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Un papiro egipcio de hace 3.300 años menciona a los gigantes de La Biblia y divide a la comunidad científica: 'Son los Nephilim'

El Papyrus Anastasi I suele describirse en la bibliografía como un texto escolar/satírico vinculado a la formación de escribas.
Un papiro egipcio de hace 3.300 años menciona a los gigantes de La Biblia y divide a la comunidad científica: 'Son los Nephilim'
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Actualizado: 11:01 3/2/2026

La historia se está moviendo estos días como un “hallazgo” casi milagroso: un papiro egipcio de hace unos 3.300 años —el Papyrus Anastasi I, conservado en el British Museum desde el siglo XIX— habría “reaparecido” y, de paso, respaldaría la existencia de gigantes bíblicos. El gancho es perfecto para redes… y muy discutible como evidencia histórica.

El documento forma parte de un conjunto de papiros asociados al nombre “Anastasi” y su presencia en el museo londinense está documentada desde 1839. Lo que ha cambiado es el foco mediático, impulsado en parte por lecturas interesadas desde organizaciones como Associates for Biblical Research, no la condición del objeto.

El origen del bulo y la frase que lo enciende

¿De dónde sale entonces la idea de los “gigantes”? De una frase atribuida al papiro que describe un paso estrecho “infestado” de shosu/shasu (un término egipcio para grupos nómadas del Levante) y añade que “algunos” medirían “cuatro o cinco codos” de altura. Esa formulación —cuatro o cinco cubits/codos— es la chispa del relato: si conviertes el codo egipcio “real” a centímetros, la cifra se dispara.

Para ser más literales y darle algo de contexto, el “codo” no es una regla milimétrica universal: incluso dentro de Egipto hubo variantes y el propio método de conversión depende de qué estándar uses. En estudios metrológicos modernos se suele situar el codo real egipcio en torno a ~52 cm (orden de magnitud), lo que llevaría 4 codos a ~2,1 m y 5 codos a ~2,6 m. Es decir: serían personas muy altas para la media antigua, pero no seres imposibles… y eso asumiendo que el texto pretendiera ser literal.

El contexto literario que cambia la lectura

El segundo freno, más importante: qué tipo de texto es. El Papyrus Anastasi I suele describirse en la bibliografía como un texto escolar/satírico vinculado a la formación de escribas (una pieza donde el “relato” puede usar exageración, caricatura y alarde retórico). En ese contexto, frases hiperbólicas sobre enemigos “feroces” y físicamente imponentes funcionan como recurso literario: elevan el peligro, justifican la hazaña o ridiculizan la incompetencia del narrador, según el pasaje.

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Incluso aceptando la literalidad, “cuatro o cinco codos” no obliga a imaginar una especie de humanos gigantes. Podría ser una forma de “decir grande” sin medir a nadie; una generalización sobre un grupo; una distorsión de copista; o una medida aplicada a otra cosa (por ejemplo, una lectura discutida de la unidad o del tramo corporal medido) que, traducida de forma demasiado directa, se convierte en “altura total”. Este tipo de ambigüedad es habitual cuando un texto antiguo llega al público filtrado por resúmenes virales.

Qué haría falta para hablar de evidencia histórica

Y, por último, está el listón de la prueba: para sostener “gigantes bíblicos reales” haría falta una convergencia de evidencias (restos óseos, contextos arqueológicos repetidos, dataciones, patrones poblacionales). Aquí lo que tenemos es, en el mejor de los casos, un pasaje aislado que habla de shasu muy altos en un texto de tradición escolar y con medidas que admiten lecturas distintas. Eso no convierte a los “Nefilim” en una realidad histórica: como mucho, muestra cómo la literatura (egipcia o bíblica) usa la talla y lo monstruoso como lenguaje de poder, miedo y frontera cultural.

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