poblaciones del GASB están enriquecidas tanto en nitrógeno como en fósforo frente al sargazo del mar de los Sargazos, reforzando la idea de que la fertilización extra está detrás del boom.
Más nutrientes, nuevas corrientes y un océano más favorable
Pero el origen no parece reducirse a “más fertilizante y ya está”. Investigaciones más recientes apuntan también a cambios en la circulación atmosférica y oceánica del Atlántico desde alrededor de 2009, con una mezcla vertical de aguas profundas más rica en nutrientes y con condiciones de luz y temperatura que favorecieron la explosión del sargazo fuera de su hábitat habitual. Dicho de otra forma: el cinturón no sería el resultado de una sola causa, sino de la coincidencia entre más nutrientes, corrientes favorables y un océano más propicio para que esa biomasa prospere y se desplace a gran escala.
El problema es que esta mancha no es solo espectacular en las imágenes. Cuando el sargazo llega masivamente a la costa y se descompone, puede liberar sulfuro de hidrógeno, afectar arrecifes, reducir oxígeno en el agua, complicar el turismo y generar costes enormes de limpieza.















