Análisis Gothic 1 Remake: El juego que sentó las bases del RPG occidental vuelve con una versión renovada (PC, Xbox Series X, PS5)
Gothic 1 Remake pone las cartas sobre la mesa desde los primeros compases de la aventura que vivimos en la Colonia Penal del Valle de las Minas. Aquí nada es fácil, no hay concesiones de ningún tipo. Empezamos siendo un don nadie al que pocos toman en serio y progresamos poco a poco con el sudor de nuestra frente hasta convertirnos en un héroe respetado por la sociedad. Conseguir tal proeza no es una tarea sencilla. Nada más lejos de la realidad, el aquí conocido como Héroe Sin Nombre al que encarnamos y con el que nos abrimos paso por el oscuro mundo ha de demostrar que no es un tipo normal y corriente como todos los demás, sino un auténtico guerrero, primero a base de cumplir tareas simples y mundanas y luego de enfrentarse a retos titánicos con los que forjar su propia leyenda.
Su apuesta por ofrecer un estilo de juego duro, hardcore, sin mapas, guías, GPS ni ayudas de otro tipo refuerza la sensación de tener que empezar a construir el legado del héroe desde cero, toda vez que representa la esencia de la aventura original. No en vano, Gothic fue uno de los primeros RPG occidentales que estableció las bases que seguirían sus sucesores con el paso de los años.
Desarrollado originalmente por Piranha Bytes, el ahora difunto estudio fincado en Essen, Alemania, aspiró a crear una experiencia de juego diferente de todo lo que se había visto en la industria hasta ese momento, obteniendo un resultado sobresaliente que con el tiempo construyó una sólida comunidad de aficionados afines a su peculiar mecánica.
Su tono lúgubre y oscuro se construye sobre una base de tonalidades ocres y grisácea con la que se transmite una impresión decadente y opresiva. Los que hayáis leído cualquier obra del género grimdark, como Joe Abercrombie (La Primera Ley) o George R. R. Martin (Juego de Tronos), podréis identificar sin problemas los paralelismos entre la fantasía moderna y la que propuso el estudio alemán hace más de dos décadas. Estos rasgos de identidad, poco frecuentes en aquella época, también se han convertido en un aspecto presente en videojuegos en los que la ambientación tiene una importancia crucial a la hora de transportar al jugador a un mundo inhóspito, en el que hay que trabajar para ganarse el pan y esforzarse para mejorar defectos y potenciar virtudes.
Un remake fiel al original
Todos estos elementos que atribuimos al Gothic original son los que el estudio barcelonés Alkimia Interactive, formado por expertos de la franquicia, ha empleado como cimientos para desarrollar un remake que parte de una idea muy clara: respetar la esencia del original mejorando el aspecto gráfico y, dentro de lo posible, actualizando el juego a los tiempos que corren. Esta última y tan manida expresión, muy habitual en este tipo de proyectos, no tiene en este las mismas implicaciones que en otros casos similares. Aquí se respeta la premisa original, un planteamiento que no pone las cosas fáciles y que prescinde de las clásicas ayudas al jugador a las que sí estamos acostumbrados en obras más recientes.
Este es el primer concepto que salta a la vista al empezar a disfrutar del remake, así como uno de los puntos más importantes, si no el que más, que debemos tener en cuenta de cara a este análisis, y del que ya dimos buena cuenta en las primeras impresiones que ofrecimos cuando probamos por primera vez la aventura. Es capital porque define por completo la experiencia. La mecánica no dista de la de cualquier otro RPG al que hayamos jugado antes: controlamos a un personaje que parte de cero, un preso que ha sido arrojado a un entorno cerrado en el que conceptos como la humillación y la jerarquía son los pilares sobre los que se sostiene la trama. Esta se acota dentro de un sistema penal construido por la necesidad del rey del imperio para obtener minerales que le permitan ganar la guerra que libra contra sus archienemigos, los orcos.
Para evitar que estos puedan acceder a los recursos que extraen de allí los presos, se construye una barrera mágica que falla y desata el caos en la colonia. Los reclusos se convierten rápidamente en los mandamases que dictan las leyes y toman las decisiones importantes. Impera la ley del más fuerte, del más listo: en este microestado criminal en el que se convierte el Valle de las Minas, escenario principal de la obra, no somos un héroe elegido por la providencia para salvar al mundo de las garras de un malvado villano. Nuestro único objetivo es sobrevivir a cualquier precio. Para ello no tendremos más remedio que buscarnos la vida, tener cuidado con las decisiones que vamos tomando a la hora de establecer alianzas y respetar las leyes. Desafiarlas solo tiene un final: la muerte.
Tres facciones, varios destinos: un argumento apasionante
La trama de esta adaptación es la misma que la de Gothic Classic. En este sentido, encontramos novedades en el desarrollo de determinadas misiones secundarias y en los matices de las conversaciones que mantenemos con los habitantes del mundo. El nudo argumental gira en torno a tres facciones enemistadas y a conceptos económicos y religiosos. La facción del Campamento del Pantano cree ciegamente en que despertar al Durmiente traerá consigo su liberación; los rebeldes del Nuevo Campamento se centran en intentar destruir la barrera mágica que bloquea la salida, empleando la fuerza bruta antes que la fe; los del Viejo Campamento son afines a seguir las leyes que imperan en la sociedad tal y como la conocemos en la realidad, en la que la economía se ubica en el epicentro de sus preocupaciones y en la que la corrupción y las conspiraciones están a la orden del día.
Para poder ascender socialmente tendremos que ser cautos eligiendo qué facción es la que mejor nos sirve para sobrevivir. Sin embargo, para descubrirlo no queda más remedio que indagar un poco en cada una de ellas, conocer a sus protagonistas y profundizar en su filosofía de vida. Al hacerlo descubrimos el que sin duda es el aspecto más interesante de la aventura: el análisis que hace del ser humano cuando se enfrenta a unas condiciones como las aquí expuestas. No existe un único camino para la supervivencia, pero sí varios aspectos de los que difícilmente podemos huir, como el ser utilizados como una mera herramienta para cumplir ciertos objetivos. Aunque estos no se alineen necesariamente con los nuestros, a veces no queda más remedio que pasar por el aro. Todo esto nos lleva a descubrir un delicado sistema de afinidades, en un estudio sociológico fascinante que aquí se despliega, como en tantos otros casos, bajo la apariencia de una historia fantástica que, por suerte o por desgracia, guarda muchos paralelismos con el mundo en el que vivimos actualmente.
El rudimentario estilo original se mantiene, para bien o para mal
Del mismo modo que nos encanta que el argumento siga los derroteros del juego clásico ofreciendo algunos retoques aquí y allá, la mecánica ofrece un estilo de juego poco habitual en los tiempos que corren. La supervivencia es el objetivo. Empezamos en un mundo tremendamente hostil que nos odia y en el que cualquier error se castiga con dureza. En las primeras fases, el más simple de los enemigos puede llevarnos por el camino de la amargura, por lo que es más importante familiarizarnos con la progresión social que con el sistema habitual de obtención de experiencia por niveles. No decimos esto por un mero antojo, sino porque los primeros combates son brutales, terribles. El movimiento del protagonista es tosco, pesado y nos deja vendidos a las primeras de cambio. La sensación de que debemos mejorar lo antes posible para sobrevivir en inmediata, un concepto que esta adaptación hereda del juego clásico.
Avanzar en las facciones abre nuevas puertas para obtener mejores herramientas y acceder a nuevas zonas, misiones y, lo que es más importante, a nuevos maestros. Subir de nivel tiene un precio elevado. Se requiere de conocer a un maestro, tener dinero y contar con los puntos de aprendizaje necesarios para ello. La facción a la que pertenezcamos determina en gran medida la forma de poder afrontar la partida. Para poder hacer uso de la magia, por ejemplo, tendremos que pertenecer a un grupo en concreto. Pero no solo eso, sino que también será obligatorio encontrar runas y pergaminos, así como a los maestros adecuados. A la postre, su uso es tan efectivo como costoso, pero esto es algo que solo descubriremos tras pasar por el complejo proceso de lograr acceder a ella.
Sin concesiones
Todo lo que describimos será familiar para los acérrimos de la franquicia, pues como venimos diciendo, ese el camino que la desarrolladora ha decidido seguir en esta adaptación. Sin embargo, esto no significa en que no haya novedades en algunos apartados. Por ejemplo, los combates, pese a respetar la tosquedad del original, cuentan con nuevas animaciones, una IA algo más agresiva y, en general, nos ha parecido que el sistema de físicas está mucho mejor logrado y es ahora mucho más consistente. Algo parecido sucede con el sistema de progresión, que ahora se explica con más claridad, con costes menos disparatados que en el Gothic original, pese a que siguen siendo bastante duros. Esto entra en consonancia con las fases de exploración: el mundo que descubrimos es más dinámico y versátil, hay zonas ampliadas, más personajes secundarios, etc.
Todo es más de lo mismo pero mejor. Ahora podemos navegar por el inventario como muchas más facilidades, el sistema de guardado es más flexible e incluso descubrimos algún que otro tutorial que intenta guiarnos un poco para no perder el hilo de los acontecimientos. El lore se ha expandido con más datos sobre algunos conceptos relacionados con el trasfondo argumental de la barrera mágica y de la guerra con los orcos, por lo que la historia es más coherente y fácil de entender, aunque no nos interese especialmente la crítica social, sino saber el motivo por el cual ha fallado la barrera mágica, entre otras cosas. Esto se traduce en que, aunque conozcamos el juego original de cabo a rabo, encontraremos nuevas situaciones, escenas animadas y cinemáticas que justifican volver a descubrir la historia, siempre y cuando estemos dispuestos a pasar por los inconvenientes que comentamos en párrafos anteriores.
Un salto técnico muy atractivo, pero con carencias
Todas estas novedades están tapadas bajo el manto de un nuevo motor gráfico con el que cambia por completo la disposición técnica del juego. Alkimia Interactive ha apostado por Unreal Engine 5, un viejo conocido cuyas virtudes y defectos vuelven a hacer acto de aparición, ofreciendo una de cal y otra de arena en lo que a la dicotomía entre calidad y rendimiento se refiere. Con todo el tiempo que ha transcurrido no es de extrañar que el mundo luzca ahora un aspecto mucho más atractivo, con un juego lumínico que otorga vida propia a los entornos. Esto puede ser un arma de doble filo para algunos jugadores, ya que tenemos la impresión de que la iluminación se ha suavizado tanto que se ha perdido parte de la sensación opresiva del original, aunque no deja de ser una impresión muy subjetiva que quizás tenga más que ver con el salto generacional que con la construcción del mundo propiamente dicho.
Es una lástima que todo el trabajo que se ha realizado para dar mayor cohesión al mundo en el que transcurre la aventura se vea penalizado por los fallos habituales de rendimiento de UE5, en el que sufrimos caídas en la tasa de fotogramas, algunos movimientos antinaturales y un renderizado algo tosco en determinados escenarios. No es nada que no hayamos visto antes, pero no deja de tratarse de un aspecto que penalizará la experiencia de juego a ojos de los jugadores más exigentes en este sentido.
Conclusión
Gothic 1 Remake es una fiel representación del original en términos jugables, con una presentación que nos permite disfrutar de él adaptando el motor gráfico al mínimo aceptable en la actualidad. Que se haya respetado la esencia del clásico nos parece un acierto, aunque ello implique que siguen presentes tanto sus virtudes como sus defectos. Por ejemplo, la curva de dificultad es un elemento que a muchos les resultará un obstáculo infranqueable. El hecho de que los combates se hayan modificado lo justo y necesario para ser ahora un poco más dinámicos tampoco ayuda, ya que muchas de las taras de Gothic Classic siguen aquí presentes. Una cosa es respetar el espíritu del juego que se remoza y otra que haya aspectos que simplemente no convencen o que podrían haberse mejorado. Los errores habituales de Unreal Engine 5 vuelven a hacer acto de aparición, ofreciendo un rendimiento técnico inestable.
Independientemente de si somos más o menos afines a su concepto, lo que está claro es que el estudio barcelonés Alkimia Interactive muestra un enorme respeto hacia el producto original, lo que nos lleva a poder disfrutar de una experiencia muy fiel a él sin que se pierdan los matices que le dan ese punto de autenticidad que sigue manteniendo. No es una experiencia para todos los públicos, pero el que ande buscando descubrir la magia de Gothic o sumergirse en un RPG hardcore, sin ningún tipo de concesiones, tiene aquí la posibilidad de hacerlo con una experiencia que vale la pena recomendar a pesar de sus defectos.
Hemos analizado este juego en PS5 con un código de descarga proporcionado por Dead Good Media.

NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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