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La NASA capta desde el espacio una extraña estructura con forma de ojo de 50 kilómetros en el Sahara que parece artificial

Visto desde órbita parece una anomalía imposible, pero en realidad es una demostración descomunal de cómo el calor interno del planeta, las intrusiones magmáticas, el levantamiento del terreno y millones de años de erosión pueden fabricar una de las imágenes más extrañas.
La NASA capta desde el espacio una extraña estructura con forma de ojo de 50 kilómetros en el Sahara que parece artificial
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Actualizado: 11:00 9/5/2026
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Desde el espacio parece una cicatriz imposible o el diseño de una civilización perdida, pero el llamado Ojo del Sáhara no tiene nada de artificial. La Estructura de Richat, situada en Mauritania, vuelve a circular con fuerza después de que la NASA la destacara en nuevas imágenes de 2026, donde se aprecia como un gigantesco “ojo de buey” trazado en mitad del desierto. Su aspecto engaña: no es una huella extraterrestre ni un cráter de impacto, sino una de las formaciones geológicas más llamativas del planeta.

Parte de su magnetismo nace de algo muy simple: las cifras cambian según la referencia, pero sigue siendo enorme. La NASA la ha descrito en distintos momentos con unos 40 kilómetros, 45 kilómetros o casi 50 kilómetros de diámetro, una variación que depende del perímetro exacto que se tome para medir sus anillos externos. En cualquier caso, es tan grande y tan reconocible que durante décadas ha servido a los astronautas como punto de referencia visual cuando sobrevuelan el Sahara.

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Una estructura enorme que no llegó del cielo

Durante mucho tiempo se pensó que aquella forma casi perfecta podía ser el resultado de un meteorito, sobre todo porque las estructuras circulares suelen disparar ese tipo de hipótesis. Pero la geología fue desmontando esa idea poco a poco. La propia NASA y revisiones recientes coinciden en que no hay señales típicas de impacto, como minerales deformados por choque o evidencias claras de fusión violenta, algo que ha ido apartando definitivamente la lectura cósmica del fenómeno.

La explicación más aceptada hoy es bastante más terrestre, aunque no menos fascinante. Un estudio de 2024 en Lithos sostiene que la Richat es el resultado de una historia geológica en varias fases: primero se intruyeron cuerpos de gabro hace entre unos 230 y 200 millones de años, vinculados al gran episodio magmático del Atlántico central; mucho después, una intrusión alcalina elevó localmente el terreno y generó un abombamiento circular de unos 40 kilómetros. Luego llegó el trabajo paciente de la erosión, que fue retirando material y dejando al descubierto ese dibujo concéntrico que hoy parece diseñado con compás.

El dibujo concéntrico de la erosión

Eso explica también por qué los científicos la consideran una especie de laboratorio natural. En sus anillos aparecen rocas sedimentarias e ígneas con resistencias distintas al desgaste, de modo que el viento y el agua han ido marcando relieves alternos como si fueran capas de una cebolla mineral. La NASA resume esa lógica con una idea muy gráfica: en este tipo de estructura, las rocas del centro son más antiguas que las de los anillos exteriores, un detalle clave para entender que no estamos viendo una marca llegada del cielo, sino un relieve abierto desde dentro por la historia profunda de la corteza terrestre.

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