Los gatos son animales muy especiales. Tenerlos como mascotas ayudan a que nuestro día a día sea mucho mejor, con una serie de beneficios para nuestra salud. De hecho, ¿es cierto que existen razones para que lleguemos a perdonar a nuestro gato prácticamente cualquier comportamiento inapropiado con tan solo observarlo? Según el veterinario Carlos Gutiérrez, la explicación no es sencilla, sino que se fundamenta en una compleja interacción de factores biológicos, psicológicos y evolutivos que confieren a los felinos domésticos un atractivo singular para los seres humanos.
Los veterinarios lo confirman: quienes tienen gatos tienen hasta un 30% menos de probabilidad de infarto
En palabras del experto en un vídeo publicado en YouTube, la cercanía con los gatos favorece la liberación de oxitocina, conocida como la “hormona del amor”. Este proceso refuerza el vínculo afectivo y activa en nosotros comportamientos de cuidado y protección hacia ellos.
Además, la investigación científica ha descubierto un fenómeno fascinante. Si bien convivir con gatos ayuda a reducir el estrés a largo plazo, su comportamiento impredecible genera pequeñas dosis de alerta que nos mantienen mentalmente activos y atentos. Esta combinación de calma y estimulación crea un efecto único: nos sentimos relajados, pero a la vez pendientes de sus demandas de cariño o comida, lo que fortalece de forma natural el vínculo con ellos.
El veterinario explica que una de las razones por las que los gatos crean un fuerte lazo emocional con nosotros es el refuerzo intermitente. Su naturaleza independiente hace que no siempre respondan a nuestras llamadas ni busquen nuestro contacto cuando lo esperamos. Esta falta de previsibilidad hace que, cuando finalmente deciden acercarse o mostrar afecto, nuestro cerebro lo perciba como una recompensa muy intensa. En ese momento, se libera dopamina, el neurotransmisor asociado al placer, generando una sensación similar a una pequeña “recompensa inesperada” que refuerza el vínculo.
"Los gatos son capaces de activar nuestro instinto de cuidado casi sin esfuerzo", señala Gutiérrez. Rasgos como los ojos grandes, las caras redondeadas o las proporciones corporales encajan con el llamado Kindchenschema, o “esquema del bebé”. Este mecanismo evolutivo despierta en los humanos una respuesta automática de ternura y protección, similar a la que sentimos hacia los bebés humanos. A esto se suma el ronroneo, cuya vibración relajante potencia aún más esa sensación de bienestar y apego. Más allá de lo emocional, convivir con un gato puede tener efectos positivos en la salud física. Diversos estudios han relacionado la convivencia con felinos con una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares.
Según el veterinario, "los propietarios de gatos pueden llegar a presentar hasta un 30% menos de riesgo de sufrir un infarto, en parte gracias a la reducción de la presión arterial asociada a su compañía". Aunque los perros también aportan beneficios, la relación con los gatos, más independiente pero constante, parece ofrecer un equilibrio particular para la gestión del estrés diario.
En definitiva, esta conexión no es casual ni “culpa” del dueño o del animal, sino el resultado de una adaptación evolutiva en la que ambas partes salen beneficiadas: los gatos aseguran cuidado y protección, y los humanos obtienen bienestar emocional. Por eso, como concluye el especialista, convivir con un gato puede entenderse como "una adicción saludable que, desde el punto de vista médico, resulta altamente recomendable".















