La misión Artemis II ha vuelto a poner sobre la mesa una de esas preguntas que siempre acompañan a los grandes hitos espaciales: cuánto cobran realmente los astronautas que se juegan el tipo en una misión histórica. Y la respuesta no va por donde muchos imaginan.
La NASA no tiene una “tarifa Artemis II” ni un cheque especial por completar este vuelo tripulado alrededor de la Luna: sus astronautas siguen cobrando como empleados públicos, dentro de las escalas salariales federales habituales. En el caso estadounidense, la referencia es el sistema General Schedule de la Office of Personnel Management, que además añade un ajuste geográfico según destino. Como los astronautas trabajan en el entorno del Johnson Space Center, en Houston, la tabla local de 2026 sitúa los sueldos desde 103.225 dólares anuales en GS-12 paso 1 hasta 197.200 dólares en GS-15, cifra tope limitada por la escala ejecutiva federal.
El problema es que la NASA no publica el grado exacto de cada miembro de Artemis II, así que solo puede hablarse de una horquilla razonable, no del salario individual cerrado de Reid Wiseman, Victor Glover o Christina Koch. Lo más llamativo es que no hay constancia pública de una paga extra específica por Artemis II. La cobertura económica que se ha conocido estos días sobre la misión insiste en que los tripulantes no cobran bonus por objetivo cumplido, ni un plus automático por riesgo, ni una recompensa especial por estar a bordo del primer vuelo tripulado del programa Artemis. Esa idea encaja además con la normativa federal: los complementos de peligrosidad de los empleados GS dependen de tareas muy concretas recogidas en el reglamento, y el propio marco de OPM deja claro que no se pagan cuando ese riesgo ya forma parte de la propia clasificación del puesto.
Un salario público, no una prima espacial
Tampoco parece haber barra libre con el tiempo extra. La regulación general de pago federal y la información publicada por medios económicos estadounidenses a partir de casos recientes de la NASA apuntan a que los astronautas siguen cobrando su salario ordinario, sin que una misión espacial se traduzca automáticamente en horas extra, bonus por fin de semana o un sobresueldo por permanecer más tiempo en vuelo. NASA, de hecho, sí contempla dietas y reembolsos de viaje en su normativa general para desplazamientos oficiales, pero eso no equivale a una gran prima económica por misión. De hecho, debido a que la NASA proporciona comida y alojamiento durante la misión de unos 10 días, la dieta diaria por gastos de viaje es una cantidad simbólica de aproximadamente 5 dólares (4,28 euros) al día.
El cuarto integrante de Artemis II, Jeremy Hansen, no depende de la NASA sino de la Agencia Espacial Canadiense. Y ahí la referencia oficial sí está publicada con claridad: la CSA explica en sus preguntas frecuentes que la escala salarial de sus astronautas tiene tres niveles —entrada, cualificado y sénior— y que, con datos de 2023, se mueve entre 97.100 y 189.600 dólares canadienses. Hansen, además, forma parte de la primera misión lunar tripulada con un canadiense a bordo, pero la agencia tampoco detalla ningún complemento específico por este vuelo concreto.
Artemis II es una misión activa de 10 días, con cuatro astronautas a bordo, y pasará a la historia por abrir la etapa tripulada del programa lunar de la NASA. Pero, al menos en nómina, sigue funcionando más como empleo público altamente especializado que como la fantasía salarial que muchos imaginan al pensar en astronautas.















