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El final del universo: Varias teorías catastróficas sobre el final de nuestra realidad

La célebre cosmóloga Katie Mack explora las formas en las que puede morir el universo, ofreciendo distintas teorías y finales para aquello que nos rodea.
El final del universo: Varias teorías catastróficas sobre el final de nuestra realidad
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Katie Mack es muy clara al respecto: el universo se destruirá en algún momento. Es inevitable. Pero mucho antes, la Tierra, nuestro hogar, quedará arrasada y condenada por nuestros propios actos y la acción del Sol, que acabará engulléndolo todo. Los humanos podrían sobrevivir como especie, conquistando otros planetas, satélites y regiones del espacio, pero aunque podamos convertirnos en todo un imperio interestelar, el universo hará crunch en el distante futuro. Así lo ha disertado y debatido la cosmóloga Mack en una interesante entrevista con el diario El mundo con motivo de la publicación de su nuevo libro.

Entendiendo el origen sabremos más del final: sobre el término de la Tierra y el Sol

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Para entender el final del universo hay que discernir y comprender su pasado y su propio origen. De hecho, la mayoría de los estudios y trabajos científicos relacionados con la cosmología suelen centrarse en el punto de partida de cara a descifrar cómo puede evolucionar en el futuro, comprendiendo los caminos que tomará tanto a corto plazo como en el más lejano y distante momento de la existencia. Katie Mack ha querido romper con esa tendencia, mirando el lado más oscuro y apocalíptico como remedio para combatir los problemas del momento y los más inminentes, aportando soluciones. Mack, cosmóloga estadounidense, ha estado trabajando en las más variadas elucubraciones y teorías sobre las posibles muertes del universo. Pero lo hace explicando que, mucho antes, en unos 5000 millones de años, el Sol se inflará engullendo todo aquello que se encuentre en su camino, interponiéndose en la órbita de Mercurio, Venus y la Tierra, terminando con nuestro planeta tal y como lo conocemos.

Final universo

Hay que destacar que nuestro sol es una enana amarilla, una estrella de tamaño medio, relativamente común en el universo estudiado, y cuya temperatura media en la superficie es de unos 6000 grados centígrados. Su brillo, de amarillo claro o casi blanco, otorgan a nuestra estrella una media de 4500 o 5000 millones de años de esperanza de vida. Cuando envejezca, nuestro Sol se convertirá en una gigante roja y mucho tiempo después, pasará a ser una enana blanca. No hay que olvidar que las estrellas como nuestro astro fusionan hidrógeno a helio en sus núcleos, un hecho que los lleva a su inevitable extinción cuando agotan su propio combustible.

Las enanas blancas son estrellas que han agotado todo el hidrógeno que utilizaban como combustible

"Estamos muy seguros de cómo acabará el Sol, porque al fin y al cabo tenemos muchos ejemplos en el universo de estrellas similares que han sido bien estudiadas, y también podemos estudiar los neutrinos del Sol. Sobre lo que hay más incertidumbre es sobre la manera concreta en la que se destruirá la Tierra", explica la experta en la conversación por videoconferencia con el periódico español. Mack piensa que si bien la muerte del Sol podría significar también la de la Tierra, piensa que la esperanza o vida del planeta en el que residimos como especie tiene una vida más corta de la que podemos pensar en un principio. En otras palabras: la vida en la Tierra dejará de ser viable y posible muchos millones de años antes de la muerte de nuestra estrella. Según los cálculos de Mack, al planeta azul le queda poco tiempo. Poco tiempo en términos astronómicos, claro.

Enana blanca

"A la Tierra le calculamos una esperanza de entre 500 y 1000 millones de años", afirma. Aunque piensa que la destrucción de la Tierra o su inhabitabilidad no debe implicar la desaparición de la especie humana, más bien al contrario: puede motivarnos a salir del planeta e iniciar la conquista del universo. "Hay algunas formas en las que podríamos escapar de ese destino. Quizás dentro de algunos millones de años podríamos desarrollar la tecnología para construir naves espaciales que nos permitan vivir en otros sistemas solares. Y también está la idea de que quizás los humanos evolucionen y puedan existir sin un cuerpo, como un programa de ordenador. Para viajar por las estrellas sería sin duda mucho más práctico no tener un cuerpo", continúa en relación a la llamada trascendencia, que aboga por volcar nuestra mente y cerebro a un androide o un sistema cibernético alejado de cualquier tipo de material orgánico.

Las teorías del final: Del Big Crunch a la muerte térmica

Todos conocemos el Big Bang, la teoría del origen del universo, aquella que habla de la explosión que dio comienzo a todo. Mack destaca en su libro El fin de todo (se pone a la venta el 3 de marzo en España) las diferentes formas y caminos por las que el universo podría llegar a su fin, siendo el Big Cruch o la Gran Implosión una de las más posibles. Además de ella, tenemos la la terrible muerte térmica, el gran desgarro, la desintegración del vacío y el rebote o contracción. Para Mack, hay cinco posibilidades para el fin del universo, y no es que sean teorías incompatible o faltas de matices. De hecho, la científica piensa de forma férrea que no hay una respuesta única para este inevitable final de la realidad. "Ahora mismo, tenemos varios ejemplos que nos muestran en qué se convertirá nuestro sistema solar en un futuro distante. Cuando una estrella como el Sol llega al final de su vida se produce lo que llamamos nebulosas planetarias, que son muy bonitas y con muchos colores, pero que son la muestra de la destrucción. Creemos que probablemente es lo que le ocurrirá a nuestro Sol", remarca en la entrevista publicada El mundo.

Teoría final

Pero el punto final de la realidad para Mack tiene una teoría predominante, que al menos es su preferida y la que cree que podría acabar sucediendo: la de la muerte térmica o The Big Freeze. "Pensemos por un momento en la idea que habla de que universo se está expandiendo actualmente, lo que significa que las galaxias lejanas se alejan cada vez más entre ellas y hay más espacio vacío. Con el paso del tiempo cada galaxia estará más aislada. Es decir, el universo se irá haciendo cada vez más oscuro, frío y distante y las otras estrellas de nuestras galaxias se irán consumiendo poco a poco", relata. Esta teoría es la más plausible, y la que más lejana puede parecer en el tiempo. Pero, ¿y si no hay final? ¿Y si el universo sigue existiendo por y para siempre? Es otra posibilidad que cada vez está más defendida por autores y expertos como Roger Penrose, ganador del Premio Nobel de Física 2020 por su investigación sobre los agujeros negros, que la ha defendido en más de una ocasión. "Es una idea muy emocionante, que después de que el universo muera, exista la posibilidad de que quede información que pueda permitir que surja algo nuevo", concluía Mack.

Otros científicos creen que no habrá final propiamente dicho y que el universo está en constante ciclo de expansión y contracción

Nebulosa

Penrose se aleja del pesimismo asegurando que el universo deambula por ciclos constantes que se suceden entre el Big Bang y la muerte térmica de forma repetida, permitiendo que algunos de ellos no termina de triunfar sobre el otro y que gracias a esta tensión constante, a este perpetuo combate entre el yin y el yang astronómico, podamos sobrevivir sin fecha de caducidad.

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