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Un estadounidense compra un pueblo español por 310.000 euros y quiere convertirlo en destino turístico: 'No copio California'

El histórico poblado zamorano, abandonado desde 1989, afronta una nueva etapa con un proyecto millonario que busca recuperar sus viviendas y convertirlo en un complejo turístico.
Un estadounidense compra un pueblo español por 310.000 euros y quiere convertirlo en destino turístico: 'No copio California'
Alberto González ·
Actualizado: 12:00 31/8/2026
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Durante décadas, Salto de Castro permaneció prácticamente congelado en el tiempo. Este pequeño pueblo de Zamora, situado junto a la frontera con Portugal y en el entorno de los Arribes del Duero, perdió a sus últimos habitantes en 1989. Ahora, más de tres décadas después, un estadounidense quiere devolverle la vida con un ambicioso proyecto turístico.

Jason Lee Beckwith adquirió el conjunto por 310.000 euros y pretende rehabilitar buena parte de sus edificios para convertirlo en un complejo vacacional y residencial. La propiedad incluye 44 viviendas, además de construcciones como la antigua escuela, la iglesia, el bar y el antiguo cuartel de la Guardia Civil. La iniciativa busca transformar un pueblo abandonado en un espacio abierto a visitantes, aunque todavía queda un largo camino por recorrer antes de que el proyecto pueda hacerse realidad.

Un estadounidense ha adquirido un pueblo español por 310.000 euros con la intención de transformarlo en un destino turístico

La historia de Salto de Castro está vinculada al desarrollo de la presa de Castro. El poblado fue construido en 1946 por Iberduero, compañía que posteriormente se convertiría en Iberdrola, para alojar a los trabajadores encargados de las obras y a sus familias.

Durante años funcionó como una pequeña comunidad con los servicios necesarios para sus habitantes. Sin embargo, cuando la actividad vinculada a la presa disminuyó, la población fue abandonando progresivamente el lugar. En 1989 se marcharon los últimos vecinos y Salto de Castro quedó deshabitado.

Desde entonces, los edificios han sufrido el deterioro provocado por el abandono, el paso del tiempo y el vandalismo. El pueblo ya había despertado interés inversor en los años 2000, cuando una familia lo adquirió con la intención de desarrollar un proyecto turístico. La iniciativa no prosperó y la crisis económica de 2008 terminó complicando todavía más su futuro.

El nuevo propietario plantea ahora una transformación mucho más ambiciosa. Según explicó a El País, su proyecto contempla diferentes fórmulas de alojamiento, incluyendo un hotel o hostal y viviendas destinadas a alquileres de larga duración. También quiere recuperar la iglesia como espacio para eventos y crear una primera zona turística con alojamientos, restaurante, centro de bienvenida, piscina y áreas recreativas para los visitantes.

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La inversión necesaria será considerable. Lee calcula que la rehabilitación completa podría costar entre cuatro y siete millones de dólares, por lo que busca financiación privada y estudia la posibilidad de acceder a subvenciones del Gobierno español y de la Unión Europea.

El estadounidense, que actualmente vive con su esposa en Zamora, asegura haberse enamorado de la zona, a la que define como «el paraíso». Su intención, explica, no es importar un modelo estadounidense al territorio. «No me traigo California», ha señalado.

El proyecto también genera dudas relacionadas con el impacto ambiental. Salto de Castro se encuentra en un entorno de gran valor natural, dentro del ámbito de los Arribes del Duero y próximo a espacios protegidos integrados en la Red Natura 2000. Mientras algunos antiguos residentes y representantes locales ven la iniciativa como una oportunidad para recuperar actividad económica y atraer visitantes, organizaciones ecologistas han advertido sobre las consecuencias que podría tener una explotación turística de gran escala.

El futuro de Salto de Castro dependerá, por tanto, de que el proyecto consiga financiación y permisos y encuentre un equilibrio entre recuperación económica, conservación del patrimonio y protección del entorno natural. Si finalmente sale adelante, uno de los pueblos abandonados más singulares de Castilla y León podría pasar de ser un vestigio de la España industrial del siglo XX a convertirse en un nuevo destino turístico rural.

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