El ataque con cóctel molotov contra la casa de Sam Altman en San Francisco ya no se interpreta como un episodio aislado. La acusación federal sostiene que el sospechoso, Daniel Moreno-Gama, un joven de 20 años procedente de Texas, viajó a California con material incendiario, un arma no registrada y un documento de contenido anti-IA que incluía amenazas contra Altman y referencias a otros directivos del sector. Según las autoridades, primero lanzó el artefacto contra la vivienda del consejero delegado de OpenAI y, menos de una hora después, acudió a la sede de la compañía para amenazar con quemarla.
La pieza más inquietante del caso está en los papeles intervenidos tras su arresto. La documentación judicial citada por varios medios indica que Moreno-Gama llevaba encima un escrito con posiciones abiertamente hostiles hacia la inteligencia artificial y menciones a ejecutivos de distintas empresas del sector. The Verge añade que el texto, titulado “Your Last Warning”, contenía amenazas más amplias y un planteamiento que los investigadores están examinando incluso bajo el prisma del terrorismo doméstico.
Una acusación federal con varias capas
La acusación formal es seria y múltiple. En la vía federal se enfrenta, entre otros cargos, a intento de destrucción de propiedad mediante explosivos y posesión de un arma de fuego no registrada; en la estatal, la fiscalía de San Francisco lo ha vinculado además a delitos como intento de asesinato y incendio provocado, según la cobertura judicial disponible. Si fuera condenado por todos los cargos más graves, la exposición penal sería enorme, aunque a esta altura del proceso todavía no existe una sentencia.
El caso también ha abierto una conversación incómoda sobre la radicalización alrededor del debate sobre la IA. Reuters y Business Insider coinciden en que el sospechoso había ido dejando durante meses un rastro digital de obsesión creciente con los riesgos de esta tecnología, hasta convertir ese rechazo en un discurso cada vez más extremo. Sus abogados y su familia, por su parte, sostienen que atravesaba una crisis de salud mental y cuestionan que todo pueda leerse únicamente como un acto ideológico planificado.
Miedo tecnológico, seguridad y escalada
Altman reaccionó pocas horas después con un mensaje en el que reconocía que el miedo social a la inteligencia artificial puede ser comprensible, pero pidió rebajar la escalada verbal y material en torno a ese debate. Su respuesta llegó en un momento especialmente tenso, porque la vivienda volvió a ser escenario de otro incidente dos días más tarde: la policía detuvo a Amanda Tom y Muhamad Tarik Hussein tras un posible disparo desde un coche cerca de la propiedad y la incautación posterior de tres armas. Por ahora, las informaciones disponibles no han demostrado públicamente que ambos episodios formen parte de la misma trama.
La noticia de fondo, así que, va más allá del titular sensacionalista sobre una “lista de ejecutivos”. Lo que reflejan los documentos y las imputaciones es que el ataque contra la casa de Altman encaja, según los investigadores, en una acción premeditada, con un discurso anti-IA explícito y una posible selección previa de objetivos. Al mismo tiempo, el caso vuelve a mostrar hasta qué punto la discusión sobre la inteligencia artificial está dejando de ser solo tecnológica o económica para entrar también en un terreno de miedo, radicalización y seguridad física.















