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Una obra en Inglaterra destapa el 'tesoro' vikingo más extraño: la caca fósil humana más grande de la historia, 20 cm y 227 g

Hoy, el análisis de coprolitos se apoya en enfoques de varias líneas de evidencia como restos vegetales, microfósiles, lípidos, ADN antiguo o huevos de parásitos.
Una obra en Inglaterra destapa el 'tesoro' vikingo más extraño: la caca fósil humana más grande de la historia, 20 cm y 227 g
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Actualizado: 12:00 14/2/2026
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Una obra civil en York acabó destapando, literalmente, un trozo de vida cotidiana del siglo IX: en 1972, durante la excavación del solar donde iba a levantarse una sucursal de Lloyds Bank, en Inglaterra, el York Archaeological Trust recuperó un coprolito humano de tamaño descomunal. El apodo se lo ganó solo: “Lloyds Bank coprolite”, considerado el mayor excremento humano fosilizado completo del que se tiene constancia, con unos 20 centímetros de largo, 5 de ancho y alrededor de 227 gramos de peso.

La escena tiene algo de guion improbable, pero la explicación es muy prosaica: buena parte del subsuelo histórico de York permanece anegado y con poco oxígeno, una combinación que frena la descomposición y permite que materiales orgánicos —madera, cuero, tejidos y también desechos— sobrevivan siglos con una integridad que en suelos “normales” se perdería. En arqueología urbana, eso convierte la basura antigua en un archivo: no te cuenta lo que una élite quiso dejar escrito, sino lo que la gente comía, tiraba y sufría.

Una muestra biológica, no una broma

El coprolito, de hecho, no es una curiosidad de vitrina: es una muestra biológica. Los análisis divulgados en distintos trabajos y recopilaciones apuntan a una dieta rica en carne y pan (y probablemente cereal), y a una carga importante de parásitos intestinales, algo coherente con un contexto de saneamiento limitado, convivencia estrecha con animales y agua fácilmente contaminable. Dicho de otra forma: el “récord” importa menos que el diagnóstico social que arrastra.

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En paralelo, el hallazgo ayuda a entender por qué JORVIK Viking Centre es más que un museo con ambientación: su relato se construye a partir de excavaciones reales del área vikinga de Coppergate, donde el material orgánico preservado permite reconstruir dietas, oficios y entornos domésticos con un nivel de detalle poco habitual en yacimientos urbanos. En ese contexto, la “caca vikinga” funciona como una especie de atajo narrativo: una pieza rara que, sin embargo, habla de salud pública, alimentación y hábitos diarios.

Conservar residuos es conservar datos

Además, la pieza ha tenido una vida moderna movida: fue tan mediática que se convirtió en símbolo pop de la arqueología británica, y hasta protagonizó un episodio de conservación cuando sufrió daños y hubo que restaurarla. A veces parece chiste, pero es exactamente lo contrario: si se protege es porque esos residuos conservados son datos, y los datos —cuando son escasos— valen más que el pudor contemporáneo.

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