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Arqueólogos atónitos encuentran en África una extraña obra de ingeniería de hace 476.000 años que no debería existir

Los resultados nos obligan a replantearnos todo lo que creíamos saber sobre las capacidades de los primeros humanos.
Arqueólogos atónitos encuentran en África una extraña obra de ingeniería de hace 476.000 años que no debería existir
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Actualizado: 19:12 16/1/2026
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En Kalambo Falls, una cascada en la frontera entre Zambia y Tanzania, en África, un equipo internacional ha sacado a la luz algo poco habitual en yacimientos tan antiguos: dos grandes troncos trabajados y encajados entre sí como si fueran la base de una plataforma o parte de una construcción. No es “madera fosilizada” al azar: las superficies muestran cortes y retoques compatibles con herramientas de piedra, señal de una intervención deliberada.

La clave es la fecha. El conjunto se ha datado en torno a 476.000 años, muy por delante del origen de Homo sapiens, gracias a técnicas de luminiscencia aplicadas a los sedimentos que rodeaban la estructura (la madera es demasiado antigua para el carbono-14). En otras palabras: se ha podido estimar cuándo esos granos minerales estuvieron expuestos por última vez a la luz antes de quedar enterrados.

Planificación, estancia y tecnología invisible

El hallazgo importa por lo que implica sobre la vida cotidiana. Si esos homínidos dedicaron tiempo a tallar muescas, ajustar piezas y “fabricar” un soporte estable, no estaban solo de paso: sugiere estancias más largas en un entorno con agua permanente y recursos forestales, y una capacidad de planificación que suele reservarse, por costumbre, a etapas mucho más recientes.

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También corrige un sesgo clásico de la arqueología: la madera casi nunca llega hasta nosotros. Se pudre, desaparece y deja el protagonismo a la piedra. En Kalambo Falls ocurrió lo contrario: el sustrato encharcado actuó como cápsula del tiempo. Eso permite asomarse a un “mundo tecnológico” que probablemente fue más rico de lo que sugieren los utensilios líticos por sí solos.

Ensamblaje estructural y la gran pregunta

El artículo científico subraya que no se trata solo de usar ramas o fabricar utensilios: aquí hay ensamblaje estructural, con piezas pensadas para encajar. Hasta ahora, las pruebas más famosas del uso antiguo de madera solían asociarse a objetos (como lanzas), no a construcciones; por eso los autores lo presentan como un salto cualitativo en lo que podemos demostrar sobre el comportamiento técnico en el Pleistoceno.

Queda una pregunta abierta, casi inevitable: ¿quién lo construyó exactamente? El yacimiento es anterior a nuestra especie, así que obliga a repartir el mérito entre homínidos más antiguos y a revisar la idea de que la “ingeniería” (aunque sea en versión mínima, hecha de troncos y paciencia) nació tarde. Más que cambiar una fecha en el calendario, el hallazgo empuja a mirar la prehistoria con menos clichés: quizá no era una humanidad primitiva, sino una que ya sabía transformar su entorno con intención.

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