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Un fotógrafo descubre una pared repleta de huellas de dinosaurios de hace 210 millones de años en Italia

El hallazgo se localiza en Valdidentro, entre Livigno y Bormio, y ha sido presentado incluso como un “regalo” de cara al foco internacional de Milano-Cortina 2026.
Un fotógrafo descubre una pared repleta de huellas de dinosaurios de hace 210 millones de años en Italia
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Actualizado: 14:01 4/1/2026

En las alturas del Parque Nacional del Stelvio, en los Alpes lombardos, un paseo de rutina para fotografiar fauna acabó abriendo una ventana a un paisaje de hace 210 millones de años. El naturalista Elio Della Ferrera estaba en la Valle di Fraele cuando reparó en algo raro en una pared casi vertical: marcas repetidas, profundas, con una geometría demasiado “animal” como para ser simple erosión. Fotografió el hallazgo, lo movió rápido y, tras las primeras comprobaciones, la noticia estalló: miles de huellas de dinosaurio han aparecido en un lugar que ni siquiera se alcanza por senderos convencionales.

Lo impactante no es solo el número, sino la escena que dibujan. Las icnitas —huellas, no huesos— están impresas en dolomía y forman “pistas” largas, de cientos de metros, con impresiones tan nítidas que en algunas se distinguen dedos y garras. Varias alcanzan tamaños de hasta unos 40 centímetros, una escala que, en términos narrativos, te obliga a imaginar animales pesados, constantes, pasando una y otra vez por el mismo terreno cuando aquello era barro y no roca inclinada.

La “valle” que cambia el mapa

Cristiano Dal Sasso, paleontólogo del Museo de Historia Natural de Milán, lo ha descrito sin rodeos: una auténtica “valle de los dinosaurios”, con potencial para colocarse como el mayor sitio de huellas de los Alpes y uno de los más ricos del mundo para ese periodo. El énfasis no es postureo: el valor de un yacimiento así está en la repetición, en la abundancia que permite separar el ruido del patrón y hablar de comportamientos, no solo de presencias puntuales. Dal Sasso incluso lo sitúa entre los grandes hitos de la paleontología italiana reciente, por detrás de contados hallazgos emblemáticos.

El tipo de dinosaurio que se perfila en las primeras lecturas también cuenta su propia historia: prosaurópodos del Triásico superior, herbívoros de cuello relativamente largo y cabeza pequeña, considerados antepasados de los grandes saurópodos jurásicos. Es decir, no estás viendo “el final de la película”, sino un capítulo temprano del linaje que después llenaría el imaginario popular con gigantes como el brontosaurio. Y el contexto ambiental que reconstruyen los expertos remata la imagen: llanuras de marea y orillas cálidas asociadas al antiguo océano Tetis, un escenario muy distinto del paisaje alpino actual.

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Cuando el suelo se convirtió en pared

La otra pregunta inevitable es por qué aparecen en paredes casi verticales, como si alguien hubiese pegado el suelo a un muro. Ahí entra la geología como guionista silenciosa: esas superficies no nacieron así, se levantaron y deformaron con el empuje que acabó elevando la cadena alpina. Lo que hoy es un “panel” inaccesible fue, en su origen, un piso transitable. Esa torsión del terreno es, paradójicamente, parte de la suerte del yacimiento: ha dejado huellas expuestas en lugares difíciles de pisar, y por tanto más protegidos del desgaste humano.

Ahora viene la fase menos vistosa y más decisiva: medir, mapear y entender. Como el enclave no es alcanzable por rutas normales, los investigadores hablan abiertamente de drones y teledetección para documentar el conjunto, pieza a pieza, sin destruirlo.

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