Guillermo Toledo nunca ha sido un actor especialmente interesado en medir sus palabras. A lo largo de su carrera ha combinado trabajos muy populares con una marcada posición crítica, especialmente cuando habla de política, sociedad o de la propia industria audiovisual española. Su trayectoria también ha estado marcada por la polémica y por decisiones profesionales que le alejaron de convertirse en la estrella cinematográfica que muchos imaginaron en sus primeros años.
Uno de los actores que sí consiguió consolidarse como una de las grandes figuras del cine español fue Santiago Segura. Su carrera dio un giro radical en 1998 con Torrente, el brazo tonto de la ley, una película que terminó convirtiéndose en un fenómeno de taquilla y en el origen de una de las sagas más reconocibles del cine nacional. El personaje nació precisamente como una caricatura exagerada de determinados comportamientos y prejuicios, aunque con el paso de las entregas la discusión sobre dónde terminaba la sátira y dónde comenzaba la normalización de aquello que pretendía ridiculizar se hizo cada vez más evidente.
Toledo tiene una opinión muy clara al respecto y asegura que Segura "se enfada mucho cuando yo le digo que haría de un fascista feliz como Torrente, pero no en una película como Torrente. Tendría que ser el malo de la película, no el héroe. La exaltación del protagonista, que es un fascista, racista, homófobo, machista, un tipo realmente repugnante que reúne en sí mismo todo lo peor de la España más oscura, reaccionaria, retrógrada".
El actor considera especialmente problemática la manera en la que determinadas escenas pueden ser recibidas por el público: "Si tú tienes una secuencia en la que Torrente le tira una chuleta al suelo y aparecen tres negros y se tiran a pelearse por la chuleta. Hostia, no hay ninguna crítica. ¡Al revés! La gente se reía con eso, les parecía gracioso. Es peligrosísimo, no, peligrosísimo, porque el humor es un arma política muy poderosa".
Para Toledo, la clave está en utilizar la comedia como una herramienta capaz de provocar una segunda lectura: "tú tienes que aprovechar esa risa para que el público diga, hostia, ¿de qué cojones me estoy riendo?" Una reflexión que conecta con la tradición del humor satírico y con la necesidad, según su visión, de que la provocación no se quede únicamente en el impacto inicial. Ambos actores coincidieron por última vez en La reina de España, estrenada en 2016, aunque ya habían compartido reparto anteriormente en El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo, de 2004.
