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Biólogos descubren que el tiburón blanco ‘entrena’ y muda sus dientes: los hace más letales para atacar presas más grandes

Sus herramientas —en este caso, la dentadura— evolucionan dentro de una misma vida para responder a nuevas exigencias.
Biólogos descubren que el tiburón blanco ‘entrena’ y muda sus dientes: los hace más letales para atacar presas más grandes
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Actualizado: 11:00 1/2/2026

Los tiburones blancos no usan siempre la misma dentadura a lo largo de su vida. Un estudio con casi un centenar de ejemplares revela que, al crecer, desarrollan un “nuevo tipo” de diente, más grueso y aserrado, diseñado para cortar carne densa e incluso hueso. El hallazgo, publicado en Ecology and Evolution, explica cómo la boca del gran depredador se reorganiza para acompañar un cambio radical de dieta.

La investigación, liderada por científicos de la Universidad de Sídney, analizó mandíbulas completas —no solo piezas sueltas— de tiburones blancos que iban desde juveniles de poco más de un metro hasta adultos de más de cuatro. Ese enfoque permitió ver patrones funcionales que se pierden cuando se estudian dientes aislados: qué hace cada pieza según su posición y cómo cambia su diseño con la edad.

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De agujas a cuchillas

Los tiburones, como grupo, muestran una enorme diversidad dental: desde dientes finos para sujetar presas resbaladizas hasta “molares” aplanados para triturar caparazones. En el caso del tiburón blanco, los juveniles presentan dientes más delgados, a menudo con cuspletas (pequeñas proyecciones laterales) que mejoran el agarre de peces y calamares.

El punto de inflexión llega alrededor de los 3 metros de longitud corporal. A partir de ahí, las cuspletas desaparecen y los dientes se vuelven más anchos, robustos y claramente serrados. Es el momento en que el animal incorpora de forma habitual mamíferos marinos a su menú: presas grandes y rápidas que exigen capacidad de corte, no solo sujeción.

Una boca con “zonas de trabajo”

El estudio detecta además una división de tareas dentro de la mandíbula. Los seis dientes frontales de cada lado mantienen una forma triangular relativamente simétrica, adecuada para clavar y empezar el corte. Más atrás, las piezas se estilizan en cuchillas pensadas para rasgar y seccionar.

Hay incluso dientes “especialistas”. Los cuatro centrales (dos a cada lado) son más gruesos en la base y parecen absorber el impacto inicial del mordisco. En cambio, el tercer y cuarto diente superiores son algo más cortos y angulados, lo que sugiere un papel clave en retener a la presa mientras el resto de la dentadura hace su trabajo. También se aprecian diferencias sistemáticas entre mandíbula superior e inferior: la de abajo prioriza agarrar, la de arriba cortar y desmembrar.

Los tiburones reemplazan dientes de forma continua, como una cinta transportadora. Ese recambio no solo compensa pérdidas: permite “actualizar el diseño” conforme cambia la ecología del animal. En el tiburón blanco, la transición dental acompaña una mudanza de nicho —de cazador de peces a especialista en grandes presas— y explica por qué los adultos pueden seccionar tejidos duros y hueso con tanta eficacia.

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