La aprobación de la nueva normativa de bienestar animal supuso un hito en el marco legal español al reconocer a las mascotas como miembros de la unidad familiar. Esta declaración, en teoría, acerca a perros, gatos y otros animales de compañía a una categoría afectiva y jurídica más cercana a la de las personas.
Sin embargo, esta evolución normativa no siempre se traduce en la práctica cotidiana, especialmente en espacios donde la teoría legal se encuentra con la práctica más estricta, como el ámbito sanitario y, en particular, las farmacias.
Un farmacéutico ha puesto de manifiesto esta disonancia a través de un vídeo en redes sociales, donde expone las contradicciones que, según él, afectan tanto a profesionales como a propietarios de animales. Su reflexión parte de una idea sencilla: la ley ha cambiado el lenguaje, pero no siempre las estructuras que deberían acompañarlo.
Ya está en vigor una nueva ley que prohíbe la entrada de perros, incluso si son miembros de la familia, en las farmacias
Uno de los puntos más delicados es el acceso de las mascotas a las farmacias. La Ley 7/2023 de bienestar animal reconoce a los animales como parte del entorno familiar, pero diversas normativas locales o sanitarias siguen restringiendo su entrada a ciertos establecimientos. El farmacéutico plantea una comparación provocadora para ilustrar la incoherencia del sistema: “¿Te imaginas dejar a tu abuela en la calle para comprar un ibuprofeno?”.
Más allá de la ironía, el profesional insiste en que su farmacia adopta una interpretación más flexible y empática de la norma, en línea con el espíritu de la ley. En su caso, afirma que no considera excluir a los animales de compañía, precisamente porque la legislación los sitúa dentro del núcleo familiar.
El segundo problema importante surge en el ámbito de los tratamientos veterinarios. Si bien la normativa exige receta emitida por un veterinario, la realidad del canal farmacéutico no siempre se ajusta a esta exigencia. La disponibilidad de medicamentos es irregular y, en muchos casos, insuficiente, lo que dificulta que los dueños cumplan con las obligaciones de cuidado que la propia ley les impone.
A esto se suma una contradicción fiscal. Mientras que el discurso legislativo eleva el estatus del animal dentro de la familia, el tratamiento impositivo de sus medicamentos no sigue la misma lógica. Como bien resume el farmacéutico: “Tu animal es de tu familia, sí, pero sus medicamentos tienen el IVA normalizado y los tuyos reducido”.
En conjunto, el diagnóstico apunta a una misma conclusión: el sistema aún no se ha adaptado completamente a su propia evolución normativa. La ley ha avanzado en el plano simbólico y conceptual, pero los mecanismos sanitarios, logísticos y fiscales siguen funcionando a un ritmo diferente. Como resultado, existe una brecha evidente entre lo que se legisla y lo que se puede aplicar en la práctica diaria. En ese espacio intermedio, tanto profesionales como ciudadanos se ven obligados a navegar un marco que, aunque ha cambiado de lenguaje, todavía no ha terminado de cambiar de realidad.















