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China libera millones de peces en el desierto más hostil de Asia, convierte arena en mares gigantes y crea un océano artificial

En el noroeste de China en Xinjiang, tanques con sensores y biofiltros usan agua salino-alcalina para cambiar el entorno. En 2024 ya produjo 196.500 toneladas y popularizó los "mariscos del desierto".
China libera millones de peces en el desierto más hostil de Asia, convierte arena en mares gigantes y crea un océano artificial
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Actualizado: 17:00 16/1/2026
agua
china
construcción

China ha decidido llevar la acuicultura a un territorio donde, sobre el papel, no debía existir nada parecido al mar. El escenario elegido es el desierto de Taklamakán, en Xinjiang, uno de los entornos más extremos del continente asiático: calor abrasador, lluvias casi inexistentes y un suelo históricamente catalogado como inútil para la producción.

La clave del proyecto no está en “domar” el desierto, sino en aprovechar sus propias condiciones. Bajo las dunas se esconden bolsas de agua subterránea salino-alcalina con una composición cercana a la del océano. Combinadas con el agua de deshielo de las montañas Tianhan, estas reservas permiten recrear un entorno marino estable lejos de cualquier costa. Detrás de todo, no hay un milagro climático: hay ingeniería, sensores y control constante.

China liberó millones de peces en uno de los desiertos más hostiles de Asia y transformó arena en un océano artificial

El Taklamakán, a menudo descrito como el “mar muerto” de Asia Central, presenta temperaturas que superan los 50 °C durante el día y caen en picado por la noche, con menos de 100 mm de lluvia al año. Ese contexto, durante décadas sinónimo de vacío económico, es ahora la base de un sistema acuícola cerrado que funciona como un ecosistema artificial.

Peces criados en el desierto

Los tanques, algunos de hasta 10.000 metros cuadrados, están revestidos con membranas impermeables que aíslan el agua del suelo salino. Bombas, sistemas de aireación y biofiltros operan las 24 horas, vigilados por sensores que controlan salinidad, oxígeno y temperatura.

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Mientras fuera el aire quema, el agua se mantiene estable entre 20 °C y 30 °C gracias a regulación automatizada.

Más del 90 % del agua se recicla de forma continua. Los residuos se filtran, se sedimentan y regresan al circuito, haciendo viable la operación en una región donde cada gota cuenta. A este engranaje se suma una “biodiversidad invisible”: cientos de especies de microorganismos que descomponen desechos, neutralizan compuestos tóxicos y generan nutrientes naturales.

En China hay pasión por los llamados mariscos del desierto, criados en un lugar árido y remoto

El resultado es una tasa de supervivencia que roza el 99 %, muy por encima de la acuicultura tradicional en mar abierto. En pocos meses, peces y camarones alcanzan tamaño comercial en un entorno predecible y controlado.

Las cifras ya no son experimentales. Xinjiang produjo cerca de 200.000 toneladas de productos acuáticos en 2024, consolidándose como el mayor centro de acuicultura del noroeste de China. La inversión acumulada supera los 5.000 millones de dólares y ha impulsado una nueva etiqueta en los mercados: “mariscos del desierto”.

La ambición va más allá. El agua tratada de los tanques se reutiliza en ensayos agrícolas, incluido el cultivo de arroz tolerante a la sal en suelos antes considerados estériles. El proyecto cierra así un círculo: crear vida marina en el desierto, reciclar recursos y empujar los límites de lo que se creía posible en uno de los paisajes más hostiles del planeta.

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