Elon Musk sabe que los negocios no son fáciles. Levantar una empresa desde cero nunca ha sido tarea sencilla. Y él lleva tres, como SpaceX y Tesla y la no menos importante X, integrada cada vez más en xAI gracias a Grok.
El sudafricano, polémico en sus declaraciones, sabe que emprender significa atravesar un proceso de ensayo y error constante, en el que se ponen a prueba la creatividad, los conocimientos y, sobre todo, la resistencia emocional. Y tiene una máxima: "Mucha gente piensa que crear empresas puede ser divertido… y yo diría que no lo es tanto”.
Elon Musk desvela el lado oculto del éxito: “Un CEO no hace lo que quiere, sino lo que la empresa necesita”
El fundador de Tesla y SpaceX habló sobre ello en una entrevista difundida por la Tesla Owners Silicon Valley, un grupo de seguidores y propietarios de la marca. Según Musk, el viaje del emprendedor está plagado de altibajos: “Hay épocas divertidas y otras en las que simplemente es horrible. Sobre todo, si eres el director ejecutivo y tienes que lidiar con los peores problemas”. Su visión refleja la crudeza de una realidad que suele quedar eclipsada por las historias de éxito: la del sufrimiento detrás del liderazgo.
“No tiene sentido dedicar tiempo a las cosas que van bien, así que solo se lo dedicas a las que van mal”, comenta el empresario. Lo cierto es que Musk habla con la autoridad de quien ha construido compañías que han cambiado industrias enteras: Tesla revolucionó la automoción al apostar por el coche eléctrico y la energía renovable, mientras que SpaceX ha reconfigurado el sector aeroespacial con cohetes reutilizables y proyectos como Starlink. Sin embargo, y esto es algo evidente, incluso sus logros se cimentan sobre riesgos que podían haber terminado en fracaso.
El propio Musk recuerda que la mayor parte de startups no lo consigue: “Un amigo mío dice que esto es como lanzarse al abismo. La mayoría de las startups, el 90%, fracasan”. Y los datos le dan la razón: por cada historia de éxito como Facebook, Airbnb u OpenAI, hay decenas de intentos que nunca superan los primeros años de vida. Según el informe de la consultora CB Insights, las causas más habituales son no responder a una necesidad real de mercado, quedarse sin liquidez, un equipo mal estructurado, precios poco competitivos o incluso ignorar la opinión de los clientes.
Musk describe la tensión de dirigir una empresa con palabras que rozan lo confesional: “Constantemente dices: ‘si no lo hago bien, la empresa morirá’. Puede ser bastante estresante”. En su opinión, el mayor desafío es aceptar que, como director ejecutivo, no trabajas en lo que quieres, sino en lo que la compañía necesita: “Cuando eres CEO de una empresa, debes centrarte en los problemas urgentes de la empresa, no en los que a ti te gustaría resolver”.
Esa renuncia personal, sostiene, es el precio de levantar un proyecto capaz de sobrevivir en un mercado donde la competencia es feroz y el margen de error mínimo. Lo paradójico es que, detrás de la narrativa épica que suele rodear al emprendimiento, la realidad que confirma Musk es que la mayoría de las veces se trata de navegar crisis, mantener a flote la compañía y postergar los propios deseos hasta que, con suerte, esa pequeña startup consiga consolidarse.















