Bajo el pavimento del centro de Fano, Italia, una obra casi imaginada durante siglos fue casi un ejercicio de imaginación académica acaba de saltar del texto a la zanja arqueológica: la basílica que Marco Vitruvio Pollione describió en De Architectura ha sido identificada en las excavaciones de Piazza Andrea Costa, en el marco de una intervención urbana. El Ministerio de Cultura italiano la presenta como el único edificio atribuible “con certeza” al arquitecto romano, y lo subraya con un dato que pesa mucho en arqueología: encaja con lo escrito y, además, encaja donde debía.
La identificación se apoya en una lectura clásica del subsuelo —cimentaciones, alineaciones, bases de columnas—, pero con un giro de guion: el trazado coincide con la planta rectangular y el peristilo que Vitruvio detalla, con ocho columnas en los lados largos y cuatro en los cortos. La confirmación, según la nota oficial, llegó tras un sondeo final que recuperó una columna de esquina clave, la pieza que faltaba para fijar orientación y perímetro del edificio entre dos plazas del casco urbano.
La escala que devuelve el edificio a la vida
También afloran cifras que ayudan a visualizar la escala: columnas de unos cinco pies romanos de diámetro (aprox. 147–150 cm) y una altura estimada en torno a 15 metros, adosadas a elementos portantes para sostener un nivel superior. El resultado no es solo “una basílica más”, sino una arquitectura pública de ambición notable para un enclave que en época romana fue Fanum Fortunae: un centro cívico pensado para ordenar vida política, comercio y justicia bajo una misma nave.
Más allá del impacto local, el hallazgo tiene un valor metodológico raro: convierte un tratado técnico —durante mucho tiempo manejado como manual, teoría o ideal— en un plano comprobable. Eso alimenta una pregunta con recorrido: cuánto de “normativo” y cuánto de “descriptivo” había en Vitruvio. Si este edificio calza tan bien con su relato, la obra gana peso como testimonio de práctica constructiva, no solo como brújula intelectual que, siglos después, inspiraría a Leonardo da Vinci y a medio Renacimiento.
Instituciones, relato y el siguiente paso
El componente político y patrimonial, inevitable en descubrimientos así, llegó en forma de declaraciones institucionales: el ministro Alessandro Giuli habló de un “antes y después” para la investigación, y las autoridades regionales y municipales insistieron en el potencial cultural y turístico de la pieza, con la vista puesta en la siguiente fase: documentar, conservar y decidir cómo se hace accesible sin destruir lo que precisamente la hace valiosa.















