En 1984, cuando los fans de Indiana Jones se sentaron en las salas esperando una continuación directa de En busca del arca perdida, se llevaron una sorpresa: El templo maldito no solo dejaba fuera a Marion y Sallah, sino que, en términos narrativos, daba un paso atrás en el tiempo. La película no era una secuela… era una precuela ambientada en 1935, un año antes del enfrentamiento de Indy contra los nazis por el Arca de la Alianza.
¿Por qué una precuela?
La decisión fue de George Lucas, creador del personaje y productor de la saga. Según explicó años después, no quería repetir a los nazis como villanos, ni copiar la fórmula de la primera película. Había que evitar la repetición y mantener viva la frescura del cine pulp que inspiraba la saga: aventuras exóticas, misticismo y acción sin fronteras. Para ello, dar un salto atrás en el tiempo le permitía a Lucas reiniciar el tablero sin preocuparse por la continuidad inmediata.
Además, situar la historia antes de los eventos del Arca eliminaba las consecuencias lógicas que tendría para Indy haber vivido ya una experiencia tan sobrenatural: ¿cómo reaccionaría con escepticismo en películas posteriores alguien que ya vio cómo el poder divino aniquilaba a un ejército entero? Volver atrás resolvía esa inconsistencia.
Spielberg, entre luces y sombras
Steven Spielberg aceptó la propuesta de su amigo Lucas, pero no quedó del todo satisfecho con el resultado. Años después admitió que El templo maldito fue “la entrega más oscura” y que no se sintió tan emocionalmente conectado con ella. La película fue criticada por su violencia, su tono sombrío y por representar estereotipos culturales problemáticos. Aun así, su puesta en escena fue impactante: el templo subterráneo, el sacrificio ritual, el corazón arrancado en pleno latido…
Fue también la primera película en generar tanta controversia en EE.UU. que contribuyó directamente a la creación de la calificación PG-13 por parte de la MPAA, una marca que definiría al cine de acción moderno.
Un experimento que cambió el rumbo de la saga
Si bien El templo maldito no repitió el tono ligero de En busca del arca perdida, sí ayudó a demostrar que Indiana Jones podía adaptarse a contextos y enemigos distintos. La apuesta permitió que la tercera entrega, La última cruzada, recuperara a los nazis pero también se atreviera a explorar temas religiosos y familiares con más humor. Y más adelante, El reino de la calavera de cristal cambiaría de nuevo a comunistas como antagonistas.















