La guerra entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el empresario Elon Musk ha entrado en una fase explosiva. En un giro dramático de la que fuera una de las alianzas más influyentes del poder económico y político estadounidense, Trump ha sugerido públicamente la posibilidad de deportar al magnate sudafricano.
“Quizá tengamos que aplicarle el DOGE, el Departamento de Eficiencia Gubernamental. DOGE es el monstruo que podría darse la vuelta y devorar a Elon”, ironizó el presidente, reabriendo el debate sobre las subvenciones públicas que Musk recibe a través de Tesla, SpaceX y otras de sus compañías.
Lo que parecía un chiste se va tornando serio, según aclaró el presidente a unos periodistas
La amenaza, lanzada en tono burlón pero con intenciones claras, llega tras semanas de tensiones crecientes. Musk, desde su plataforma X (antigua Twitter), ha intensificado sus críticas contra la política fiscal de Trump, atacando duramente el aumento de la deuda pública y llamando a los congresistas republicanos a votar en contra de los presupuestos presidenciales. Trump, por su parte, respondió desde su red Truth Social con una frase lapidaria: “Sin subvenciones, Elon probablemente tendría que cerrar la tienda y volver a casa a Sudáfrica”.
Más allá del rifirrafe personal, el conflicto podría tener implicaciones económicas notables. SpaceX es hoy un actor clave en la exploración espacial estadounidense, con contratos millonarios junto a la NASA y el Departamento de Defensa. Tesla, aunque cada vez menos dependiente de ayudas públicas, ha recibido miles de millones en incentivos estatales para promover la movilidad eléctrica y la fabricación doméstica de baterías. Trump ha insinuado que se plantea suspender estas ayudas en su cruzada contra lo que denomina "economía subsidiada".
El choque entre ambos también simboliza el cisma dentro del propio ecosistema conservador y empresarial. Mientras Musk se ha posicionado como una figura tecnolibertaria crítica con los excesos del gasto público y el intervencionismo estatal, Trump defiende una agenda industrialista que prioriza el control gubernamental y la reducción del déficit, incluso a costa de enfrentarse con viejos aliados.
La ruptura parece ya irreversible: “Se acabaron los cohetes, los coches eléctricos... tendrá que volver a Sudáfrica”, sentenció Trump en su última intervención. "Lo miraré", ha asegurado Trump al ser interpelado directamente por la deportación en un breve encuentro con periodistas, horas después del mensaje en X.
Reporter: Are you going to deport Elon Musk?
Trump: We'll have to take a look. We might have to put DOGE on Elon. You know what DOGE is? The monster that might have to go back and eat Elon. Wouldn’t that be terrible? He gets a lot of subsidies. pic.twitter.com/6I0OAIv7Js
— Acyn (@Acyn) July 1, 2025
En este duelo entre el hombre más poderoso y el más rico del mundo, lo que está en juego va más allá del ego: es el futuro de las subvenciones tecnológicas, la cooperación público-privada en sectores estratégicos y la credibilidad institucional de EE. UU. en plena campaña electoral. La amenaza de deportación, aunque poco probable en términos legales —Musk es ciudadano estadounidense—, marca un nuevo capítulo en una confrontación que podría alterar profundamente el equilibrio entre Silicon Valley y Washington.















