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Conexión Japón

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Leo Carrascosa, nuestro corresponsal en Japón, nos cuenta sus experiencias. Anécdotas, curiosidades y artículos relacionados con el mundo de los videojuegos desde el día a día de un español en Japón.

Éxodo al sur

De viaje a la ciudad de Ehime, más curiosidades niponas.
Éxodo al sur
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Actualizado: 12:10 22/8/2019

En primer lugar quería agradecer a todos vuestros comentarios de apoyo ante la tragedia ocurrida en Japón y las múltiples consecuencias que ha tenido. Durante la semana pasada en Tokio la ansiedad era parte de la vida de muchos, especialmente la de los extranjeros viviendo en la capital nipona (entre los que me incluyo). Y no es para menos cuando el tratamiento de las circunstancias que rodean a la central nuclear son tratadas de muy diferentes maneras por la prensa internacional y nacional. Para unos estábamos cerca del apocalipsis, para otros no pasaba nada. Y entre medias de esa desinformación me encontraba yo y muchos otros. Viendo que la situación apuntaba a una incertidumbre mayor, y mientras los temblores se repetían con demasiada frecuencia, mi chica y yo decidimos pasar unos días con su familia en el sur, para ser concretos en la prefectura de Ehime.

Dejando un poco de lado el ambiente oscuro que se cierne sobre las cabezas de los que aún seguimos aquí, intentaremos volver a la normalidad de la sección. Pues bien, como os decía, aprovechando que el lunes también era fiesta pasamos unos días en el sur. Debido al elevado precio de Shinkansen (tren bala) y los aviones, optamos por un largo viaje en autobús. En Japón hay muchas compañías de autobuses, y muchos autobuses normales, pero cuando subí al que nos correspondía creí encontrarme en un salón de la aristocracia. El vehículo estaba completamente adornado con una serie de cortinas que simulaban en terciopelo azul marino, galardonas con unos bonitos ribetes dorados que le daban un toque de esplendor único. Junto a ellas podíamos encontrar en el techo unas pequeñas lámparas colgantes que parecían de cristal. Nada más entrar y ver el panorama con una persona sentada al final del autobús, justo en el lugar del medio, me sentí como un plebeyo que va a recibir audiencia con el rey Luis XIV, por lo menos.

Las cortinas con clase es algo que puedo entender, pero las lámparas del techo me dejaron asombrado y confundido. Es decir, ¿para qué poner esta parafernalia en el autobús? Y más teniendo en cuenta que el autobús se mueve mucho y como consecuencia podemos oír el tintineo constante durante todas las horas del viaje. Puede que todo sea una cuestión de apariencia, para que podamos decir: "sí, voy en un mísero autobús, pero mira qué autobús".

Una vez hemos llegado al destino, y vuelto al siglo XXI, otra de las curiosidades del viaje aparece ante mis ojos. Un coche, con su conductor, su volante, sus ruedas, su televisor, su… Espera. Allí estaba un conocido de mi chica, conduciendo su vehículo, parado en un semáforo, viendo una pequeña televisión de unas diez pulgadas que sale del salpicadero. Tras preguntar sobre este hecho, me comentan que ciertos coches pueden solicitarse con la televisión oportuna. Al parecer esta televisión no funciona cuando el coche está en movimiento, pero algunas personas solicitan a los fabricantes que les quiten el bloqueo. Así que, mientras en Europa hablar con el móvil se considera una falta grave debido a la distracción que supone hablar por el teléfono, en Japón algunos directamente ven la televisión.

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Sin embargo, estás cosas no están permitidas, como tampoco está permitido el conducir bajo los efectos del alcohol. La multa por esta última conducta es bastante elevada, y tras cenar en un restaurante y compartir varias copas con los comensales, llega la última curiosidad del viaje.

En algunos lugares fuera de las grandes urbes de Japón como Tokio u Osaka, en las ciudades más pequeñas como era el caso, ciertos restaurantes tienen un servicio especial por si quieres salir y beber más de la cuenta. Conducir el coche, además de una imprudencia, puede hacer que termines con tus huesos en la cárcel y con un multa de miles de euros. Pues bien, en algunos restaurantes te llevan a casa. Es decir que una persona conduce por ti hasta tu casa, mientras tú si quieres duermes la mona en los asientos traseros. Seguido de tu coche irá otro con un empleado del restaurante, encargado de recoger al que conduce tu coche cuando llegue a su destino. Por supuesto, este servicio no es gratuito, de hecho es bien parecido al importe que te podría cobrar un taxi, y sólo lo ofrecen ciertos lugares de ciudades más pequeñas, donde la distancia del restaurante a casa no lleva más de 15 minutos. A pesar de su precio, me parece una medida muy interesante si puedes permitírtelo y seguro que habrá salvado más de una vida.

Y éstas han sido algunas de las curiosidades que uno encuentra cuando sale de la gran urbe unos días. Aparte de ello, los 16 grados centígrados y que tu cama no vibre debido a un temblor cada día de madrugada, también hace que nos podamos relajar un poco después de la horrible semana pasada.

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