Los últimos terremotos registrados en Estados Unidos e Irán han dado alas a todo tipo de teorías en internet, predominantemente la de pruebas nucleares secretas. De hecho, medios como Daily Mail se han hecho eco de este enjambre sísmico, destacando que en el caso de Estados Unidos, en Nevada, si están relativamrnte cerca de un lugar de pruebas.
En concreto, la actividad se ha concentrado cerca de Tonopah, dentro del entorno militar del Nevada Test and Training Range; mientras que en Irán, el seísmo ha coincidido con una nueva escalada sobre instalaciones sensibles del programa nuclear iraní.
En el caso estadounidense, el USGS sí ha confirmado un pequeño enjambre sísmico al este y noreste de Tonopah. Entre los eventos revisados figuran un terremoto de magnitud 4,3 el 1 de marzo de 2026 y varias réplicas o sacudidas próximas, como un 3,5 y un 3,1, con profundidades de varios kilómetros. Algunos expertos insisten en que este patrón encaja con un episodio sísmico local en una región activa, no con una evidencia directa de detonación subterránea.
Tonopah, pruebas militares y contexto geológico
Además, la ubicación por sí sola no basta para convertir un terremoto en una señal de ensayo atómico. Tonopah Test Range está vinculado de forma oficial a programas del arsenal estadounidense: Sandia explica que allí se realizan pruebas de fiabilidad del stockpile, sistemas de armado, fusado y disparo y ensayos de sistemas de entrega de armas nucleares. Pero otra cosa distinta son los ensayos nucleares explosivos. La NNSA recuerda que sus experimentos subcríticos en Nevada no producen una reacción en cadena autosostenida y se mantienen dentro de la moratoria unilateral que EE. UU. sostiene desde 1992.
La geología también juega en contra de esta lectura conspirativa. La documentación del USGS y de la sismología regional lleva años describiendo Nevada y el corredor de Walker Lane como una zona donde los enjambres sísmicos son relativamente frecuentes. No es un territorio quieto que de repente haya empezado a temblar junto a una base secreta, sino una franja tectónicamente inquieta donde el estrés acumulado en fallas activas se libera a menudo en secuencias pequeñas o moderadas. Ese contexto no elimina cualquier duda, pero sí rebaja mucho el valor de la coincidencia geográfica.
Irán, Natanz y el filtro de la CTBTO
En cuanto a Irán, la escena es parecida en un punto esencial: hay un hecho real y una interpretación mucho más débil. El USGS ha registrado un M4,4 cerca de Gerash el 3 de marzo, a unos 10 kilómetros de profundidad. Irán, además, se encuentra en una de las regiones sísmicamente más activas del planeta por la colisión entre las placas de Arabia y Eurasia, de modo que un temblor así no necesita una explicación extraordinaria. Al mismo tiempo, La agencia atómica de la ONU ha confirmado daños recientes (de hace horas) en la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz, aunque sin consecuencias radiológicas detectadas. Eso apunta a ataques convencionales sobre infraestructura nuclear.
Con la información pública disponible hoy, no se pueden confirmar que estos seísmos sean fruto de pruebas nucleares en ninguno de los dos territorios. Organismos como la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares explican que la vigilancia internacional no se limita a “ver un temblor”, sino a distinguir entre terremotos, explosiones mineras y posibles detonaciones nucleares mediante firmas sísmicas específicas y, cuando procede, otras señales complementarias. Hasta ahora no ha aparecido ninguna confirmación oficial que convierta los episodios de Nevada o Irán en algo más que lo que, de momento, parecen ser: actividad sísmica real envuelta en un clima geopolítico perfecto para disparar sospechas.















