Una moneda de plata enterrada hace más de cuatro siglos ha permitido resolver con una precisión inédita uno de los episodios más trágicos de la presencia española en Sudamérica. Arqueólogos que trabajan en el estrecho de Magallanes han localizado el punto exacto de Ciudad del Rey Don Felipe, una colonia fundada en 1584 por Pedro Sarmiento de Gamboa y condenada casi desde el principio por el hambre, el aislamiento y el clima extremo. El hallazgo no solo devuelve al mapa un asentamiento perdido: también encaja de forma casi perfecta con las crónicas del siglo XVI.
La pieza encontrada no era una moneda cualquiera. Se trata de un real de a ocho acuñado en 1584 que apareció sobre una piedra en los cimientos de la iglesia del enclave, justo donde los relatos de la época decían que se había depositado durante la ceremonia fundacional. Esa coincidencia convierte el descubrimiento en algo mucho más valioso que un objeto antiguo: es una prueba material que conecta de forma directa el relato escrito de Sarmiento de Gamboa con la evidencia arqueológica actual.
Una prueba material que encaja con la crónica
La colonia había nacido con una ambición estratégica enorme. La Corona española quería asegurar el control del paso entre el Atlántico y el Pacífico en un momento en que el estrecho de Magallanes se había vuelto especialmente sensible tras las incursiones de corsarios ingleses como Francis Drake. Pero aquella apuesta imperial se convirtió muy pronto en una catástrofe. De los cerca de 350 colonos que llegaron al lugar, la inmensa mayoría murió en pocos años por hambre, enfermedad y exposición al frío, hasta el punto de que el asentamiento acabaría siendo recordado como Puerto del Hambre.
El valor del hallazgo está también en lo que permite reconstruir a partir de ahora. Al identificar con seguridad la ubicación de la iglesia, los investigadores ganan un punto fijo desde el que intentar ordenar el resto del urbanismo del asentamiento, localizar otras estructuras y comprobar hasta qué punto los mapas históricos reflejaban de verdad la distribución de la colonia. Esa es una de las razones por las que los arqueólogos hablan de un hallazgo excepcional: no cierra la historia, pero sí ofrece una base mucho más firme para reescribirla.
La iglesia como punto de partida del puzle
Además, el descubrimiento refuerza la utilidad de combinar documentación histórica con herramientas arqueológicas contemporáneas como la geolocalización y la detección metálica. Esa misma estrategia ya había dado resultados en campañas anteriores en la zona, y ahora vuelve a demostrar que los textos del XVI no eran solo narraciones más o menos literarias, sino también guías sorprendentemente precisas para rastrear el terreno. La moneda, en ese sentido, funciona casi como una firma dejada bajo tierra por el propio acto fundacional de la ciudad.















