Viajar a Marte sigue siendo, por ahora, una quimera para la humanidad. A pesar de que las agencias espaciales de todo el mundo sueñan con pisar el planeta rojo, la realidad es que la distancia media de más de 179 millones de kilómetros y las limitaciones tecnológicas actuales convierten cualquier misión tripulada en un viaje prácticamente solo de ida.
Las únicas “visitas” que hemos hecho han sido a través de sondas y rovers, como los legendarios Viking o el más reciente Perseverance. Sin embargo, un acontecimiento reciente ha permitido, de manera insólita, poner precio a algo que parecía imposible de tasar: un kilogramo de Marte.
Ya se subastan trozos de Marte
La oportunidad llegó de la mano de Sotheby’s, una de las casas de subastas más prestigiosas del mundo, que el pasado mes de julio puso a la venta el fragmento NWA 16788, una roca de 24,5 kilos originaria de Marte. Dado que nadie ha traído material marciano de forma directa, su procedencia se explica por un fenómeno natural: un meteorito que, expulsado del planeta tras un impacto, viajó por el espacio hasta caer en noviembre de 2023 en el desierto de Níger. Para verificar su autenticidad, los expertos compararon su composición química con las muestras recogidas por la sonda Viking en 1976, confirmando así que se trataba de material genuinamente marciano.
La pieza partía con un precio inicial de dos millones de dólares, y los tasadores estimaban que alcanzaría entre esa cifra y el doble en la puja final. El resultado superó expectativas: un comprador anónimo ofreció 4,3 millones de dólares, cifra que con tasas y costes adicionales ascendió a unos 5,3 millones. Según la propia Sotheby’s, se trata del meteorito más caro jamás vendido, una distinción que combina rareza, peso histórico y el atractivo casi mítico de poseer un fragmento de otro planeta.
Más allá del récord, la venta ofrece un curioso cálculo: si dividimos el precio final entre el peso del meteorito, el kilogramo de Marte se valora en torno a 216.000 dólares, aproximadamente el doble del precio actual del kilo de oro en los mercados internacionales. Un dato que subraya no solo la rareza del material, sino también el valor simbólico que la humanidad otorga a lo que todavía está fuera de su alcance. No es su composición —hierro, magnesio, aluminio, calcio— lo que lo encarece, sino el hecho de haber viajado desde un mundo ajeno.
Este tipo de ventas no son meramente anecdóticas; forman parte de un mercado muy específico y altamente regulado. La compraventa de meteoritos involucra tanto a coleccionistas privados como a instituciones científicas.















