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EE.UU. cambia las normas: envía a Ucrania dos robots de guerra humanoides de 130.000 euros para probarlos en el frente

Uno de los robots se cayó varias veces durante la visita de los periodistas.
EE.UU. cambia las normas: envía a Ucrania dos robots de guerra humanoides de 130.000 euros para probarlos en el frente
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Actualizado: 11:14 16/3/2026
curania
estados unidos
guerra

La robótica entra de lleno al campo de batalla. Ucrania ya no solo prueba drones, municiones merodeadoras o sistemas autónomos: también ha empezado a medir sobre el terreno hasta dónde puede llegar un robot humanoide en una guerra real. El país ha recibido para ensayos dos Phantom MK-1, máquinas desarrolladas por la startup estadounidense Foundation, en un movimiento que convierte una imagen propia de la ciencia ficción en una escena cada vez más cercana al campo de batalla. La información, adelantada por TIME, sitúa la entrega en febrero y explica que las primeras pruebas se centran en tareas de reconocimiento y apoyo en espacios donde los drones pierden parte de su ventaja, como búnkeres, interiores y zonas cerradas.

La noticia tiene un impacto inmediato porque rompe una frontera simbólica que hasta hace nada parecía intacta. El robot soldado con forma humana llevaba años habitando demostraciones técnicas, vídeos promocionales y ferias de defensa, pero no el frente más observado del planeta. Ahora eso ha cambiado. Foundation plantea estos sistemas como herramientas para explorar terreno, mover suministros y asumir misiones de alto riesgo sin exponer a soldados, mientras su cofundador, Mike LeBlanc, dibuja un horizonte todavía más ambicioso: que en el futuro el robot pueda utilizar cualquier arma que maneje una persona. De momento, la empresa insiste en que mantiene la línea marcada por el Pentágono: no disparar sin autorización humana.

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Un prototipo todavía lejos de sustituir al soldado

El Phantom MK-1 no ha aterrizado en Ucrania como una máquina lista para sustituir a la infantería ni como una pieza madura de combate. Más bien al contrario: lo que ha llegado es una plataforma en fase muy temprana, con más promesa que solidez. A eso se suman problemas muy terrenales: peso, precio, equilibrio precario, autonomía limitada y una complejidad técnica enorme. No es un relevo del soldado, sino un prototipo que todavía pelea primero contra sus propias limitaciones.

Y, sin embargo, precisamente por eso resulta tan importante. Porque lo decisivo aquí no es lo que el Phantom puede hacer hoy, sino lo que representa. Foundation acumula ya 24 millones de dólares en contratos de investigación con el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea de Estados Unidos, y prevé además ensayos con los Marines en tareas de asalto, como la colocación de explosivos en accesos. Ucrania vuelve a funcionar así como un laboratorio extremo donde se ponen a prueba tecnologías que después pueden regresar más refinadas al ecosistema militar estadounidense y abrir la puerta a nuevos usos en seguridad y defensa.

En cuanto al precio, Foundation no ha hecho público cuánto cuesta exactamente cada Phantom MK-1, pero la cobertura del sector sitúa su precio estimado en torno a 150.000 dólares por unidad, mientras que su modelo comercial apuntaría a un alquiler cercano a 100.000 dólares al año por robot.

La guerra del futuro empieza a tomar forma

La parte más inquietante no está solo en el robot, sino en la idea de guerra que lo rodea. LeBlanc describió a TIME lo que vio en Ucrania como una “guerra total de robots”, un escenario en el que las máquinas pasan a ocupar el centro del combate y los humanos quedan cada vez más relegados a funciones de supervisión, apoyo o decisión final. Esa visión no surge de la nada: encaja con una evolución ya visible en el conflicto, donde los drones con inteligencia artificial ganan peso a medida que Rusia endurece la guerra electrónica y obliga a buscar sistemas con más autonomía. El Phantom no inaugura esa transformación, pero sí la empuja a una escala mucho más perturbadora: la de una máquina con silueta, movilidad y presencia casi humanas.

Ucrania todavía no ha desplegado un ejército de androides armados, pero ya está probando una tecnología que hace muy poco parecía reservada a películas y videojuegos. Los Phantom MK-1 han llegado al frente para comprobar cuánto puede rendir un robot humanoide bajo condiciones reales de guerra. Y aunque hoy todavía tropiecen, fallen y estén lejos de cambiar solos el rumbo del conflicto, su mera presencia sobre el terreno deja una idea difícil de ignorar: la guerra del futuro ya no se está imaginando, se está ensayando.

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