Análisis Starship Troopers: Ultimate Bug War, un notable shooter retro para los amantes de la saga de ciencia ficción (PS5, PC, Xbox Series X, Switch 2)
En un momento en el que la nostalgia por los shooters de la vieja escuela se entrelaza con la proliferación de licencias clásicas adaptadas a los videojuegos modernos, llega Starship Troopers: Ultimate Bug War. Disponible para PS5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch 2 y PC, este título es un homenaje descarado y visceral a los primeros FPS de finales de los 90 y principios de los 2000, y un guiño innegable a aquellos que crecimos entre los píxeles de Aliens versus Predator 2 y Quake III Arena. Y sí, está siendo un éxito absoluto.
Pero, más allá de la nostalgia, el juego captura con notable precisión el espíritu de la saga Starship Troopers, aquella mezcla explosiva de acción desmedida y sátira social que Paul Verhoeven llevó a la pantalla en 1997 y que tiene sus raíces en la novela homónima de Robert A. Heinlein, publicada en 1959, y considerada como uno de los clásicos de la ciencia ficción y una obra tan influyente que sus ecos siguen siendo vigentes y palpables a día de hoy.
Para los no iniciados, la obra de Heinlein no es una simple aventura de ciencia ficción bélica; es un tratado sobre la disciplina militar, la ciudadanía y la responsabilidad civil, envuelto en un relato sobre la guerra contra los insectos gigantes de Klendathu. La película de Verhoeven, en cambio, tomó otro cambio y decidió reinterpretar este universo con una mirada irónica y afilada, burlándose del militarismo exacerbado y de la propaganda patriótica de la Federación. Criticada en su día, hoy es defendida como un clásico kitsch con identidad propia.
Ahora, tras el mediocre Starship Troopers: Extermination, Ultimate Bug War no sólo recoge el espíritu de la película, sino que lo lleva al plano interactivo, ofreciéndonos la posibilidad de sentir la adrenalina de la Infantería Móvil mientras aplastamos, literalmente, hordas de arácnidos. Y sí, en esta ocasión, ha salido mucho mejor.
Una historia sencilla pero eficaz: la odisea de Samantha Dietz en la lucha contra los arácnidos
El juego no se complica con tramas enrevesadas y, al igual que esos juegos de acción en primera persona de mediados y finales de los años noventa, nos lanza directamente al combate. Su narrativa es sencilla, directa y funciona como excusa para la acción constante, un aspecto que, llegados a un punto en el que los videojuegos atiborran de tutoriales y una sobreexplicación patente en diálogos e historias intrascendentes, agradecemos enormemente.
Nos ponemos en la piel de Samantha "Sammy" Dietz, una comandante de la Infantería Móvil que repasa sus primeros días como recluta hasta alcanzar la madurez militar. A su lado, el General Johnny Rico -sí, el Johnny Rico interpretado por Casper Van Dien, ahora veterano y con parche en el ojo- se convierte en un mentor que recuerda al jugador la magnitud de la guerra que libramos.
La historia nos lleva desde el centro de reclutamiento hasta los escenarios más peligrosos de Klendathu, el planeta natal de los insectos, donde los arácnidos no son meros obstáculos: son criaturas organizadas, inteligentes y con jerarquías que incluyen al Bicho Asesino y al Cerebro, dos enemigos capaces de cambiar el curso de la guerra. La trama, aunque secundaria, está salpicada de humor negro y sátira. Está mucho mejor tirada que la de Helldivers 2, pues las cinemáticas, interpretadas por actores y actrices reales, adoptan la forma de los clásicos anuncios propagandísticos de la Federación, un guiño directo al adoctrinamiento ficticio de la película original.
Esta metanarrativa, que nos recuerda muy vagamente los experimentos de Heinlein sobre la relación entre el individuo y el Estado -repetimos, hay alguna secuencia y spot muy bien hilvanado-, nos hace sentir parte de un universo autorreferencial que se ríe de sí mismo mientras nos arrastra a la acción sin contemplaciones.
Un shooter sencillo y visceral con alma retro
Seremos honestos: el verdadero núcleo de Ultimate Bug War reside en su jugabilidad. Estamos ante un shooter en primera persona clásico, donde la clave es la movilidad, la puntería y la gestión de recursos como la munición. Las misiones se desarrollan en mapas amplios, a menudo enrevesados y con distintas profundidades, que permiten cierto grado de libertad, aunque con objetivos lineales: limpiar zonas infestadas, proteger puntos estratégicos, recuperar materiales o eliminar nidos de arácnidos. No hay que complicarse demasiado.
El gunplay es sólido y satisfactorio, en la línea del exitoso Warhammer 40,000: Boltgun, también de Auroch Digital: el arsenal incluye desde el Morita y el Morita II, pasando por la escopeta de combate, lanzallamas, lanzamisiles y rifles de francotirador, hasta el M7 Razorback y el fusil de plasma. Cada arma tiene un peso, un ritmo y una cadencia que se perciben muy diferentes y auténticos y que, a la postre, permiten al jugador improvisar estrategias según la amenaza del momento.
Si estamos rodeados de los aracnoguerreros básicos, es mejor usar la potencia de fuego rápida y directa. Si hay bichos como los Centuriones o los Tanques, quizás sea mejor apostar por algo más contundente. Sea como sea, sensación de disparo es contundente y, aunque no alcanza el realismo de los FPS modernos, su enfoque arcade asegura que cada encuentro con los insectos sea emocionante y visceral.
Siguiendo con el tema de los enemigos, hay que destacar que estamos ante un plantel variado y que requiere diferentes enfoques en el combate. Por ejemplo, como hemos dicho, los guerreros comunes son fáciles de eliminar aunque atacan en gran número, pero los saltamontes voladores, los arqueros venenosos, los citados Centuriones y los Tanques presentan desafíos tácticos que obligan a combinar armas y estrategias.
Y ojo, hay alguna que otra sorpresa en esto de los enemigos a los que haremos frente en la aventura. La gestión de munición y vida añade tensión, y la posibilidad de solicitar paquetes de apoyo o activar ventajas especiales, como los bombardeos orbitales, lluvias de napalm, entre otros, refuerza esa sensación de estar en medio de una guerra interminable en la que estamos superados en casi cualquier situación.
Ultimate Bug War introduce un añadido entretenido: la posibilidad de controlar a los propios arácnidos en misiones específicas. Al manejar al Bicho Asesino, que puede adoptar tres formas distintas (normal, voladora y tanque), los jugadores experimentan la guerra desde una perspectiva única. Esta mecánica permite arrasar bases humanas, destruir generadores y nidos, y sembrar el caos. Si bien este modo puede resultar algo limitado, ofrece una experiencia variada y permite apreciar la dinámica de las hordas enemigas desde un ángulo diferente, enriqueciendo la experiencia de juego.
La dificultad es uno de los elementos más ajustados y cuidados de Ultimate Bug War. Al igual que los FPS clásicos, ofrece un desafío notable en sus modos más altos, pero sin ser frustrante para los recién llegados en el caso de los más bajos y accesibles. Cuatro niveles de dificultad nos reciben desde el primer momento, Recluta, Soldado, Veterana y Ciudadana, lo que nos permite adaptar la experiencia a nuestras exigencias. Las misiones pueden completarse en unas seis horas en dificultad normal, mientras que los secretos ocultos en los escenarios y los niveles de dificultad superiores incentivan la rejugabilidad. Eso sí, no esperéis demasiados alardes en este ámbito.
Diseño visual y sonoro: un viaje nostálgico que rinde un bonito homenaje al 3D primigenio
Auroch Digital ha tomado una decisión fascinante e inteligente al optar por una estética retro. Los gráficos evocan los primeros FPS de finales de los 90 y principios de los 2000, con modelados sencillos, pixelados y en 2D muy resultones. Utilizan texturas funcionales y animaciones deliberadamente simplificadas que recuerdan al icónico Alien vs. Predator de 1999 y a otros grandes clásicos de la época. Este estilo no solo evoca nostalgia -algo muy claro-, sino que también facilita la lectura de la acción en pantalla en los momentos más alocados, un aspecto crucial cuando nos enfrentamos a hordas implacables de insectos.
Los escenarios presentan ese toque retro, claro, pero que nos transporta a las primeras generaciones de consolas de 128 bits, al apostar por modelados en 3D algo más complejos, algo que contrasta al principio pero que encaja como un guante. Siguiendo con el plano técnico, hay que enfatizar que la banda sonora complementa la experiencia con acierto, con efectos contundentes de disparos, explosiones y rugidos de arácnidos, junto a un diseño de audio que evoca la tensión constante de las campañas militares de ciencia ficción clásicas. Si pensáis en la banda sonora de Basil Poledouris, tendréis temas muy parecidos aquí.
Conclusiones finales
Ultimate Bug War no es el primer juego de Starship Troopers, lógicamente, pero sí creemos que es el mejor en eso de lograr capturar con más fidelidad la esencia de la película original: una gran dosis acción directa, elementos como la violencia exagerada y un humor negro omnipresente. El resultado es un homenaje que se permite ser descarado y explícito, algo que nos ha encantado, y que encaja en la tradición de lo que Verhoeven hizo con su adaptación al celuloide.
Starship Troopers: Ultimate Bug War no pretende redefinir los shooters ni innovar radicalmente, pero cumple de manera notable con lo que promete: acción directa, hordas de insectos y un guiño constante a la obra original. La campaña principal es corta pero intensa, los modos adicionales aportan algo de variedad pero se quedan un tanto cortos y los secretos esconden pequeñas recompensas para los más curiosos, aunque saben a poco.
Se trata de un boomer shooter que celebra la esencia de los FPS clásicos mientras mantiene un pie en el siglo XXI. Una experiencia recomendada para veteranos del género y entusiastas de la saga, que combina nostalgia, acción desenfrenada y un respeto evidente por el legado cultural de Starship Troopers. No es el mejor shooter del género, y no llega a la excelencia de Boltgun, pero tampoco lo pretende.
*Hemos realizado este análisis gracias a un código proporcionado por Cosmocover.

NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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