Los precios de la carne alcanzan cifras históricas en los supermercados estadounidenses, pero la realidad en los campos es radicalmente distinta. Mientras los consumidores pagan más por el bistec y la carne picada, miles de ganaderos afrontan pérdidas millonarias, venden rebaños a toda prisa y contemplan el cierre de granjas que han pertenecido a sus familias durante generaciones. Se trata de un problema industrial a varios niveles.
EE.UU. está sumida en una grave crisis cárnica: precios récord, ganaderos arruinados y el mercado dominado por solo 4 megamataderos
En estados como Nebraska, donde la cría de ganado vacuno es la columna vertebral de la economía local, productores veteranos advierten que decisiones tomadas en bolsas de futuros, anuncios presidenciales sobre importaciones y el dominio de cuatro gigantes de la industria como JBS, National Beef, Cargill y Tyson pueden borrar años de trabajo en cuestión de días. La situación es insostenible.
El precio récord que ven los consumidores no se refleja en las cuentas de los criadores. Según estimaciones, las pérdidas alcanzan los 17 mil millones de dólares: un contraste brutal con la subida de hasta un 16 % en cortes como el bistec. Los contratos de futuros, pensados para garantizar estabilidad en cualquier industria, se han convertido en un arma de especulación para grandes corporaciones y fondos de cobertura, que lucran con la volatilidad mientras los productores reales pierden margen de forma dramática.
El ejemplo de Coy Young, ganadero de Missouri, ilustra esta presión. Planeó vender su manada de Angus en 2020 por entre 125 y 128 dólares la cabeza, pero la caída de los contratos lo dejó con apenas 36 dólares por animal. El resultado: cierre de la granja familiar, deudas persistentes y un cambio radical en su vida: abrió una food truck para sobrevivir y tener unos ingresos estables a corto y medio plazo. Mientras, el precio de la carne en el supermercado seguía subiendo, llegando a un aumento del 70 % en apenas cuatro meses.
Hoy, más del 80 % del sacrificio de ganado está concentrado en cuatro empresas, pese a que la mayoría de los animales provienen de pequeños y medianos productores. La brecha entre lo que paga el consumidor y lo que recibe el ganadero nunca ha sido tan grande. Cierres de granjas, caída del rebaño nacional y escasez de oferta marcan un paisaje rural que se despuebla rápidamente.
Las autoridades antimonopolio han comenzado a investigar. La pregunta en esta delicada situación es clara: ¿podrá el sistema garantizar precios justos y sostenibles para productores y consumidores, o seguirá siendo un juego donde ganan los gigantes y pierden las familias que realmente crían el ganado?















