Mike Flanagan lleva años demostrando que, cuando se mete en el universo de Stephen King, no va a copiar la postal más conocida: va a buscar el nervio que sigue latiendo. Su próxima parada es Carrie para Prime Video, y el propio creador ya ha dejado caer por qué esta versión quiere diferenciarse de las adaptaciones previas: le interesa contar la violencia adolescente y el acoso como se viven ahora, con el ecosistema digital como amplificador.
La premisa no cambia —una chica aplastada por el entorno y empujada al límite—, pero sí el “cómo” se construye esa presión. Flanagan ha explicado que ve margen para una modernización real “más allá de mover la historia de década”, precisamente porque el bullying contemporáneo no se queda en el pasillo del instituto: se cuela en casa, se reproduce, se comenta y se archiva.
Un instituto con cámaras, móviles y memoria
Ahí aparece la idea que mejor delata el enfoque: “Carrie White con redes sociales” y una imagen muy concreta, la de Carrie atravesando un detector de metales en su primer día de instituto. No es un detalle decorativo: sugiere una cultura escolar marcada por el miedo, la vigilancia y la normalización de medidas de seguridad que cambian el clima emocional del lugar. Y también reescribe escenas “icónicas” —como la del vestuario— cuando todo el mundo tiene un móvil en la mano.
La serie, además, llega con una sombra larga detrás: la adaptación de 1976 dirigida por Brian De Palma, que el propio Flanagan ha calificado de “perfecta”. Eso no significa que vaya a clonar su lenguaje, sino que parece asumir que competir con aquel clásico no tiene sentido… así que la estrategia es otra: usar los ingredientes reconocibles para hablar de lo que hoy hace que el acoso sea más persistente, más público y más difícil de apagar.
La tragedia en formato “feed”
El subtexto que se intuye es el de una tragedia “con notificaciones”: humillación convertida en contenido, agresiones que ganan tracción, castigos sociales que ya no dependen del grupo físico sino de la audiencia. En ese marco, la telequinesis deja de ser solo el elemento fantástico y se convierte en una respuesta extrema a un entorno que no desconecta, un relato sobre exposición y crueldad sostenida en bucle.
Si le sale bien, la apuesta de Flanagan no será “otra Carrie”, sino una lectura del mismo miedo con herramientas actuales: el instituto como escenario y, al mismo tiempo, como plataforma; el rumor como algoritmo; la vergüenza como archivo.















