Era una especie de secreto a voces. El pasado martes 11 de noviembre, El País disipó definitivamente un rumor que llevaba meses recorriendo los pasillos de productoras, festivales y redacciones culturales: Javier Calvo y Javier Ambrossi habían puesto fin a su relación sentimental tras trece años juntos.
La noticia, claro, explotó en redes como cualquier ruptura mediática, pero lo verdaderamente interesante está en lo que deja entre líneas: ¿qué implica que una de las sociedades creativas más influyentes del audiovisual español contemporáneo se parta en dos?
Los Javis se separan, pero su imperio sigue firme: los 2,5 millones de ingresos y sus 60 empleados pesan más que cualquier ruptura
Para entender el alcance, conviene volver al origen. Calvo y Ambrossi no empezaron como marca, pero acabaron funcionando como tal. Se conocieron en 2010 a través de Facebook, aún jóvenes actores con una sensibilidad muy definida hacia el melodrama pop y las historias emotivas envueltas en humor.
Su conexión creativa tomó forma con La llamada (2013), un musical que nació casi por azar en el hall del Teatro Lara y terminó convertido en fenómeno cultural: cientos de funciones, cientos de miles de espectadores y una película que superó los dos millones y medio de euros en taquilla. Aquello dejó claro que habían tocado una fibra que mezclaba cultura popular, estética kitsch y reivindicación LGTBIQ+ sin perder frescura.
El salto al audiovisual fue la auténtica consagración. Paquita Salas nació como un juego entre amigos en 2016, pero pronto llamó la atención de Flooxer y, un año después, de Netflix. El fichaje de la plataforma les situó en primera línea: la segunda temporada multiplicó el presupuesto y convirtió a Paquita en una de las piedras angulares que ayudaron a Netflix a afianzarse en España. Era el primer aviso de que Los Javis no solo sabían contar historias: sabían leer el momento.
Esa intuición explotó con Veneno (2020), la miniserie sobre Cristina Ortiz que se convirtió en el contenido más visto de Atresplayer Premium, disparando suscripciones de 147.000 a 235.000 en un mes. Su estreno en abierto superó los dos millones y medio de espectadores y consolidó la reputación internacional del dúo.
En paralelo, construyeron un entramado empresarial cada vez más complejo. Tras Suma Latina llegó Suma Content en 2021, una compañía diseñada para abarcar ficción, documental y entretenimiento. Desde ahí impulsaron La Mesías, uno de sus proyectos más ambiciosos y premiados, y diversos formatos televisivos. Su estructura empresarial alcanza hoy alrededor de 2,5 millones de valoración, con activos cercanos a los 20 millones y más de 60 empleados. A todo eso se sumaba la imagen pública, cuidadosamente trabajada en espacios como Mask Singer, OT o la gala de los Goya.
Por eso la ruptura no es solo sentimental. También afecta a la identidad comercial de una marca construida sobre la idea de pareja creativa indivisible. Y, sin embargo, llevaba tiempo gestándose. En el Primavera Sound de 2025 ya dormían en habitaciones separadas; Ambrossi cerró su Instagram, Calvo dejó de publicar fotos en pareja. La confirmación pública llegó tras la aparición en solitario de Calvo en La Revuelta y, sobre todo, después de terminar el rodaje de su nueva película, La bola negra. Un timing demasiado preciso para no interpretarlo como estrategia.
Su empresa sigue en funcionamiento. Y, al menos profesionalmente, parece que ambos aún están dispuestos a seguir firmando juntos. Aunque ya no como pareja, sino como dos mitades que aún no han decidido si seguirán siendo un todo.















