Bouvet está en la otra punta del mundo. Sí, de forma literal y figurada. Alejada de casi cualquier atisbo de civilización, hablamos de una pequeña isla de tan solo 49 kilómetros cuadrados. De naturaleza volcánica, está recubierta por glaciares y su paisaje es inhóspito y hostil. Territorio dependiente de Noruega, se encuentra en la zona sur del océano Atlántico y según los expertos, puede ser vital para conocer el clima de la Antártida y ayudarnos a predecir cómo nos afectará el cambio climático como especie en un futuro. Además, ha sido protagonista de historias muy extrañas y desapareció durante décadas de los mapas.
Bouvet: la isla deshabitada más remota del planeta y también la más importante
El cambio climático es una realidad que puede convertirse en apocalíptica para las generaciones futuras. La Tierra está experimentando una serie de cambios bruscos en temperaturas, que producen fenómenos atmosféricos muy bruscos y que, a su vez, pueden despertar amenazas impredecibles con el avance del deshielo. Bouvet, la isla deshabitada más remota del planeta, puede ayudarnos a comprender cómo está afectando este cambio de paradigma a las especies que viven en el planeta y cómo podemos sofocarlo, atajarlo o combatirlo -si es que existe esa posibilidad-.
¡Buenos días!
— cristian leporati (@cleporati) October 24, 2021
La isla del fin del mundo 🐧❄️.
La isla Bouvet es una isla volcánica sub-antártica deshabitada que pertenece a Noruega, y es la más remota del mundo ya que no hay tierra firme ni islas en 1750 km a la redonda. Está situada en el Atlántico Sur. #FelizDomingo 🙂 pic.twitter.com/0RjyeL5ljK
Situada a 2520 kilómetros al suroeste del cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica), Bouvet se encuentra alejada a miles y miles de kilómetros de cualquier civilización. No hay nada allí. No hay ningún interés económico. Pero su naturaleza aislada puede ser vital de cara al futuro. Según comentan en BBC, los expertos que han llegado a ella afirman que es una isla tan impresionante como hermosa, si bien trabajar en ella es peligroso.
"E impresionante y hermosa. Y trabajar en ella es aterrador", explican desde el citado medio inglés. Bouvet tiene una increíble historia detrás. La isla fue descubierta por primera vez en 1739 por el comandante francés Jean-Baptiste Charles Bouvet de Lozier, pero un error en la anotación hizo que se le perdiera el rastro durante décadas.
En 1808, el ballenero británico James Lindsay la volvió a encontrar por azares del destino, y desde mediados del siglo XX, se considera como una de las pocas reservas naturales casi completamente vírgenes -a excepción de una pequeña estación meteorológica-, aunque su leyenda la relaciona con múltiples historias de barcos perdidos, pruebas armamentísticas o incluso bases nazis ocultas y levantadas durante la Segunda Guerra Mundial. Bouvet es muy pequeña, y en su reducida extensión de terreno habitan pingüinos, lobos marinos, petreles blancos, albatros de caja negra, orcas y ballenas jorobadas, entre otras muchas especies, siendo poseedora de una gran biodiversidad. Es por eso que es vital de cara al estudio del cambio climático y la ecología de la Antártida.
La isla es un paraíso para los investigadores y científicos, que creen que su localización (a unos 1600 kilómetros al norte de la Antártida) podría ayudarlos a comprender y recabar información sobre cómo era el clima en el continente helado. Todo se debe a su particular localización geográfica, pues le permite recibir vientos del oeste que circulan de oeste a este en la Antártida, vitales para el ascenso de las aguas calientes en el océanos. "Sabemos, debido a observaciones recientes, que estos vientos han venido fortaleciéndose. Pero estos registros solo tienen 30 o 40 años", indica a la BBC Liz Thomas, investigadora del Instituto Antártico Británico. Si la investigación sigue su curso, los expertos podrán comprender qué se oculta tras este islote que ha sido protagonista de novelas, historias de marineros y múltiples leyendas varias durante décadas.















