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Los arquitectos lo tienen claro: 'El diseño de las ciudades está perjudicando nuestra salud física y mental, no hay microclimas'

La neuroarquitectura advierte de que el diseño de calles, barrios y edificios influye en el estrés, la salud y la calidad de vida de quienes los habitan.
Los arquitectos lo tienen claro: 'El diseño de las ciudades está perjudicando nuestra salud física y mental, no hay microclimas'
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Actualizado: 7:00 9/7/2026
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Durante décadas, las ciudades se han diseñado con un objetivo muy claro: favorecer el crecimiento económico, agilizar el tráfico y permitir que todo funcione con la máxima eficiencia. No es lo correcto. Ese modelo urbanístico podría estar teniendo un coste mucho mayor del que imaginamos. La arquitecta murciana Laura Ortín, una de las principales divulgadoras de la neuroarquitectura en España, sostiene que la forma en la que construimos calles, viviendas y oficinas influye directamente en el funcionamiento del cerebro y, en consecuencia, en nuestra salud física y mental.

Su planteamiento parte de una idea sencilla, pero respaldada por un número creciente de investigaciones científicas: el entorno construido no es un simple escenario donde transcurre nuestra vida, sino un elemento que condiciona nuestras emociones, nuestro comportamiento e incluso nuestras relaciones con los demás. Según explica, una vez que se conoce la evidencia científica sobre el efecto de la arquitectura en el sistema nervioso resulta imposible volver a mirar una ciudad con los mismos ojos.

Los arquitectos son unánimes: ’El diseño urbano está afectando negativamente nuestra salud física y mental, y la ausencia de microclimas es un factor importante’

La neuroarquitectura, aclara, no consiste en una moda relacionada con el diseño de interiores, sino en una disciplina que combina conocimientos de arquitectura, psicología y neurociencia para crear espacios capaces de mejorar el bienestar de quienes los habitan. El objetivo es proyectar viviendas, oficinas y ciudades que respondan tanto a las necesidades físicas como a las emocionales de las personas.

Desde esa perspectiva, Ortín es especialmente crítica con el urbanismo que ha predominado en las últimas décadas. "Las ciudades que hemos construido, pensadas para la productividad y los coches, afectan negativamente a nuestro bienestar físico y mental", afirma, defendiendo la necesidad de replantear el modelo actual.

Ciudad sin sombra

Las investigaciones que cita respaldan esa visión. Diversos estudios han comprobado que los pacientes hospitalizados se recuperan antes cuando desde la ventana pueden contemplar árboles o zonas verdes en lugar de un muro de hormigón. También se ha observado que la exposición a espacios naturales reduce los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés, favoreciendo un mayor equilibrio emocional.

Estas conclusiones invitan a cuestionar algunos de los rasgos habituales del urbanismo contemporáneo, con grandes avenidas dominadas por el tráfico, plazas completamente pavimentadas sin sombra y barrios donde prácticamente cualquier desplazamiento depende del automóvil.

Pero el problema, según la arquitecta, va más allá de la salud. También afecta a nuestra relación con el lugar donde vivimos. Ortín recurre al concepto de placelessness, una sensación de ausencia de identidad que aparece cuando las ciudades terminan pareciéndose unas a otras. Espacios intercambiables, sin historia ni elementos reconocibles, que dificultan crear vínculos emocionales con el entorno.

En su opinión, muchos barrios actuales están concebidos para consumir y desplazarse rápidamente, pero no para permanecer, encontrarse con otras personas o desarrollar un auténtico sentimiento de pertenencia. Como alternativa, defiende una arquitectura capaz de generar lo que denomina "microclimas emocionales": espacios donde la luz natural, la presencia de materiales como la madera o la cerámica, una buena acústica, la vegetación y unos recorridos intuitivos contribuyan a reducir el estrés y aumentar la sensación de bienestar.

Ese planteamiento también lo ha aplicado en su propio estudio de arquitectura en Murcia, diseñado para parecerse más a un hogar que a una oficina convencional. La abundancia de luz natural, el tratamiento acústico y una distribución abierta buscan favorecer la concentración, disminuir la fatiga mental y hacer más cómodas las relaciones entre quienes trabajan allí.

Para Ortín, la clave consiste en comprender que el cerebro recibe información del entorno de manera constante. No produce el mismo efecto caminar por una calle saturada de tráfico, ruido y estímulos visuales que hacerlo por un paseo arbolado con zonas de descanso y referencias claras para orientarse.

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En ciudades concebidas únicamente para ir de un punto a otro en el menor tiempo posible, el sistema nervioso permanece sometido a una sobreestimulación continua que puede traducirse en cansancio, irritabilidad y una menor capacidad para mantener la atención. Frente a ello, la neuroarquitectura propone recuperar una escala más humana, incorporar naturaleza al paisaje urbano, mejorar la calidad acústica y diseñar espacios donde las personas no solo puedan desplazarse, sino también sentirse identificadas con el lugar en el que viven.

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