La empresa OpenAI se enfrenta a un nuevo frente judicial en Estados Unidos y esta vez no llega desde novelistas ni periódicos, sino desde dos pesos pesados del conocimiento de referencia: Encyclopaedia Britannica y Merriam-Webster. Ambas compañías presentaron el 13 de marzo una demanda en el tribunal federal del distrito sur de Nueva York en la que acusan a la empresa de haber usado sin permiso sus materiales protegidos para entrenar los modelos que impulsan ChatGPT. El caso, registrado como 1:26-cv-02097, se suma a la creciente oleada de litigios que intentan delimitar hasta dónde puede llegar la IA generativa al nutrirse de contenidos disponibles en la web.
El corazón de la denuncia está en una cifra que da la medida del conflicto: Britannica sostiene que OpenAI copió cerca de 100.000 artículos de sus archivos digitales. Según Reuters, la compañía afirma que esa utilización fue una “infracción masiva de derechos de autor” y que el problema no termina en la fase de entrenamiento. También asegura que ChatGPT puede generar respuestas que reproducen de forma total o parcial el contenido original, hasta el punto de competir directamente con él como sustituto informativo.
El choque entre la IA y los editores de referencia
Ahí aparece uno de los argumentos más sensibles del caso: el daño económico derivado del desvío de audiencia. La demanda sostiene que ChatGPT no funciona como un buscador tradicional que remite tráfico al editor, sino como un sistema que ofrece al usuario un resumen o una reformulación suficiente como para que nunca llegue a visitar la fuente original. Britannica llega a decir que OpenAI ha “canibalizado” su tráfico web con respuestas generadas por IA que, en la práctica, compiten con sus propias entradas enciclopédicas y definiciones. Para un editor de referencia cuyo negocio depende del valor de contenidos verificados, la acusación apunta directamente al modelo económico de la web del conocimiento.
La ofensiva legal va además más allá del copyright. Reuters y otras coberturas del caso señalan que Britannica y Merriam-Webster también alegan infracción marcaria, apoyándose en la Ley Lanham, al considerar que ChatGPT puede atribuirles información falsa o alucinada y dar la impresión de que existe una relación autorizada con sus marcas. El reproche no es menor: para compañías que basan su prestigio en la precisión, aparecer citadas en respuestas erróneas generadas por un chatbot no solo plantea una discusión jurídica, sino también un problema reputacional de primer orden.
Copyright, marcas y una batalla más amplia por el valor del contenido
OpenAI, por su parte, mantiene una línea de defensa ya conocida. Un portavoz citado por Reuters respondió que sus modelos se entrenan con datos disponibles públicamente y que ese uso está amparado por la doctrina estadounidense del fair use o uso legítimo. La empresa sostiene que sus sistemas son transformativos y que impulsan innovación, investigación y creatividad. Esa posición será una de las claves del litigio, porque gran parte de la batalla legal sobre IA en EE. UU. gira precisamente en torno a si entrenar modelos con grandes volúmenes de contenido accesible públicamente constituye un uso legítimo o una explotación no autorizada de obras protegidas.
El pleito también tiene algo de continuidad estratégica. La documentación judicial indica que Britannica pidió que el caso se considerara relacionado con un procedimiento más amplio ya abierto en Nueva York sobre copyright e IA, y varios medios recuerdan que la enciclopedia y Merriam-Webster ya habían demandado antes a Perplexity con argumentos parecidos.















