El Señor de los Anillos, la obra maestra literaria de J.R.R. Tolkien es una de las piezas más importantes a nivel cultural de nuestra historia. Adaptada al cine por Peter Jackson, la trilogía cinematográfica, considerada una joya irrepetible, encerraba en cada una de sus películas un tema musical especial. Estas canciones, que abrazan la mitología del Legendarium, culminaron Into the West, el tema que pone punto final a El Señor de los Anillos: El retorno del Rey.
Para muchos, este tema supone el epílogo perfecto. No solo cierra una historia colosal, sino que la eleva, la explica y la despide con una mezcla extraña de melancolía y alivio. El tema, cantado por Annie Lennox, se llevó un Óscar, y aunque su contenido es muy referencial a la Tierra Media, su corazón tan humano como devastador. Detrás de esa letra que habla de descanso, de colinas lejanas y de un lugar donde el dolor ya no alcanza, hay un nombre real: Cameron Duncan.
Peter Jackson (67) despeja las dudas: el final de El Señor de los Anillos tiene una inspiración muy concreta
Peter Jackson y Fran Walsh conocieron a Cameron cuando tenía apenas 16 años, y no fue a través del cine de fantasía. En aquel momento, el equipo de El Señor de los Anillos trabajaba en un anuncio para fomentar la donación de órganos en Nueva Zelanda. Cameron participó en el proyecto y dejó una impresión inmediata: talento precoz, imaginación desbordante y una madurez poco habitual para su edad. Lo que Jackson no sabía entonces es que el chico estaba librando una batalla mucho más dura que cualquier rodaje.
Cameron había sido diagnosticado de osteosarcoma, un cáncer de huesos que primero le arrebató su pasión por el sóftbol y, más tarde, la posibilidad de un futuro largo junto a sus seres queridos. Cuando la enfermedad regresó y los médicos le dieron apenas unos meses de vida, Jackson decidió invitarle al set de El retorno del Rey. En los vídeos caseros de Cameron, llenos de explosiones artesanales y entusiasmo juvenil, el director reconoció algo de sí mismo: esa necesidad casi física de crear, incluso cuando todo se desmorona.
El legado creativo de Cameron tiene nombre propio: Strike Zone. Un cortometraje escrito y dirigido durante sus últimas sesiones de quimioterapia, rodado en condiciones extremas, bajo la lluvia y durante noches enteras. Tan débil estaba que, en pleno rodaje, el cáncer llegó a perforarle un pulmón. Aun así, siguió adelante. En la película interpretaba a un entrenador al que le comunican que le quedan dos meses de vida y que decide emplearlos en llevar a su equipo a la victoria. Ficción y realidad caminaban peligrosamente juntas.
Fue entonces cuando la historia de Cameron cruzó definitivamente el destino de El Señor de los Anillos. Fran Walsh atravesaba un bloqueo creativo mientras intentaba escribir la letra de la canción final de la trilogía. Al ver Strike Zone, encontró la clave. No en la épica, ni en la fantasía de los textos de Tolkien, sino en la serenidad con la que un chico de 16 años miraba a la muerte y hablaba, sin miedo, de descanso. De una colina desde la que observar el paso de las estaciones.
“Cuando nos encontrábamos en Inglaterra, en agosto, estábamos pensando en escribir una canción y Cameron estuvo muy presente”, comentó Fran Walsh en una entrevista grabada en 2004. “En aquella época, le estaban dando quimioterapia en Nueva Zelanda, pero nos llamaba y nos enviaba emails”. Según Walsh, tenían la sensación de que Duncan no iba a sobrevivir al cáncer. Cameron Duncan falleció exactamente dos meses después, tal y como había escrito en su propio guion.
Pero su deseo de no ser olvidado se cumplió. Cada vez que suenan los últimos acordes de Into the West, su historia sigue viva, susurrada entre violines y despedidas ante un fugaz amanecer. Como un viaje que, al fin, encuentra su hogar.















