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La imaginación no es solo cosa de humanos, un primate ha demostrado poder distinguir entre realidad y ficción

El próximo paso es ampliar la muestra y comprobar hasta qué punto esta habilidad aparece sin entrenamiento intenso.
La imaginación no es solo cosa de humanos, un primate ha demostrado poder distinguir entre realidad y ficción
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Actualizado: 14:45 12/2/2026
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Durante años, la imaginación se ha tratado como una frontera limpia: los animales resuelven problemas y aprenden rutinas, pero “hacer como si” —sostener en la cabeza una escena que no está ocurriendo— sería terreno humano. Un trabajo recién publicado en Science empuja esa línea hacia atrás en el árbol evolutivo con un protagonista muy concreto: Kanzi, un bonobo conocido por su comunicación con lexigramas, que ha demostrado en laboratorio algo parecido a la versión primate de un café imaginario.

El equipo diseñó una batería de pruebas deliberadamente sencilla, casi doméstica, para evitar el truco fácil de la “imitación sin comprensión”. En una de ellas, un investigador fingía verter zumo en uno de varios vasos transparentes… vacíos. Después, se pedía a Kanzi que eligiera el vaso “con” zumo. Aun sin recompensa en la mayoría de ensayos, acertó en 34 de 50 ocasiones (un 68%), muy por encima de lo esperable por azar, según describen los autores.

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Ficción y realidad en paralelo

La parte más fina del resultado llegó cuando lo enfrentaron a una disyuntiva incómoda: ¿trataría igual el juego que la realidad? No. En un seguimiento, cuando pudo elegir entre “zumo” fingido y zumo real, prefirió el real en 14 de 18 ensayos (78%). Esa diferencia importa porque sugiere que el bonobo no estaba confundiendo el mundo: mantenía a la vez dos representaciones, la física (vaso vacío) y la ficticia (vaso con contenido imaginado), y sabía cuándo convenía cada una.

La lógica se repitió con comida: uvas que no existían, colocadas “de mentira” en recipientes transparentes. Kanzi volvió a señalar la localización correcta en torno a siete de cada diez intentos, lo que para los investigadores encaja con un concepto clásico en psicología del desarrollo: las “representaciones secundarias” o desacopladas, la capacidad de pensar algo que contradice lo que entra por los sentidos y aun así tratarlo como una hipótesis operativa.

El peso de la enculturación

De ahí a reescribir la historia de la imaginación hay un salto, y el propio debate lo recuerda. Kanzi no es “un bonobo cualquiera”: ha vivido en un entorno intensamente humano, con entrenamiento comunicativo y una familiaridad excepcional con juegos de interacción. Esa “enculturación” es justo lo que hace valioso el caso —porque permite probar el potencial cognitivo— y, a la vez, lo que obliga a prudencia al extrapolar a bonobos salvajes o a otros grandes simios sin ese tipo de historia vital.

Aun así, el hallazgo tiene un filo difícil de ignorar: si un gran simio puede seguir un “como si” con reglas, sin premio inmediato y distinguiendo ficción de realidad, quizá la imaginación no nació de golpe con el lenguaje moderno, sino que se apoyó en piezas más antiguas que ya estaban ahí, listas para amplificarse. El próximo paso, señalan varios textos de apoyo al estudio, es ampliar la muestra y comprobar hasta qué punto esta habilidad aparece sin entrenamiento intenso: no para “humanizar” a los bonobos, sino para entender mejor qué parte de nuestra mente viene, literalmente, de antes de que fuéramos nosotros.

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