La diversión inmediata y arcade de Crazy Taxi perdura 27 años después de su lanzamiento. Hay un motivo por el que su premisa, llevar a los pasajeros a su destino lo más rápido posible, se haya recogido como minijuego en muchos títulos que no han conseguido imitar sus satisfactorias sensaciones. Hay un motivo por el que en esos bares gaming que surgen como setas en las capitales comparte espacio con otros iconos de las recreativas como Metal Slug, Virtua Tennis y Time Crisis. Hay un motivo por el que el clásico de SEGA se merecía volver. Pero, ¿era necesario? ¿Hay siquiera espacio en esa fórmula a prueba de bombas para que Crazy Taxi: World Tour aporte algo que no sea superfluo? La respuesta la encontraréis a continuación.
Tiene algo de cómico, como el propio Crazy Taxi, que la demo de Gamescom transcurriera en una ciudad inspirada en Alemania. World Tour, como su nombre indica, nos llevará más allá de las calles de San Francisco del juego original, aunque esa fase que ya es historia de los videojuegos vuelve, con retoques, con el nombre de Costa Oeste. El objetivo principal en cualquiera de ellas y en las que quedan por anunciar es el mismo de siempre: una lucha frenética contra el temporizador que indica si llegaremos a tiempo al destino del pasajero y que amenaza con cortarnos el combo (y por tanto, la puntuación y el dinero) si no recogemos rápidamente a otro cliente.
World Tour conserva esa estructura básica y divertidísima, y también la conducción arcade. Hay cambios: más maniobras, un derrape más accesible, varios turbos. Tenemos que jugar más para valorar si la pureza y las maniobras más técnicas del original se diluyen a favor de la accesibilidad o si las nuevas opciones tienen profundidad en sí mismas. Sí detectamos que el vehículo tiene menos peso e impacto, a pesar de que se motiva a arrasar con farolas, papeleras y otros elementos del decorado para sumar puntos, aunque habrá varios taxis en la versión final que quizá ofrezcan diferentes sensaciones a los mandos.
El Crazy Taxi de siempre, The Offspring incluido
Aunque no nos parezca tan afinada como en el juego clásico, la conducción es satisfactoria. Nos sentimos como en casa esquivando el tráfico, saltando por parques y provocando que los transeúntes hagan saltos de portero para evitar ser atropellados mientras moviámos la cabeza al ritmo de Bad Religion y The Offspring; una experiencia nostálgica que ojalá no se quede en la morriña y de espacio para el punk actual (SEGA, echadle un vistazo a Amyl and the Sniffers).

La ciudad por la que condujimos como si quisiéramos perder todos los puntos del carnet en tiempo récord es un pastiche de la arquitectura alemana: no faltaba la catedral de Colonia, zonas que recordaban a los pintorescos pueblos de Europa Central, castillos que parecían sacados de la fantasía medieval y tiendas con logos de Puma y ZWILLING; la publicidad explícita siempre ha sido una seña de identidad de la saga. Ya veremos si el tiempo consigue que este escenario sea tan icónico como el original, pero la estructura convence: habrá que recorrerla muchas veces para conocer todos sus callejones, las plazas sin salida, los atajos y las pendientes por las que saltar para sortear varias carreteras por los cielos.
Misiones disparatadas para ganarse la vida
En Alemania, la Costa Oeste y los demás mapas no habrá solo clientes solicitando nuestros servicios como taxista. La gig economy ha llegado a Crazy Taxi, así que también habrá que ganarse la vida con otros encargos. Son misiones ofrecidas por un plantel de personajes histriónicos y con el humor absurdo por bandera: fáciles de cumplir, pero que requieren cierta habilidad para conseguir la máxima puntuación. Hemos llevado a su destino una torre de pizzas (¿un guiño a Radical Bikers?); hemos ayudado a reciclar papel destrozando cientos de contenedores mientras la cliente absorbía la basura con una aspiradora; hemos reunido a tipos con un inquietante traje de conejo; y hemos conseguido que un enamorado se suba a un avión en marcha, ramillete de flores en mano, al que llegamos por los pelos mientras esquivábamos las embestidas de los coches de policía que lo perseguían.

Por su planteamiento, por lo inmediatas que son y por el tono jocoso que tienen, nos parecen una buena adición a la fórmula, pero al introducir estas misiones SEGA se ha buscado un problema de diseño que en esta versión en desarrollo aún no estaba solucionado. En Crazy Taxi buscamos emociones fuertes, así que no nos encajan los trayectos para ir de una misión a otra siguiendo un marcador. Recoger clientes por el camino no es una opción porque es probable que nos alejen del destino. Así que, como en un Forza Horizon, por las calles y las carreteras hay desafíos de derrape y de velocidad que sirven para entretener durante esos trayectos, pero esas pruebas están demasiado espaciadas entre sí y a veces conllevan seguir el camino principal, que lleva más tiempo que los atajos.
Una estética afeada por la potencia actual
Ojalá den con alguna fórmula para solucionar un problema que rompe con el ritmo de Crazy Taxi. Y si fuera posible, también con el otro aspecto que no nos termina de convencer. El juego original y su secuela ya combinaban lo cartoon con una estética relativamente realista, pero el realismo de las máquinas de principios de los 2000 no es el mismo que el de las consolas y ordenadores actuales. Por entonces, la mezcla funcionaba. Ahora, nos recuerda a ese capítulo de Los Simpsons en el que Homer se teletransporta al mundo real.

Con la salvedad de los trayectos hacia las misiones y la estética, lo que hemos jugado es, más o menos, lo que esperábamos y le pedíamos a una nueva entrega de la saga, que tendrá mucho más de lo presentado en Gamescom. No hablamos de más ciudades, coches y personajes, que también. Tendrá un modo historia en el que Axel viajará por todo el mundo para recuperar su taxi robado, y un multijugador online con varios modos que tendrá beta cerrada los días 11 y 12 de septiembre. Seguimos sin estar totalmente convencidos de la vuelta de Crazy Taxi, un hecho que ya de por sí es motivo de alegría, pero lo estamos más que antes de probarlo. Por eso, ponemos la mirada, con cierta ilusión, hacia 2027, cuando llegará a PC, Switch 2, PS5 y XBOX Series.
Hemos realizado estas impresiones tras jugar a una versión en desarrollo para PC en Gamescom.






















