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Ni golpes de calor ni caídas: este es el cóctel que podría estar costando la vida a miles de ancianos sin saberlo

La solución exige un enfoque integral que combine medicina más prudente, entornos domésticos seguros y programas de ejercicio adaptado.
Ni golpes de calor ni caídas: este es el cóctel que podría estar costando la vida a miles de ancianos sin saberlo
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Actualizado: 12:30 21/9/2025
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Las cifras son alarmantes: más de 41.000 personas mayores de 65 años murieron en 2023 en Estados Unidos por complicaciones derivadas de caídas, y la tasa de mortalidad se ha triplicado en tres décadas. El grupo de mayor riesgo son los mayores de 85 años, que pasaron de 92 muertes por cada 100.000 habitantes en 1990 a 339 en 2023. Lejos de ser una consecuencia inevitable del envejecimiento, expertos apuntan a que esta crisis revela fallos estructurales en la atención médica y en la forma en que se prescriben fármacos a la población anciana.

La medicalización como factor de riesgo

El epidemiólogo Thomas Farley señala un culpable claro: la medicalización excesiva. Los llamados fall risk increasing drugs (FRIDs) —benzodiacepinas, opioides, antidepresivos, gabapentina, ciertos medicamentos cardiacos y antihistamínicos clásicos— aumentan entre un 50 % y un 75 % el riesgo de caída en adultos mayores. Estos fármacos pueden provocar somnolencia, vértigos o debilidad muscular, efectos secundarios que en una persona frágil pueden convertirse en la antesala de una fractura o un traumatismo grave. “Estamos viendo el precio de décadas de sobreprescripción”, advierte Farley.

Más diagnósticos, más datos

Otros especialistas matizan el diagnóstico. Thomas Gill y Neil Alexander recuerdan que hoy se certifican las causas de muerte con mayor precisión que hace treinta años, lo que puede inflar las estadísticas. Además, la medicina moderna ha permitido que vivan más personas con enfermedades crónicas y discapacidades, generando una cohorte de mayores más frágiles. La paradoja es que, aunque la esperanza de vida aumenta, la resiliencia frente a eventos como una caída es menor, y el desenlace fatal se vuelve más probable.

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La “desprescripción” como estrategia

Ante este escenario, ha cobrado fuerza la estrategia de la “desprescripción”: revisar de forma activa los tratamientos para reducir o eliminar aquellos que incrementan el riesgo de caídas. Redes como la US Deprescribing Research Network promueven que los médicos discutan con sus pacientes alternativas como fisioterapia, ejercicios de equilibrio o terapia cognitivo-conductual para el insomnio, en lugar de recurrir automáticamente a ansiolíticos o hipnóticos. La lista Beers Criteria, referencia en geriatría, ya recomienda limitar el uso de estos fármacos en mayores.

Ejercicio para mantenerse de pie

La prevención no se limita a la farmacología. Investigadores de la Universidad de Tohoku en Japón han recuperado el Rei-ho, un entrenamiento inspirado en rituales samurái que combina sentarse, levantarse y caminar de forma controlada. Practicado cinco minutos al día, cuatro veces por semana, aumentó en un 25,9 % la fuerza de extensión de rodilla en adultos mayores en solo tres meses, un avance que podría reducir significativamente el riesgo de caídas. Este tipo de programas demuestra que pequeñas intervenciones pueden marcar grandes diferencias en la autonomía y calidad de vida de las personas mayores.

Un reto sanitario y social

El aumento de muertes por caídas no es una mera estadística: son historias de vidas truncadas, de familias que ven a un abuelo perder independencia tras una fractura de cadera y de sistemas sanitarios saturados por costes evitables. La verdadera meta no es solo añadir años a la vida, sino garantizar que esos años puedan vivirse de pie, con equilibrio y dignidad.

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