La Armada de Estados Unidos se encuentra inmersa en la fase más decisiva de un proyecto que definirá su poder aéreo naval durante décadas y no, no hablamos del F-35 y sus variantes. El país conducido por Donald Trump lleva años desarrollando de su próximo caza embarcado de sexta generación. Este programa, conocido como F/A-XX, tiene como objetivo reemplazar a los veteranos F/A-18 Super Hornet y garantizar que los portaaviones estadounidenses sigan dominando un espacio aéreo cada vez más disputado y tecnológicamente sofisticado por países como China y su J-36.
En medio de esta exploración conceptual, ha surgido un diseño que no pasa desapercibido por su audacia: el SM-39 Razor. Su silueta, que recuerda a un murciélago, y sus ambiciones técnicas lo convierten en una de las propuestas más llamativas del sector aeronáutico. La firma Stavatti Aerospace, responsable de esta idea, plantea un caza bimotor con fuselaje integrado y un esquema de ala-cuerpo radical, pensado para operar desde portaaviones y adaptarse a despegues cortos, aterrizajes forzados y alta resistencia estructural.
EE.UU. presenta el SM-39 Razor, caza de sexta generación: un ‘murciélago’ con Match 4 y tecnología de vanguardia
El SM-39 Razor no solo presume de un diseño innovador, sino que también promete avances técnicos significativos dentro del competitivo mundo de la tecnología militar de combate. Este avión furtivo aspira a alcanzar velocidades hipersónicas, con un supercrucero estimado en Mach 4, superando ampliamente los límites actuales de la aviación naval. Además, se espera que ofrezca gran autonomía, una carga interna considerable y la capacidad de desempeñar funciones de superioridad aérea, ataque y guerra electrónica, convirtiéndose en una plataforma multifunción para los escenarios de combate modernos.
Eso sí, los expertos en aeronáutica advierten que estas prestaciones conllevan desafíos considerables, sobre todo en elementos difíciles de sortear en la construcción de este tipo de aeronaves tan avanzadas. Por ejemplo, alcanzar velocidades tan extremas con motores turbofán plantea problemas críticos de gestión térmica, flujo de aire y firma infrarroja, factores cruciales para mantener el sigilo y la operatividad en misiones reales. Por otro lado, Stavatti Aerospace, conocida por sus conceptos visionarios, aún no ha producido prototipos operativos, lo que genera dudas sobre la viabilidad inmediata del SM-39 dentro del programa F/A-XX.
Aunque la Marina estadounidense no ha confirmado oficialmente que el Razor haya sido presentado como propuesta formal, su aparición en el debate público ilustra la delgada línea entre la imaginación y la realidad industrial. Frente a gigantes como Boeing y Northrop Grumman, Stavatti Aerospace representa la vertiente más especulativa del combate aéreo futuro: una prueba de hasta dónde puede llegar la creatividad antes de chocar con las leyes de la física y los desafíos de la ingeniería naval moderna. El SM-39 Razor, con su estética de murciélago y promesas de rendimiento extremo, encarna tanto la fascinación como el escepticismo que rodea a la aviación de sexta generación. Solo queda ver si funciona.















