No sería exagerado decir que Vampire Survivors es uno de los juegos indie más importantes e influyentes de los últimos años. A fin de cuentas, ha inspirado a todo un subgénero y raro es el mes en el que no aparece alguna propuesta que siga la estela de su exitosa fórmula. Si bien lo lógico habría sido pensar que poncle trabajaría en una secuela, el estudio nos ha sorprendido con Vampire Crawlers un spin-off de lo más inesperado: un dungeon crawler con combates por turnos basado en la construcción de mazos. A pesar de lo extraño que podría parecer este giro, os podemos asegurar que tras haber probado su demo del último Steam Next Fest acaba de pasar a convertirse automáticamente en uno de nuestros juegos más esperados. ¿Los motivos? Simplemente tenéis que seguir leyendo.
Un roguelite increíblemente adictivo y con un diseño magistral
Así pues, nos encontramos con un nuevo roguelite que adapta todo lo visto en Vampire Survivors a las mecánicas propias de un deck builder. Esto significa que el título reutiliza escenarios, sprites, sistemas, personajes y enemigos, pero llevándolos as un terreno muy diferente. De hecho, aquí nuestro objetivo no es sobrevivir durante 30 minutos, sino explorar los diferentes pisos de una serie de mazmorras hasta llegar al final, donde nos espera un gran jefe al que deberemos derrotar.
Un detalle muy llamativo es que estas mazmorras las exploramos desde una perspectiva en primera persona que hace gala de una interfaz muy retro completamente inspirada en los dungeons crawlers más clásicos, una inspiración que también se aprecia en la forma en la que nos movemos por el mapa, ya que cada paso que damos nos desplaza una "casilla" o "cuadrícula".
Por lo general, el minimapa nos muestra de forma muy clara el diseño del piso en el que nos encontramos y los diferentes puntos de interés que hay en él, incluyendo la posición de los enemigos, de los tesoros, de los minijefes, de ciertos eventos y hasta de la salida, la cuál siempre está custodiada por un gran monstruo.
Gracias a esta información, podemos planificar nuestra estrategia, decidir nuestra ruta y tomar las decisiones pertinentes que irán dando forma a nuestra partida. La opción de explorarlo y hacerlo todo siempre es tentadora, ya que eso supondrá subir de nivel, volvernos más fuertes y obtener jugosas recompensas que muy probablemente nos acaben viniendo realmente bien, pero ese enfoque también conlleva tomar riesgos que quizá acaben por condenar a nuestra incursión si las cosas no terminan de salirnos tal y como teníamos planeado.
Al tratarse de un deck builder, los combates tienen lugar por turnos mediante el uso de cartas. Su planteamiento es, en apariencia, sencillísimo: cada turno, robamos una mano de varias cartas que podemos usar hasta que nos quedemos sin ellas o no podamos utilizar las restantes por falta de recursos. Por supuesto, cada naipe tiene un coste de maná y nuestras reservas son limitadas, aunque se recargan al máximo tras cada turno, una limitación con la que tenemos que jugar constantemente.
Otra mecánica importantísima la tenemos en el hecho de que podemos crear combos si utilizamos cartas que tengan un coste ascendente, lo que provocará que vayan fortaleciéndose a medida que alargamos la cadena. Obviamente, huelga decir que los naipes tienen toda clase de efectos distintos y encontrar las sinergias entre ellos y la mejor forma de utilizarlos será nuestra mayor prioridad a la hora de confeccionar nuestro mazo, al cuál podremos sumar nuevas tarjetas a medida que subamos de nivel y encontremos tesoros.
Pero la auténtica locura llega en el momento en el que entran en juego las gemas. Al conseguir una, podremos insertarla en las ranuras de nuestras cartas para aplicarles modificadores y efectos añadidos de toda clase. Estos van desde cosas como que aumenten nuestro atributo de ataque hasta que vuelvan a nuestra mano tras usarlas, que dupliquen el daño que hacen o que podamos robar del mazo, por mencionar tan solo unos poquísimos ejemplos de los muchos que podríamos comentar.
Todo esto da como resultado un sistema de combate increíblemente profundo, bien pensado y diseñado que favorece builds totalmente rotas y tremendamente satisfactorias a poco que tengamos algo de suerte, dominemos sus mecánicas y sepamos qué es lo que estamos haciendo exactamente.
A medida que experimentamos, descubrimos sinergias, desarrollamos estrategias y aprendemos a jugar, notaremos una mejora constante como jugadores, algo que resulta excepcionalmente gratificante y que siempre nos anima a seguir intentándolo, lo que crea un bucle divertidísimo y muy adictivo que funciona con la precisión de un reloj.
Por si no fuese suficiente, todo se ve reforzado por un sistema de progresión prácticamente idéntico al de Vampire Survivors: con las monedas que obtenemos en cada partida podemos desbloquear mejoras permanentes y nuevos personajes (cada uno de ellos tiene su propio mazo inicial, una carta única de personaje y una pasiva exclusiva) y al completar ciertos logros y objetivos ganaremos acceso a más contenidos, como nuevas mazmorras o cartas, por lo que nuestro abanico de opciones y posibilidades estratégicas no deja de expandirse para ir aportando nuevos sabores y dinámicas a cada una de nuestras incursiones.
Algo que también nos ha gustado mucho es que las partidas duran entre 20 y 30 minutos y el ritmo de las mismas no podría ser más ágil, con combates que se suceden a toda velocidad y con un dinamismo inusitado que le sienta de fábula, por no hablar de los diferentes eventos y secretos que vamos a descubrir al explorar.
Evidentemente, hay más cosas a tener en cuenta en una incursión, como ciertas cartas consumibles que incrementan nuestros atributos para toda la partida, saber defendernos con cartas de armadura o descubrir las combinaciones de naipes que podemos sacrificar en ciertos altares para crear las tarjetas más poderosas de todo el juego, pero son cosas que se van asimilando poco a poco y de manera progresiva con el paso de las horas.
En lo que respecta a su apartado gráfico, cabe decir que, pese a su simplicidad y el cambio de perspectiva, funciona genial y es puro Vampire Survivors, aunque lo que más nos ha gustado es, sin duda, su apartado sonoro, cuya banda sonora anima de fábula cada partida con unas composiciones tremendamente pegadizas y que se comportan de manera dinámica, alterando sus ritmos y la instrumentación dependiendo de si estamos explorando o pegándonos contra monstruos.
¿Uno de los próximos bombazos indie?
Como veis, esta demo es tan solo una pequeña porción de lo que será el juego final, pero ya nos deja muy claro que Vampire Crawlers es un título con un diseño exquisito y que hace suyo el lema de "fácil de jugar, difícil de dominar". De hecho, ahora mismo nos cuesta muchísimo encontrarle algún fallo o pega, ya que lo único que se nos ocurre mencionar son algunos bugs con los que nos hemos topado, algo completamente normal al tratarse de un producto todavía en desarrollo y que ni siquiera tiene fecha de lanzamiento aproximada anunciada. Resumiendo: parece que poncle lo ha vuelto a hacer y si la versión completa está a la altura de lo que hemos visto aquí, no tenemos ninguna duda de que acabará por convertirse en uno de los próximos bombazos del panorama indie.
Hemos escrito estas impresiones tras descargar y jugar a la demo publicada en Steam por motivo del Steam Next Fest 2026.















