La industria automotriz europea atraviesa un punto de inflexión histórico. Los gigantes Mercedes-Benz, BMW y Volkswagen se enfrentan a una transformación radical que amenaza con redefinir un siglo de tradición y prestigio. La digitalización y la electrificación no solo están cambiando los coches que fabrican, sino también la manera en que los producen, venden y conciben su propio futuro, desafiando los cimientos de marcas que durante décadas marcaron el estándar global del automóvil.
Un estándar global que lleva meses cambiando. Tesla irrumpió primero, mostrando que la movilidad eléctrica y el software integrado podían redefinir por completo la experiencia de conducir. A ellos, en plena crisis y buscando nuevas vías de fabricación comercial, se suman fabricantes chinos como BYD, NIO y XPeng, que no solo apuestan por eléctricos, sino que combinan conectividad avanzada, conducción autónoma y modelos de negocio innovadores. Las tres veteranas europeas se ven obligadas a acelerar su transición, replantear sus líneas de producción y reinventar su identidad para no perder relevancia en un mercado donde la tradición ya no garantiza liderazgo.
El futuro del automóvil europeo se escribe ahora en clave eléctrica y digital: un terreno donde la historia pesa, pero la innovación dicta quién sobrevivirá y quién quedará como testigo de su propio legado.
Moritz Schularick alerta: “BMW, Mercedes y Volkswagen desaparecerán tal y como las conocemos”
Hoy, estas trayectorias centenarias se enfrentan a un giro radical: la movilidad eléctrica, la conducción autónoma y la digitalización de los sistemas vehiculares están obligando a repensar la fabricación, la logística y los modelos de negocio. Nuevos actores, especialmente compañías tecnológicas y fabricantes chinos, avanzan a gran velocidad, poniendo bajo presión a los históricos europeos. La competitividad ya no se mide solo por motores o chasis, sino por baterías, eficiencia energética, software integrado y capacidad de innovación.
El economista Moritz Schularick advirtió que sin una adaptación acelerada, Mercedes, BMW y Volkswagen podrían perder su posición dominante antes de 2030. Para él, la transición no consiste solo en cambiar motores de combustión por eléctricos: exige una reconfiguración profunda de toda la industria, con procesos, cadenas de suministro y modelos de negocio reinventados.
Los datos no mienten. BMW, Mercedes‑Benz y Volkswagen atraviesan un retroceso económico claro en los últimos tres o cuatro años. En 2024, BMW vio caer sus ingresos un 8,4 % y su beneficio neto un 37 %, con especial debilidad en China. Mercedes‑Benz sufrió en el segundo trimestre de 2025 una caída del 68 % en su EBIT, mientras sus ventas globales bajaron un 9 %. Volkswagen registró un descenso del 15 % en su beneficio operativo y una caída del 3,5 % en ventas. Pueden parecer caídas pequeñas, pero nada más lejos de la realidad: son el síntoma de un problema más profundo.
La industria, afianzada en el pasado y el legado, defienden su resiliencia y su experiencia acumulada, mientras la política alemana asegura la continuidad de un sector vital para la economía nacional. Sin embargo, la realidad es clara: la próxima década definirá si estos gigantes centenarios logran reconvertirse o ceder ante la velocidad de un mercado global en plena revolución tecnológica.















