En los canales del sur de Ciudad de México hay una parada que parece diseñada por un director de terror: una chinampa donde cuelgan cientos —y, según recuentos habituales, más de un millar— de muñecas descoloridas, sin ojos o partidas por el sol y la humedad. La llaman Isla de las Muñecas, y su efecto es inmediato: ese silencio de humedal, el crujido de las ramas y una colección de miradas de plástico que convierte cualquier paseo en una escena inquietante.
Este emplemático lugar ha salido en la útlima temporada de la serie de Netflix Miércoles, de hecho el videoclip completo de Lady Gaga The Dead Dance se grabó también allí.
Lo llamativo es que, antes que “isla maldita”, es un fragmento de Xochimilco: un sistema de canales y chinampas que forma parte del sitio UNESCO “Centro histórico de México y Xochimilco”. La propia UNESCO explica por qué este paisaje es excepcional: islas agrícolas construidas por mano humana, productivas y sostenibles, que sobrevivieron siglos como una tecnología de cultivo adaptada al lago. La Isla de las Muñecas se incrusta en ese mismo mapa patrimonial, aunque su fama venga de otra parte.
Del lugar patrimonial al mito
La historia “real” (la que se puede rastrear) tiene nombre y apellidos: Julián Santana Barrera, un agricultor que vivió allí durante décadas y empezó a colgar muñecas como práctica personal, recogidas de basura, mercados o donaciones de visitantes. Con los años, el lugar se volvió un montaje de arte popular involuntario, y tras la muerte de Santana en 2001 la familia mantuvo las visitas, reforzando el mito alrededor de su creador.
Luego está la leyenda, que es la gasolina del sitio: una niña ahogada en los canales, un muñeco flotando que “pide” ser colgado y una presencia que, supuestamente, no deja en paz al cuidador. Incluso fuentes que relatan el caso con detalle admiten el punto clave: no hay documentación concluyente sobre aquella niña; lo que ha sobrevivido es la tradición oral y el relato repetido por generaciones de remeros y visitantes, que funciona porque encaja con el escenario.
El “miedo controlado” y cómo visitarlo
Por eso la Isla de las Muñecas se ha convertido en un imán para el llamado dark tourism: viajar a lugares asociados a lo macabro, la tragedia o la muerte, a veces por curiosidad, otras por el “subidón” de miedo controlado. La definición académica de Philip Stone —sitios vinculados a muerte, sufrimiento o lo “aparentemente mórbido”— describe bastante bien lo que ocurre aquí: el visitante no viene a “ver muñecas”, viene a probar una sensación.
Si alguien quiere ir, lo habitual es hacerlo en trajinera desde embarcaderos como Cuemanco (zona ecológica), pactando precio y destino antes de salir y preguntando de forma explícita por la “isla original” porque abundan rutas y paradas pensadas para turistas. Y merece la pena cuidar el contexto: Xochimilco no es un parque temático, es un humedal presionado por urbanización y turismo; escoger recorridos que respeten el entorno (y no convertir la visita en un vertedero de muñecas nuevas) ayuda a que el lugar siga siendo raro por su historia, no por el daño que le hacemos hoy.















