Italia se enfrenta a una realidad incómoda y por la que, de alguna manera, muchos países como España pasarán en un futuro temprano. Y es que resulta que su costa ya no puede considerarse un escenario estable, sino una infraestructura sometida a presión constante. Ciudades como Venecia, Génova, Rávena, Nápoles y Bari han dejado de ver la subida del nivel del mar como un problema futuro; es un fenómeno presente, medible y cada vez más frecuente.
Venecia, en particular, se ha convertido en el símbolo europeo de la adaptación forzosa al cambio climático. Desde 2020, el sistema MOSE actúa como la principal defensa de la laguna frente a las mareas extremas. Este sistema de barreras móviles, instalado en las tres bocas que conectan el Adriático con la laguna veneciana, aísla temporalmente la ciudad cuando el mar se desborda.
Italia ha cambiado su estrategia y advierte a España: sus ciudades costeras están construyendo nuevas barreras y muros para protegerse del avance del mar
Cuando se prevé una marea excepcional, las compuertas emergen del fondo marino y cierran el paso del agua. Si bien el mecanismo ha reducido inundaciones históricas, también ha generado un debate sobre la dependencia de una ciudad de un sistema que implica “cerrarse” del mar de forma recurrente.
Según CORDIS, el proyecto cuenta con 78 compuertas de acero, supuso una inversión de casi 6000 millones de euros y se ha activado más de cien veces entre 2020 y 2025. Solo en los primeros meses de 2026, ya se ha recurrido a él en decenas de ocasiones, lo que refleja la aceleración del fenómeno.
Este ritmo cambia la ecuación. La cuestión ya no es solo proteger Venecia, sino gestionar las consecuencias de una protección cada vez más frecuente que genera numerosas interrupciones en la navegación, alteraciones en el ecosistema lagunar -ya de por sí muy dañado- y efectos colaterales en el turismo y la actividad portuaria.
Informes como los de Deltares advierten que un aumento del nivel del mar de medio metro podría obligar a cerrar el sistema de Venecia durante semanas o incluso meses al año, lo que pondría en peligro tanto la economía local como la viabilidad ambiental de la laguna.
La investigación científica ya está explorando soluciones más amplias. Estudios publicados en revistas como Scientific Reports proponen desde el refuerzo del sistema actual hasta soluciones más radicales, como diques perimetrales o estrategias de reconfiguración parcial del territorio.
Sin embargo, el problema no se limita a Venecia. Italia cuenta con más de 8000 kilómetros de costa, y la erosión se ha convertido en una preocupación estructural. En muchas zonas, las playas retroceden mientras los temporales se intensifican. España, avisan los expertos, debería tomar nota de este tipo de problemáticas.
Algunas estimaciones difundidas por medios como Euronews apuntan a pérdidas profundas de litoral a medio y largo plazo si no se adoptan medidas más profundas. El impacto no es solo ambiental, ya que afecta directamente al turismo, a la economía local y a la estabilidad de municipios costeros enteros.
Ante este escenario, las regiones italianas están combinando soluciones tradicionales, como diques, espigones y barreras, con estrategias más flexibles, basadas en la restauración de dunas, la regeneración de playas o la recuperación de sistemas naturales capaces de absorber la energía del mar.
El cambio de enfoque es evidente. Ya no se trata solo de contener el agua, sino de convivir con ella. Italia está redibujando su relación con el Mediterráneo porque ha entendido que la costa ya no es una línea fija, sino un espacio en constante transformación. Venecia cierra compuertas, otras regiones reconstruyen sus playas y la ciencia anticipa un litoral que tendrá que reinventarse en las próximas décadas.















