El Señor de los Anillos es un auténtico milagro cinematográfico. Hay películas que ganan prestigio con el paso del tiempo, que necesitan años para que el público y la crítica las coloquen en el lugar que merecen. La adaptación de la obra maestra de J.R.R. Tolkien no es una de ellas. Estrenada hace casi 25 años, la primera entrega de la trilogía de Peter Jackson arrasó desde el primer día y hoy regresa a cines y plataformas de streaming como lo que siempre ha sido: un hito irrepetible del cine moderno. No porque haya envejecido bien, sino porque nació grande.
Warner Bros., que prepara su vuelta a la Tierra Media con un nuevo filme, ha decidido devolver a la gran pantalla una de las producciones más ambiciosas jamás intentadas en el séptimo arte. Y lo más curioso es que su propio director sigue mirando atrás con una mezcla de incredulidad y vértigo. Peter Jackson, responsable de dirigir las tres películas, reconoce que hoy le cuesta entender qué les impulsó a afrontar un reto de semejante magnitud a principios de los 2000, cuando adaptar la obra de Tolkien parecía una locura financiera, técnica y creativa.
Peter Jackson, a los 64 años, es tajante: “Hoy sería imposible hacer El Señor de los Anillos; sigo muy orgulloso de esas películas”
El éxito, sin embargo, fue inmediato. La Comunidad del Anillo recaudó más de 889 millones de dólares en todo el mundo, se convirtió en la segunda película más taquillera de 2001 y obtuvo 13 nominaciones a los Oscar, llevándose cuatro estatuillas, entre ellas Mejor Fotografía y Mejor Banda Sonora. Resulta fácil dar por sentado esos logros con la perspectiva actual, pero en su momento el proyecto fue un salto al vacío sin red.
“¿En qué demonios estábamos pensando?”, recuerda Jackson entre risas, señalando a sus cómplices creativas Fran Walsh y Philippa Boyens en una entrevista a Empire de la que se hace eco Collider. “Hoy ni siquiera me atrevería a plantear algo así. Éramos jóvenes, entusiastas y bastante ingenuos”. Boyens, confesa devota de Tolkien, admite que al principio pensó que aquello sería un trabajo breve. “Creí que, con suerte, duraría unos meses”, comenta. Y aun así, fue capaz de visualizar y rodar escenas que hoy son historia del cine, como la caída de Gandalf enfrentándose al Balrog en Moria.
Mirado con perspectiva, el logro de Jackson y su equipo resulta todavía más asombroso. ¿Echa de menos aquellos días? No especialmente. “No tiene sentido añorarlos. Pasaron, la vida siguió y he hecho muchas cosas desde entonces”, explica. "Pero estoy muy orgulloso de ellas", concluía. Pero hay algo que permanece intacto: el orgullo por una trilogía cuya fuerza narrativa y emocional sigue intacta, inmune al paso del tiempo y a cualquier avance tecnológico. Porque, sencillamente, no hay nada igual a El Señor de los Anillos.















