Vuelve Daredevil. Y lo hace rindiendo tributo a alguna de las mejores etapas del personaje jamás escritas. El vigilante de la Cocina del Infierno regresa a una Nueva York sometida y casi irreconocible, en la segunda temporada de Daredevil: Born Again, la producción de Disney+ enmarcada dentro del colosal Universo Cinematográfico de Marvel y que se presenta ante nuestros ojos como un relato de resistencia urbana en estado puro. Más profunda, compleja y ambiciosa que nunca, en Vandal hemos podido ver la temporada en adelanto gracias a Disney y os contamos sin spoilers qué nos ha parecido.
‘Daredevil: Born Again’ Temporada 2 en Disney+: espectacular, violenta y peligrosamente caótica
Daredevil: Born Again, en su segunda temporada, es una serie bastante más ambiciosa y más perfilada que en su primera tanda de capítulos para Disney+, pero, al mismo tiempo, creemos que se dispersa un poco más. Sí, suena a contradicción, pero la ficción marvelita da esa extraña sensación de querer contar mucho en muy poco tiempo, y aunque a veces esta cuadratura del círculo nos regala momentos brillantes -es, a todas luces, una de las series mejor escritas, dirigidas e interpretadas de Marvel-, otras tantas, muy pocas para ser honestos, acaba estrellándose contra el pavimento neoyorquino. Es lo de menos y no empañan para nada el resultado global.
Una Nueva York que, por cierto, se bate entre en un delicado equilibrio entre el crimen y la justicia que está completamente retorcido, con la ciudad está dominada por la figura omnipresente de Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio), ahora alcalde y arquitecto de una urbe que ha dejado de pertenecer a sus ciudadanos. Bajo su mandato, Nueva York experimenta una transformación inquietante, con leyes diseñadas para erradicar a los vigilantes y un aparato represivo que persigue a Daredevil (Charlie Cox) como enemigo público número uno.
La premisa es tan sencilla como poderosa: Fisk ha ganado. Y cuando Kingpin gana, lo hace a lo grande. Seis meses después de su ascenso político, su control sobre la ciudad es absoluto, casi totalitario, mientras una resistencia comienza a germinar en las sombras. En este contexto, Matt Murdock regresa, pero no como el héroe clásico que conocíamos. Su regreso es más bien el de un hombre roto, obligado a decidir si aún cree en la justicia o si debe abrazar definitivamente la violencia de la que tanto ha huido -y que tantas desgracias le ha traído a su vida- para salvar su ciudad.
Bajo la máscara con cuernos, Daredevil ya no es solo un vigilante: es el símbolo de una rebelión. La serie, creada por Dario Scardapane, Chris Ord y Matt Corman, articula su discurso alrededor de tres ideas claras: “Resistid. Rebelaos. Reconstruid”. Estas ideas motrices funcionan tanto como lema narrativo como declaración de intenciones, ya que esta temporada, que también tiene grandes secuencias de acción -un excelente Wilson Bethel como Benjamin Poindexter/Bullseye, de una forma u otra, las protagoniza casi todas-, busca apelar a la rebelión ciudadana contra un régimen opresor.
Es decir, Daredevil: Born Again en estos nuevos episodios, no trata únicamente de golpes, persecuciones o enfrentamientos espectaculares; versa de recuperar una ciudad secuestrada por el poder político y la manipulación mediática -algo de rabiosa actualidad en Estados Unidos, desgraciadamente-. Lo bueno es que, contra todo pronóstico, Matt no lucha solo: a su alrededor se forma una red de aliados dispuestos a plantar cara al sistema de Fisk, desde viejos conocidos hasta nuevas incorporaciones como Jessica Jones (Krysten Ritter), que refuerzan esa sensación de universo compartido en expansión.
La serie, pese a esa historia un tanto errática, brilla cuando va más allá de lo físico. La guerra entre Daredevil y Kingpin es ideológica, de puro relato. Fisk representa el orden impuesto, la seguridad a costa de la libertad; Matt, en cambio, lucha por la justicia y la libertad.
Esta temporada, pese a sus fallos, es mucho más emocionante y conmovedora de lo que cabría esperar, y siguiendo con algunas de las etapas más brillantes del héroe marvelita -Brian Michael Bendis es consultor de la producción, y se nota-, apuesta por una acertada exploración de la resistencia, la rebelión y la reconstrucción en un mundo donde el poder parece haberlo ganado todo, encarna el caos necesario para devolver el equilibrio. Es esta lucha por el alma de Nueva York, donde cada decisión tiene un peso moral devastador, lo que la hace realmente entretenida y potente.















