Análisis Agefield High: Rock the School, un clon de Bully que suspende en todas las asignaturas (PC, PS5)
Es una lástima que Rockstar Games tarde tanto en crear sus juegazos y esto reduzca mucho las opciones de ver un nuevo Bully. Lógicamente Grand Theft Auto es la prioridad de la compañía, y aunque hubo intentos por desarrollar un nuevo Canis Canem Edit -como se conoció al original en Europa-, por el momento todo ha quedado en agua de borrajas.
Pero eso no significa que los fans del título hayan olvidado por completo la aventura en Bullworth Academy, y muchos han intentado recuperar la experiencia con mods multijugador -de corta vida- o sucesores espirituales. Agefield High: Rock the School es precisamente esto último, un lanzamiento "orgullosamente indie" que busca darnos en 2026 ese escurridizo Bully 2 que no tenemos. Lo hace con buenas intenciones, aunque el resultado final probablemente te hará valorar todavía más la joya de Rockstar.
Un clon de Bully que debe repetir curso
No se puede negar al menos que Agefield High: Rock the School pretende apelar al espíritu gamberro del título de 2006 y el cine adolescente de los 90 y principios de los 2000, y la idea general la capta, de hecho esto es lo único salvable de esta aventura en Agefield High y los alrededores de este pequeño mundo abierto.
Somos Sam, un joven que encara la recta final del curso con su traslado a una nueva ciudad e instituto. Esto supone conocer nuevas caras, amigos, rivales, chicas... e inevitablemente, meterse en algunos líos con el chico más popular desde el primer día de clase. Ah, y estudiar un poco. Pronto, descubriremos el plan de algunos de estos colegas: dejar huella en el instituto o como se dice en uno de los diálogos, convertirse en "putas leyendas" vengándose de los deportistas, montando una fiesta y ligando todo lo que tenga falda para triunfar en el baile de promoción.
Vaya por delante que el humor de Agefield High: Rock the School no es para todos los paladares, y es que sus referentes son American Pie, las travesuras escolares y todos los tópicos imaginables en personajes unidimensionales de este tipo de producciones, temas que para muchos jugadores sonarán ofensivos, anticuados y poco elegantes. Es justo lo que buscan los desarrolladores -autores del también desastroso Greyhill Incident-, por eso creemos que es el único apartado donde consigue lo que se propone, y no negaremos que en algún momento muy puntual puede sacarnos una sonrisa. Al César lo que es del César.
Es una lástima que todo lo demás se caiga por su propio peso, en ocasiones por problemas técnicos -eventos que no se activan, un rendimiento malo para los gráficos que muestra, clipping con algunos NPC...- pero también por control y diseño de gameplay completamente amateur. Una cosa es que se inspire en juegos de 20 años y otra que en ocasiones sufra más fallos o limitaciones que aquellos títulos: imitar a Rockstar no es nada fácil y menos si se hace con un equipo inexperto, bajo presupuesto y nulo control de calidad.
Agefield High: Rock the School dispone de un sistema horario con sus aburridas clases para demostrar que controlamos asignaturas de lengua -ojo al alemán-, matemáticas, geografía y más. No es algo que esté relacionado con el progreso real del juego, y más pronto que tarde dejaremos de esforzarnos en estos pasatiempos de cultura que parecen extraídos de un periódico dominical. En la saga Persona al menos sueles tener clases donde sí te explican algo de la historia nipona que luego aplicas en sus exámenes.
Fuera del horario escolar tenemos las misiones principales y secundarias así como el mundo para explorar; si optas por la bicicleta al menos no se hace tan pesado recorrer distancias de este mapa completamente muerto. Estas misiones se activan en horarios concretos y son poco variadas, en la mayoría de ocasiones hay encargos de infiltración, secciones donde nos persiguen o seguimos a alguien, más las ocasionales peleas. Una recomendación a los desarrolladores, y no sólo a los estudios indies, es que si un juego no tiene buen sistema de sigilo -movimientos, inteligencia artificial, etc.- es preferible evitar este gameplay que mal hecho, resta.
Tomemos por ejemplo la misión que nos pide robar las bragas de la novia del chico más popular del instituto a modo de trofeo. El desafío nos lleva a explorar un chalet con un personaje que patrulla la casa de manera automática: la propia interfaz de su cono de visión es muy confuso -se muestra incluso cuando estamos en diferentes pisos, y no tiene en cuenta los obstáculos como las paredes-, no hay una IA para jugar al gato y el ratón, ser descubierto activa el fin de la partida, y la gran mayoría de habitaciones permanecen cerradas, así que olvídate de investigar por tu cuenta o experimentar con escondites. Es de una simpleza que no daría la talla ni con juegos de los 90.
Y por supuesto tenemos los inevitables combates, sin apenas estrategia, que no mejoran mucho la situación. Los superamos machacando botones de puñetazos y patadas cuando el matón se acerca lo suficiente a nuestra distancia, y puedes ganar o perder una de estas refriegas, pero el resultado siempre nos dejará con la misma sensación: no es algo divertido. Nada de lo que ofrece Agefield High: Rock the School lo es, por mucho que trate de seguir los pasos del mítico Bully, y a veces parece que hay minijuegos o mecánicas incluidos por obligación más que por aportar algo.
En definitiva, es un sucedáneo y de los malos, que quiere hacer más de lo que puede. Ese es el gran error de esta aventura, que con una ambición más ajustada, centrándose en sus fortalezas y dejando a un lado lo que sencillamente no funciona, podría ser algo más entrañable.
Este mismo problema se puede aplicar al apartado visual y sonoro; lo razonable es que este juego luciese mejor que el juego para PS2 en que se basa, pero Rockstar supo dar un aspecto estilizado que aguanta bien el paso del tiempo. Agefield High: Rock the School en cambio nos recuerda más a los primeros lanzamientos de la generación PS360, con algunos modelados pasables en los personajes principales acompañados de animaciones robóticas -y puertas que se abren automáticamente a nuestro paso-, primeros planos con miradas perdidas, expresividad nula, entornos vacíos, iluminación de hace dos décadas... Más le habría valido apuntar bajo y escoger una dirección de arte menos realista que ocultase mejor sus muchas carencias.
Conclusiones
Nos habría encantado decir que este es un buen aperitivo en espera de un hipotético Bully 2, o que al menos sirviese de divertido homenaje a la historia de Jimmy Hopkins. En los últimos años hemos visto secuelas espirituales de muchos clásicos, unos más divertidos que otros, y se echa de menos que alguien se tome en serio la posibilidad de rescatar esta licencia. Pero no así.
Agefield High: Rock the School no es más que una triste imitación que se hace incómoda de jugar, sin ideas propias o un valor más que el de recordarnos lo difícil que es igualar a los grandes juegos por mucho que mejoren las tecnologías y herramientas. No tiene suficiente humor de sal gorda para hacernos obviar sus numerosos y graves fallos, en todos y cada uno de sus apartados.
Hemos realizado este análisis gracias a un código proporcionado por Refugium Games.

NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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