Hay películas que se convierten en fenómeno cultural y, con el paso del tiempo, en termómetro moral. A Margot Robbie le ocurre con El lobo de Wall Street, la exuberante sátira financiera que Martin Scorsese dirigió en 2013 y que la lanzó definitivamente al estrellato junto a Leonardo DiCaprio. Ahora, mientras presenta en cines su nueva versión de Cumbres borrascosas junto a Jacob Elordi, la actriz australiana ha sido meridianamente clara: quienes idolatran aquella película han entendido justo lo contrario de lo que propone.
Margot Robbie (35), tajante: “Idolatrar ‘El lobo de Wall Street’ es una ‘red flag’ de manual”
La afirmación surgió en la BBC, durante su visita al programa All Day Breakfast with Greg James. Una oyente lanzó una idea que no tardó en hacerse viral: “Cualquier hombre obsesionado con ‘El lobo de Wall Street’ es una gigantesca ‘red flag’”. Robbie no solo no matizó la frase, que es bastante común en estos días, más bien la respaldó. El término de red flag, ya asentado en la cultura digital, alude a una señal inequívoca de alarma en una relación o en una actitud vital.
Pero en este caso, conviene recordar el contexto. Antes de Scorsese, Robbie había dejado huella en la longeva serie australiana Neighbours, había participado en la elegante pero malparada Pan Am y se había dejado ver en la comedia romántica Una cuestión de tiempo. Pero fue encarnando a Naomi Lapaglia, la segunda esposa del broker Jordan Belfort, cuando su nombre saltó a la primera división de Hollywood.
La película, nominada a cinco premios Oscar, narra el ascenso y caída del corredor de bolsa convertido en símbolo de la avaricia desatada. Y ahí reside, según la actriz, el equívoco. Robbie recordó el caso de un antiguo compañero de piso que escuchaba el incendiario discurso motivacional de Belfort camino del trabajo en el sector financiero. “Creo que no has entendido la película”, le decía ella. La sátira de Scorsese no es un manual de autoayuda para tiburones bursátiles, sino un retrato feroz de la corrupción moral y el vacío.
"He conocido a muchos hombres que han sacado la conclusión equivocada", admitió la oyente en antena. Robbie zanjó la cuestión con complicidad: "No estás equivocada". La fascinación acrítica por el exceso —dinero, drogas, poder— revela más sobre el espectador que sobre la obra.
Paradójicamente, aquel filme que no ganó ninguna de sus cinco estatuillas abrió a Robbie el camino hacia reconocimientos posteriores: su primera nominación llegó con Yo, Tonya; después repetiría con El escándalo y, como productora y protagonista, con Barbie. Un itinerario que confirma que, a veces, el verdadero triunfo no está en idolatrar el exceso, sino en comprender la ironía.















